La piratería de marcas, un deporte nacional
La última víctima es El Museo del Jamón, la cadena española
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- La firma planea expandirse a la Argentina, pero dos empresarios locales registraron el nombre como propio
- Otros casos involucran a marcas como Gucci, Gap, Lacoste y Marriott
Apropiarse de marcas reconocidas internacionalmente para desarrollar negocios en la Argentina se va convirtiendo, ya, en un deporte nacional. La lista de los últimas disputas es amplia, y acaba de sumarse un nuevo caso. El protagonista, esta vez, es El Museo del Jamón, tradicional establecimiento madrileño dedicado a la venta de embutidos y de comidas típicas de la gastronomía española. El Museo del Jamón es toda una institución culinaria en Madrid. Frecuentado por turistas y locales, está en el mercado desde hace 22 años, tiene una docena de sucursales y es propiedad de los hermanos Luis y Francisco Muñoz, que se proponen iniciar un programa de franquicias en el resto de España y en América del Sur, incluida la Argentina.
Pero sus propósitos chocan contra un escollo. Aquí ya existe desde hace dos años otro establecimiento similar, con el mismo nombre, la misma iconografía e idéntica propuesta. Ymás todavía, sus dueños, Gustavo Rodríguez y Horacio Orisberger, que registraron la marca también en Uruguay, Brasil y Paraguay, han comenzado a comercializar franquicias para abrir sucursales en todas las provincias, invocando una falsa representación de la casa central.
"Nos enteramos de que en su país están usando nuestra marca y nuestra imagen, pero no tienen nada que ver con nosotros. Hace un tiempo estuvieron por aquí, nos pidieron la patente y no se la dimos, pero ellos montaron el negocio de todos modos", se queja, por teléfono, desde su local de la Gran Vía, Luis Muñoz, el dueño verdadero. Indignado, y en plan de iniciar un reclamo judicial, Muñoz dice que los argentinos están dañando la imagen de su cadena: "Nos han dicho que los platos que sirven no tienen nada que ver con los nuestros, son de calidad inferior", sostiene.
La Nación se comunicó con Horacio Orisberger, uno de los propietarios del falso clon de El Museo del Jamón, que, tras invocar una franquicia, terminó por admitir que registró la marca, sin pagar ningún tipo de regalía por su explotación.
Orisberger y Rodríguez, reconocidos en el mundillo de los restaurantes porteños porque también comandan la cocina del tradicional restaurante del Club Español de Buenos Aires, ya han inaugurado una filial en Buzios, Brasil, están a un paso de largar otra en Córdoba y negocian más franquicias en Mendoza, Salta y Tucumán, según declaró esta semana Guillermo Mizraji, su representante legal, al diario cordobés Comercio y Justicia.
Los argentinos ofrecen franquicias invocando la representación de la casa española, por entre entre 150.000 y 500.000 dólares, según el formato por el que opten los interesados:puede ser un restaurante, una tasca o un corner, La herramienta que tienen en mano los hermanos Muñoz es una acción de nulidad de marca. Para ello podrán ampararse en el artículo 6 bis del Convenio de París, un acuerdo internacional para la protección de la propiedad industrial, que fue refrendado oportunamente por los parlamentos de la Argentina y España.
Según el abogado Santiago Ferrer, especialista en patentes, "si una marca es famosa y notoria, sus dueños pueden recurrir a la justicia civil y comercial para que se resguarden sus derechos de exclusividad". Ferrer, del estudio Ferrer Reyes, Tellechea &Bouché, sostiene que esos casos de piratería también están contemplados en el artículo 24 de la ley de Marcas y Designaciones.
Los textiles, muy afectos
El uso indebido de marcas es habitual en la indumentaria. Recientemente, por ejemplo, la casa italiana Stefanel y la francesa Christian Dior iniciaron demandas contra empresarios argentinos que habían comenzado a fabricar ropa con esos nombres, sin autorización. También a Gap, casa norteamericana, le han pirateado la marca en Buenos Aires.
Otros casos son el de Gucci, que interpuso un recurso para evitar que un comerciante local siguiera adelante con su plagio, y el de Lacoste, que logró que la firma local Modart cesara en el uso ilegal de su nombre.
Muy comentado en el ambiente fue lo que le ocurrió a Mango: la cadena española que llegó a la Argentina un año atrás se encontró con que su nombre fue popularizado entre los consumidores locales por un confeccionista textil, que lo adoptó como propio a mediados de la década del ochenta.
Volviendo al rubro alimentario, otro caso sonado fue el de La Vache qui Rit, tradicional fabricante de quesos de Francia, que demandó a un empresario argentino por lanzar la marca La Vaca que Ríe (su traducción al castellano), acompañado por el dibujo de un vacuno sonriente, al igual que el original francés.
También terminó en pelea la controversia por el uso de Hard Rock Cafe, cuando el local de comida rápidas se instaló en la Recoleta. Lo mismo le sucedió a la cadena Marriott después de que un empresario de Bariloche "tomo prestado su nombre".
El primer caso, en 1901
No es nuevo esto de apropiarse de una marca o de un logotipo ajeno para sacarle provecho sin permiso de su verdadero dueño.
En la Argentina el primer antecedente se remonta a 1901, cuando la fabricante de chocolates Aguila entabló una acción judicial contra la empresa Luzardi, que tomó sin autorización su logo para estamparlo en sus paquetes de café torrado.
Aquel caso, que terminó con la Corte Suprema fallando en favor de la empresa Aguila, se recuerda entre los abogados de marcas y patentes como un caso testigo en la prolífica secuencia de actos de piratería intelectual.
Otro caso famoso de registro pirata -aportado por el especialista Santiago Ferrer- conduce a 1974. Ese año, un argentino de apellido Rivarola tuvo la poco feliz ocurrencia de intentar el usufructo del popular perrito Snoopy. Rivarola inscribió como propia la marca Snoopy, pero fue enjuiciado por el United Feature Sindicate, bajo el cargo de infringir sus derechos intelectuales.
La presentación de recursos judiciales por esta causa se incrementó en nuestro país durante la década del 90, cuando las empresas extranjeras comenzaron a radicarse en la Argentina, tras la apertura económica.




