La “propiedad” de los espacios para estacionar
Los “trapitos” no son los únicos que “privatizan”, indebidamente en su favor, los espacios para estacionar
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Ignoremos los apellidos de los protagonistas, para no distraernos y poder concentrarnos en la sustancia de un tema que tomó estado público en los últimos días. Me refiero a la cuestión referida a de quién es la “propiedad” de los espacios de la vía pública aptos para el estacionamiento de autos. Cuestión que, por su naturaleza, tiene importancia estructuralmente creciente y coyunturalmente variable. Lo primero alude a que el stock de autos sigue aumentando; lo segundo, a que la demanda de estacionamiento frente a un templo católico no es igual los miércoles que los domingos.
Al respecto, conversé con el israelí Eitan Berglas (1934 - 1992), quien estudió en las universidades Hebrea de Jerusalén y de Chicago, y enseñó en la de Tel Aviv. El departamento de economía de esta última universidad lleva su nombre. Fuera del ámbito académico asesoró al gobierno de su país, presidió la Asociación de Economía de Israel y también el directorio del banco Hapoalim, además de integrar los directorios de El-Al y el banco Leumi.
– ¿A qué se dedicó, en su obra escrita?
– Al comienzo de mi carrera trabajé en la teoría de la balanza de pagos, específicamente en el enfoque monetario de la balanza de pagos, enfatizando la importancia que sobre ella tiene la política fiscal. Luego me ocupé de la economía de algunas comunidades, extendiendo la teoría de los clubes -popularizada por James Mc Gill Buchanan, en una monografía publicada en 1965-, para analizar la oferta de servicios públicos en algunas ciudades. Enfaticé el aspecto que la movilidad social tiene sobre la distribución de la producción. En la teoría del comercio internacional preferencial, extendí el análisis al caso de muchos bienes.
– ¿Qué me puede decir con respecto a la cuestión de la “propiedad” de los espacios para estacionar autos en la vía pública?
– Propiedad alude al usufructo propio de algún bien, o cesión en favor de terceros, quienes efectúan alguna contraprestación por el referido usufructo. Al respecto comencemos, como dicen los cirujanos, despejando el campo operatorio. La “privatización” de los lugares de estacionamiento en la vía pública por parte de los denominados “trapitos” es indefendible e inaceptable. Tanto en la variedad civilizada, cuando sonríen y encima ayudan a estacionar, como en la versión “te conviene darme algo, si cuando volvés a buscar el auto no lo querés ver averiado”. Y si no se matan por poder operar en determinados lugares, no es porque sean angelitos, sino porque alguien, utilizando modales nada santos, asigna los lugares y naturalmente cobra por el servicio. Pero, como veremos dentro de un instante, los trapitos no son los únicos que privatizan los estacionamientos en la vía pública.
– Si la vía pública es “de todos”, ¿cuál es la justificación del estacionamiento medido?
– Reflejar la escasez. Las prohibiciones, como las obligatoriedades, son extremos que deben aplicarse en contadas ocasiones. ¿Cuándo se puede estacionar un auto en la entrada de ambulancias de un hospital? NUNCA. El estacionamiento medido ocupa una posición intermedia, entre la prohibición lisa y llana y “estacioné primero, así que me puedo quedar a vivir aquí”.
– ¿Cómo funciona?
– Al tener que pagar por estacionar en determinados lugares, a determinadas horas, algunos preferirán utilizar medios públicos de transporte, y otros estacionarán durante menos tiempo, dejándole lugar a terceros.
– La iniciativa también se puede ver como nuevo ejemplo de voracidad fiscal.
– Buen punto. La autoridad que cobra el estacionamiento medido no debería utilizar esos recursos para financiar sus gastos generales, sino que se los tendría que devolver a la comunidad, reduciendo otros gravámenes. Porque el objetivo principal del estacionamiento medido no es recaudar sino inducir la elusión del hecho gravado por parte de los automovilistas.
– La escasez es estructuralmente creciente, pero coyunturalmente variable.
– Así es. Mar del Plata tiene estacionamiento medido en determinada porción de la ciudad. No hay que ser muy lúcido para darse cuenta de que la demanda de estacionamiento en dicha zona no es igual en enero que en mayo. Ergo, en mayo no deberían cobrarlo, o cobrarlo mucho menos que en enero.
– Usted dijo antes que los trapitos no son los únicos que privatizan algunos lugares de estacionamiento.
– Efectivamente. Porque también lo hacen los bares y los restaurantes, que desde el Covid 19 avanzaron sobre algunas calles y no regresaron nunca. Lo peor de todo es que siguen sobre las calles algunas instalaciones de bares y restaurantes ¡que cerraron! Cualquier automovilista conoce autos abandonados, o con algún neumático pinchado, que permanecen semanas ocupando un lugar en la vía pública.
– ¿Hay más?
– Hay más. La mera observación visual me lleva a preguntar: ¿seguro que todos los cordones pintados con amarillo fueron pintados por las autoridades municipales, sobre la base de estrictos criterios de seguridad o prioridad? Por la cantidad de casos que veo, me permito dudar. Me pone furioso porque se trata de una burla a la confianza de la población.
– ¿Más, todavía?
– Disculpe, si la lista le parece larga, pero la autoridad que decida mejorar la cuestión del estacionamiento de autos particulares en la vía pública debe tener en cuenta todos los casos que estoy describiendo. Agrego al vecino que, lo más campante, pone un conito frente a su casa, para poder estacionar él (o ella), obstáculo que para los demás luce infranqueable. Y en el mismo sentido cabe apuntar a las obras en construcción, que simplemente ponen un cordón que impide el estacionamiento de autos, a la espera de que lleguen los camiones con materiales de la construcción o el auto del ingeniero a cargo de la obra. No me vengan con que se trata de una cuestión de seguridad de los autos o sus ocupantes.
– ¿Y entonces?
– Estamos delante de una cuestión, como casi siempre se da en la práctica, donde es imposible satisfacer simultáneamente todas las posiciones individuales de los involucrados. Cuando digo que la cuestión es estructuralmente creciente, les digo a los nostálgicos que difícilmente haya vuelta atrás. Cuando lo autos eran pocos se podía estacionar en cualquier lado; ahora no. Pero cuando digo que la cuestión es coyunturalmente variable, les indico a las autoridades que no se duerman, manteniendo siempre las restricciones relevantes cuando la demanda por estacionamiento es máxima. Los trapitos son inaceptables, así como también que el producido del cobro del estacionamiento medido no le vuelva a la comunidad en términos de reducción de alícuotas o desaparición lisa y llana de otros gravámenes, la administración pública de la escasez es muy importante.
– Don Eitan, muchas gracias.





