La quiebra de Enron puso a los bancos y sus calificadoras en el ojo del huracán
WASHINGTON.- Los cimientos de Wall Street están crujiendo como pocas veces a raíz de una fuerte embestida para que los bancos de inversión se deshagan de sus departamentos de análisis. El argumento es que los estudios que recomiendan comprar, vender o mantener acciones de determinadas compañías no pueden ser pagados por las ganancias originadas en la banca de inversión que negocia esos papeles.
El debate se instaló con fuerza a partir de la investigación contra Merrill Lynch liderada por el fiscal general de Nueva York, Eliot Spitzer, que acusó al banco de entregar análisis interesados sobre las acciones de sus clientes de inversión.
La pelea que duró meses no terminará en juicio porque el mayor banco de negocios financieros de Estados Unidos terminó pagando el martes último US$ 100 millones de multa, aunque dijo que no hizo las cosas mal en forma deliberada.
El conflicto de intereses que los fiscales dicen ver y que la comisión de control (Securities and Exchange Comission) promete investigar amenaza con reflotar una ley de regulación de la actividad bancaria -que nació en los años de la Gran Depresión- y que fue derogada hace dos años y medio.
Hay quienes se preguntan si es ético que un banco que coloca deuda de los países, como JP Morgan, haga también la valuación del riesgo de los bonos soberanos.
"Ese no es el problema. El EMBI (que mide el riesgo país) es sólo un índice. Hacer esto es irrelevante. El problema ético podría consistir si JP Morgan hace análisis sobre la Argentina y dice que hay que vender sus títulos y, antes de ello y en base a ese conocimiento, actúa con anticipación en el mercado. Ahí sí hay un problema de ética", dijo Pablo Spiller, profesor de la Universidad de Berkeley, California.
Los analistas se defienden. Desde Wall Street un economista de un importante banco europeo dijo a LA NACION:"No he visto estas violaciones flagrantes de las que se habla. Entre lo que se dice y la realidad hay un trecho importante", afirmó.
El caso de Merrill Lynch fue sólo el primero. Las investigaciones apuntan en especial a firmas de la magnitud de Salomon Smith Barney, del Citigroup, y de Morgan Stanley. "Es positivo porque era algo que había que limpiar", opinó Spiller. Más de 20 Estados podrían lanzar investigaciones similares a la encarada por Nueva York.
El caso de Merrill Lynch no hubiera tenido tanto impacto si la confianza de los más de 100 millones de inversores directos o indirectos que tiene Wall Street no estuviera tan resquebrajada.
Primero fue el abrupto final de la burbuja de las acciones tecnológicas. Y después llegó el caso Enron, el mazazo que faltaba.
Howard Kurst, en su libro "Los predicadores de fortunas" cuenta que en marzo de 2000 la acción de una pequeña compañía de computadoras -Xybernaut Corp.- saltó de 14 dólares a 30 en un día, después de que una firma de análisis sostuvo que en seis meses ese título duplicaría su valor. El presidente de la firma de análisis era un ex director de la compañía de computadoras, dueño de opciones para comprar acciones de esa empresa.
En la escandalosa quiebra de Enron, de un día para otro el valor de la acción estrella, recomendada por analistas y brokers como la mejor opción, se desplomó.
Howard Shilit, un ex académico y respetado investigador de los comportamientos de los analistas del mercado financiero estadounidense, dijo ante el Congreso, durante una audiencia por el caso Enron, que revisando los balances de la compañía energética le llevó menos de una hora darse cuenta de que había datos que encendían luces de advertencia.
"¿Era evidencia de fraude? No. ¿Era evidencia de que ellos buscaban la bancarrota? No. ¿Pero era suficiente como para que algún analista decente hiciera preguntas? Absolutamente", fue la respuesta que dio a sus propios interrogantes.
El caso de Merrill Lynch encendió luces amarillas. Un banquero que pidió no ser identificado dijo a LA NACION que no cree posible la separación de las ramas de estudios de los bancos de inversión. "Una entidad autónoma dedicada sólo a hacer investigación sería muy costosa".
Las reglas que ese banco fue acusado de romper son las que rigen la actividad. Hay códigos y reglamentos que se deben respetar y uno de ellos es la llamada "muralla china", que es la separación hasta física entre investigación y banca de inversión. "No puedo ir a hablar con los banqueros de mi propio banco", dijo un analista.
Advertencias
La mayoría de los bancos de inversión prohíbe ahora a los analistas comprar acciones de las compañías que investigan. Otros, como Morgan Stanley, han dejado de hacer recomendaciones de comprar, retener o vender acciones.
El presidente de la comisión de mercado de capitales de la Cámara de Representantes, Richard Baker (republicano) amenazó con leyes para frenar la intervención de los Estados para imponer nuevas reglas, como pretende el fiscal general de Nueva York, Eliot Spitzer.
Desde la Universidad de Texas, el profesor Henry Hu alertó sobre las investigaciones.
"Si diferentes fiscales investigan a distintos bancos de inversión con la idea de que se puede reformar todo el sector, entonces es una regulación estatal de facto, y es inaceptable", expresó.
Pero los ruidos son cada vez mayores. Los bancos han dado motivos en los años del auge de Internet para ser investigados y Wall Street teme que el poder político de Washington reflote normas para intervenir en la vida del sector financiero.
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