Las claves para entender la economía que viene

Pablo Fernández Blanco
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28 de octubre de 2019  • 11:09

Mauricio Macri será el presidente en ejercicio hasta el 10 de diciembre próximo, pero la economía ya comenzó a tomar la forma que, según sus voceros y miembros de su mesa chica, le dará su sucesor, Alberto Fernández.

La instauración del cepo cambiario es el primer eslabón de una cadena que se irá tejiendo con el correr de los días al calor de la transición política, las debilidades de la economía y las discusiones que mantengan ambos presidentes a partir de hoy.

En la práctica, ya comenzó el cambio de modelo. La versión menos intervencionista y de apertura moderada que propuso Macri le cederá paso a un esquema típicamente kirchnerista similar al modelo de 2011, según el acuerdo que hay entre los economistas. A continuación, los puntos sobresalientes de la economía postelectoral.

  • Cepo cambiario. El Banco Central dispuso ayer por la noche límites de hasta US$200 para la compra de dólares por parte de personas físicas. La medida conduce a una profunda pérdida de confianza en términos cambiarios, que llevará al aumento de importaciones en el corto plazo, dado que, si las empresas anticipan las compras al exterior, pueden nutrirse de stocks en dólares. También tiende a darle estabilidad al tipo de cambio, de manera que el país estará menos expuesto en el corto plazo a devaluaciones.
  • Modelo 2011. Varios integrantes del círculo de Fernández se mostraron a favor del cepo cambiario en la campaña. Lo propuso, por caso, José Ignacio De Mendiguren, cercano a Sergio Massa, y lo militó Felipe Solá (hombre de confianza del presidente electo). Nadie en el mundo económico cree que en los próximos cuatro años haya un desarme total de las restricciones a la compra de divisas. Como alguna vez dijo Fernández, el cepo implica dos cosas: por un lado, que no saldrán dólares; pero, al mismo tiempo, que tampoco ingresarán a través de inversiones.
  • Ahorrar consumiendo. Los voceros de Fernández señalaron en varias ocasiones que se inclinan por el establecimiento de una tasa de interés más baja. En la última versión del kirchnerismo había tasa de interés real negativa. Esto es cuando el pago por prestar dinero es menor a la inflación. Por ejemplo, una tasa de interés anual del 20% contra una inflación del 30%. Así, poner plata en plazo fijo no tiene sentido, porque implica la pérdida del poder de compra del ahorro.

Dado que el ahorrista no tiene la opción de comprar dólares -por el cepo- ni de invertir a través de herramientas financieras -por la tasa de interés real negativa- en un contexto de inflación, tiende a "ahorrar" consumiendo. Ocurrió en 2011, cuando la gente compraba artículos de línea blanca, autos o ropa para proteger el valor de sus ingresos.

El "ahorro" a través del consumo tiene un efecto positivo de corto plazo, dado que tiende a reactivar la economía. No se descarta que algunos indicadores muestren una mejora incluso en los meses que le quedan a la gestión de Macri. Sin embargo, puede ocasionar problemas de largo plazo.

  • ¿Fin del crédito? La tasa de interés negativa lleva a que quien tiene dinero no encuentre motivos para ponerlo "a trabajar" en los bancos. Eso desfinancia el sistema. Si no hay ahorro, no hay crédito privado para la inversión. Una alternativa para reemplazar la ausencia del sector privado es a través del Estado. En el pasado, el sistema público de crédito tuvo límites al momento de prestar dinero y discrecionalidad cuando lo asignó.
  • Comercio administrado. El macrismo se caracterizó por la apertura del comercio, aunque con límites. La instalación del cepo, según coinciden diversos economistas, derivará en restricciones a las compras al exterior, por diversos motivos. Hoy, quien tiene un negocio de importación tiene acceso al dólar "barato", un bien cada vez más codiciado. Es improbable que ese escenario se mantenga libremente.

En un contexto de límites al acceso de dólares, aumenta el interés especulativo por hacerse de la divisa, una triangulación que se puede practicar mediante el pago de importaciones. Ya ocurrió en la reciente experiencia del cepo kirchnerista. En otros términos: las empresas pueden stockearse en dólares a precio oficial cuando compran afuera. Es muy probable que se disparen los pagos por importaciones, algo que obligaría a cerrar el torniquete.

  • Múltiples cotizaciones. Una regla de la calle sostiene que, cuando los consumidores tienen límites para hacerse de un bien preciado, como el dólar, buscan alternativas para llegar a él. En la Argentina esos caminos son conocidos. Hay un dólar paralelo, conocido como blue, que es la manera más sencilla -ilegal- para que los ahorristas se hagan de la divisa, el MEP -una operación que se hace a través de la bolsa, utilizada en especial por los que viven en el país- y el denominado contado con liqui (CCL), para quienes buscan sacar dólares del país.
  • Especulación. La brecha entre los diversos tipos de cambio con el oficial determinará parte de la economía futura. Un ejemplo: ¿Qué estímulo puede tener un exportador para liquidar sus ventas al exterior si para hacer esa operación se tomará un dólar oficial muy por debajo de las referencias alternativas? Eso, incluso, si hay normas que lo obligan a liquidar cuanto antes. Para los especialistas, a mayor brecha entre las cotizaciones, más grande será la represión a la liquidación de exportaciones, a su vez clave para el ingreso de divisas.

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