La Presidenta rechazó eliminar el encaje al ingreso de capitales
Lo reivindicó como una herramienta para evitar que el país "importe burbujas" financieras
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La presidenta Cristina Kirchner rechazó nuevamente ayer los pedidos que los agentes bursátiles le hicieron para reducir el encaje del 30% que se aplica al ingreso de capitales financieros desde 2005. La jefa del Estado reivindicó la utilidad de esa herramienta para evitar que el país "importe burbujas o volatilidades" que asustarían a los argentinos.
Lo hizo al clausurar la ceremonia con la que la Bolsa de Comercio porteña celebró su 156° aniversario y para responder el reclamo que, en este sentido, le había vuelto a realizar el presidente de esa institución, Adelmo Gabbi, para quien el encaje es una de las medidas que ayuda a que la Argentina "esté exportando su mercado". "Los volúmenes operados con los ADR de empresas argentinas en Estados Unidos son abismalmente mayores que los que se registran acá", recordó ayer, contrariado.
Ambos repitieron así un contrapunto que ya habían sostenido un año antes en términos muy similares.
La diferencia es que mientras entonces Gabbi pidió la eliminación lisa y llana del encaje, esta vez había intentado un camino intermedio, al llevarle a la Presidenta semanas atrás (cuando la visitó junto con el resto de las autoridades de la Bolsa para invitarla al acto de ayer) una propuesta para que queden exceptuados de esta carga las acciones de empresas locales y los bonos de la deuda pública que no coticen en plazas del exterior, para evitar arbitrajes que favorezcan la fuga de divisas. "Se la entregamos entonces", ratificó ayer ante una consulta de LA NACION.
Ayer la Presidenta actuó como si esta propuesta no hubiera existido, lo que parece indicar que la ha desechado. Aun así, para que su rechazo no sonara terminante ante una platea que la seguía con marcada frialdad (sólo cosechó un aplauso respetuoso cuando culminó su discurso), se pronunció dispuesta a analizar alternativas "siempre que sean consistentes", aunque lo hizo tras haber recomendado ir al "psiquiatra" a quienes piden "el levantamiento del encaje y a la vez se quejan por la fuga de capitales".
Esa fuerte definición la dio en el marco de otra férrea defensa de su gestión, a la que juzgó muy eficiente para "asegurar la rentabilidad a las empresas y el trabajo y la calidad de vida a los argentinos". De hecho, para mantener la sustentabilidad de este proceso, les reclamó a los empresarios (había representantes del agro, la banca, la industria, el comercio y la construcción) discutir "con los números en la mesa".
En la platea la escuchaban, por ejemplo, el presidente de la UIA, Héctor Méndez; el presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi; el presidente del Grupo IRSA, Eduardo Elzstain; el titular de la Cámara de Comercio, Carlos de la Vega; el principal ejecutivo del Grupo W, Adrián Whertein; el representante de los bancos extranjeros, Mario Vicens, y el ex jefe de sus pares locales -y principal dueño del Banco Galicia-, Eduardo Escasany, quien parece haber dejado atrás un período de ostracismo.
La referencia a las ganancias empresarias llegó en el momento de responder otra queja de Gabbi por la normativa que no permite el ajuste por inflación de los balances y obliga a algunas firmas "a pagar impuestos por ganancias ficticias".
Para contestar este reclamo, la Presidenta redobló su apuesta. "Estamos examinando con la AFIP sector por sector y vemos severas inconsistencias entre la facturación bruta y la rentabilidad declarada por algunas empresas", dijo, adelantando que se avanzará con mayores controles.
Otro contrapunto tuvo que ver con el nivel de apertura de la economía. Mientras para Gabbi las restricciones al capital financiero "nos hacen desaprovechar oportunidades", para Cristina Kirchner se pasa por alto que el país tiene niveles de apertura "inauditos en sectores clave".
Pese a las disidencias, la Presidenta reivindicó el rol de la Bolsa y reiteró que preferiría que la gente esté pensando "más en invertir en empresas que en el valor del dólar". Fue al momento de quejarse por "nuestra economía bimonetaria", un comentario que llevó a un operador a recordar que, según las declaraciones impositivas, "su familia tiene fuertes inversiones en empresas que no cotizan, es decir, no tienen balances públicos, y tiene notorias apuestas por el dólar", en alusión a la justificación que el ex presidente Néstor Kirchner hizo de la compra de casi US$ 2 millones que concretó a fines de 2008.
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