
Las frases que no deben pronunciarse dentro de la oficina
Un portal de México (canal 44.com) publica un artículo muy breve acerca de ¿Qué no debemos decir en el trabajo? Se basa en especialistas en Recursos Humanos, cuyos nombres no se dan a conocer, lo que en principio descalificaría la seriedad de la consulta.
A pesar de esto, las frases prohibidas (en tanto se intente conservar el puesto de trabajo o aspirar a alguna promoción en un futuro cercano) tienen una validez tan universal que vale la pena interpretarlas.
Cada una son clichés que revelan prejuicios y generalizaciones. Al ser catalogadas como peligrosas para cualquier empleado pasan al plano de verdad revelada, sin atender que detrás y por debajo hay dimensiones que se escapan, simplemente por ponerles etiquetas.
No es mi problema. Está teñida por el énfasis puesto en el trabajo en equipo. Se supone que quien la emite se aparta de la colaboración necesaria para que la empresa funcione íntegramente. Puede ser así, sin duda, en especial en aquellas empresas cuya burocracia implica un régimen de compartimentos estancos, donde salirse de la cuadrícula asignada sería un desajuste.
Sugiere una actitud de prescindencia, cuyos motivos no necesariamente residen en la persona –gente tóxica, como se dice hoy–, sino en el discurso vigente. Agreguemos que la frase también puede contener el planteo de un límite, legítimo en aquellos empleados que, como están siempre disponibles para lo que venga, se los recarga de trabajo. Se evita así cualquier conflicto o enfrentamiento.
No me pagan lo suficiente. Puede pertenecer a un disconforme crónico, quien nunca estará satisfecho con su sueldo, ya sea porque tiene aspiraciones astronómicas o porque está sujeto a compromisos que van más allá de sus posibilidades.
Pero también puede ser una verdad objetiva. Si no se mantiene un sistema de remuneraciones claro, comprensible y equilibrado, es más que probable que sea verdad y no sólo en su caso. Requiere un análisis de la estructura y un trabajo de esclarecimiento sobre cómo funciona.
No hay nada que hacer. Puede ser una excusa, ciertamente, pero también una situación real, originada por una mala distribución del trabajo. Algo sobra o algo falta, y es una cuestión por resolver, asumiendo el costo de revisar cómo fluyen los procesos que por largo tiempo son pasados por alto. La pereza en revisar permanentemente los procesos suele intervenir particularmente en estos casos.
Es imposible. Lo absurdo de la frase prohibida cae por su propio peso. Las metas imposibles existen en todos los órdenes de la vida.
A nadie podría ordenársele, por ejemplo, no morirse o enfermarse. Es algo completamente ridículo. Esto también puede ser un rechazo infundado a asumir una tarea, y éste es el primer pensamiento que surge al escuchar la frase, muchas veces acertado. Pero a la vez, quizá sea una advertencia lúcida ante la propuesta de una acción, a partir de alguien que ve más allá de los resultados requeridos. No es bueno rechazarlo de plano. Dispara una reflexión: no hay frases prohibidas ante pensamientos abiertos.





