
La visión del mercado "imperfecto"
Por Martín Krause Para LA NACION
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Todo estudiante que haya pasado por una materia de economía conoce el nombre de Paul Samuelson. Su libro de texto se ha convertido en el más vendido de la historia. Cuando Assar Lindbeck lo presentó para recibir el Premio Nobel en 1970, destacó sus contribuciones en áreas muy diversas, lo que confirmó a Samuelson, a quien se consideraba uno de los últimos "generalistas", ya que no ha dejado área de la economía sin tratar.
Por esa razón, sería pretencioso y arrogante intentar evaluar toda su obra. También es difícil analizar su famoso libro, pues las 18 ediciones han sufrido muchos cambios, algunos de ellos sustanciales. No obstante, la ventaja que da el tiempo transcurrido permite destacar alguna característica especial de su pensamiento. Desde mi perspectiva ésta sería la desconfianza de Samuelson en el libre funcionamiento de los mercados y su convicción que los gobiernos pueden solucionar problemas donde los mercados "fallan".
Esta idea central proviene de John Maynard Keynes. En la primera edición de su texto (1948), aparecía ya la keynesiana "paradoja del ahorro" que, al drenar dinero fuera del sistema, podía "convertirse en un vicio social", cuya salida debía encontrarse en políticas gubernamentales activas.
Tal vez esta mayor confianza en el gobierno que en el mercado lo llevara a evaluar positivamente ciertos aspectos de la economía soviética. Desde la 5» hasta la 11» edición incluyó un gráfico que mostraba cómo la brecha entre ese país y la economía norteamericana se estaba estrechando. En la 13» edición de 1989, junto con Nordhaus, afirmaban que la Unión Soviética probaba que, contrariamente a lo que creían muchos escépticos, una economía socialista dirigida podía funcionar e incluso prosperar. Ese año caía el Muro de Berlín; en la edición 14» (1992) sostenía que "los datos soviéticos son cuestionados por muchos expertos" y en la 15» (1995) ya no había gráficos y se decía que era un "modelo fallido".
Errores de apreciación como éste no aportan mucho a la ciencia económica o a la política del momento, pero hay otros que sí, en particular uno que ejerce una fundamental influencia en estos momentos, cuya corrección abrió un amplio campo de investigación teórica e histórica.
El rol estatal
Pocos años después de la primera edición de su libro, Samuelson quiso resolver desde la economía el eterno debate de la filosofía política: ¿qué es lo que debe hacer el Estado? En lugar de tanta discusión política, ¿no habrá un criterio "científico" para definir sus funciones? Es así que presentó su teoría de las finanzas públicas definiendo la existencia de dos tipos de bienes en la economía: privados y públicos.
Los "privados" son los que el mercado puede proveer espontáneamente, porque tienen dos características: puede "excluirse" a quienes no paguen y su consumo es "rival", si lo consume uno no lo puede consumir otro. Una hamburguesa o un traje son casos típicos: si uno paga al vendedor obtiene uno u otro; si no, queda "excluido". Al mismo tiempo, la hamburguesa que uno come o el traje que uno usa no puede ser comido o usado por alguien más.
Hay otros bienes o servicios que tienen las características opuestas: no se puede excluir a quienes no pagan y no hay rivalidad en el consumo. Una vez ofrecido, todos pueden consumir el servicio hayan pagado o no, sean uno o muchos al mismo tiempo. El mercado no podría proveerlos por lo que Samuelson llama free riders, "colados" o "usuarios gratuitos" en nuestra jerga, gente que consumiría sin pagar, ya que no puede ser excluida.
¿Y cuál sería un buen ejemplo de esto? Samuelson propone, entre otros, un faro. Una vez que emite la luz la ven todos, no se puede excluir al barco que no pague por el servicio, por lo que pocos o ninguno pagará y el mercado no encontrará atractivo proveer de faros pese a que son muy útiles. Ergo, el Estado debe proveer este servicio, un "bien público". Samuelson había descubierto, entonces, un criterio "científico" para definir las funciones del Estado. ¿Correcto?
Pues no. Algunos años después, otro premio Nobel, Ronald Coase (1991), viaja a su Inglaterra natal, realiza una investigación y publica un artículo llamado "El faro en la economía", donde muestra que durante unos 400 años hubo faros provistos privadamente en ese país. ¿Cómo explicar esto? Coase le dice a Samuelson que debería elegir mejor sus ejemplos y que la respuesta al enigma es que los proveedores lograban "atar" la provisión de un servicio con características de "público", a la provisión de un servicio "privado", como podría ser la amarra en un puerto.
En nuestros días la televisión abierta es lo mismo que un faro: tras enviar su señal no puede excluir y todos reciben la misma sin rivalidad. Según la teoría de Samuelson no podría ser provisto por el mercado. Sin embargo lo es. ¿Cómo? Pues financiándola a través de la publicidad, un bien con características de "privado" ya que si no se paga el aviso no sale.
Nadie negaba las características de los bienes tal como los señaló Samuelson, pero sí que pensara que el mercado, la provisión voluntaria, fracasa, y que la única solución es la provisión estatal. Su teoría fracasó, pero al hacerlo permitió que se abriera un mundo nuevo de exploración para las soluciones "institucionales" a estos problemas donde los continuadores de Coase se encontraron con los "austríacos" de Hayek explorando las soluciones de tipo "orden espontáneo", mucho más ricas y eficientes que las soluciones estatales.
Tal vez con Samuelson pase al revés que con Mises. Cuando éste cuestionaba la viabilidad del socialismo sus rivales dijeron que merecía una estatua por haber planteado los mayores desafíos que esa teoría iba a resolver. Bueno, no lograron resolverlos y ahora resulta claro que Mises tenía razón. Samuelson planteó serios desafíos al mercado y, al resolverlos, la ciencia económica reafirmó la sabiduría de la "mano invisible".
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