Las privatizadas, ¿tuvieron ganancias exageradas en los 90?
Por Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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¿Tuvieron las empresas privatizadas ganancias exageradas durante los años 90? Esta simple pregunta implica, por definición, emitir un juicio de valor, dado que la pregunta que inevitablemente sigue es: ¿qué es una ganancia exagerada? ¿Quién define si una ganancia es "normal" o "exagerada"? ¿O qué es una ganancia "normal"?
Cuando uno enseña cómo es el proceso de asignación de recursos bajo condiciones de libre competencia, lo que explica es que el empresario siempre está buscando una utilidad superior a la del promedio del mercado.
Justamente, el empresario innovador es aquel que descubre un nicho de mercado cuya demanda no había sido satisfecha hasta ese momento. Como es el primero en llegar al negocio obtiene una rentabilidad superior a la del resto de los sectores productivos porque no tiene competencia. Pero, en ausencia de regulaciones que restrinjan el ingreso de nuevos competidores, otros empresarios lo copiarán, aumentando la oferta, haciendo bajar el precio del producto o servicio y, por lo tanto, disminuyendo la rentabilidad del nuevo sector hasta que tienda a igualarse al resto de los sectores productivos.
Las opciones en juego
Otra manera de lograr una rentabilidad superior es conseguir algún tipo de restricción a la competencia de manera tal de mantener elevado el precio y, por lo tanto, obtener saldos superiores a los que se obtendrían en condiciones libres. Cuando se señala que las empresas obtuvieron rentabilidades "exageradas" a principios de los 90 es de suponer que se hace referencia a que había restricciones a la competencia. Particularmente en lo referente a las empresas privatizadas, lo cual puede ser cierto en algunos sectores. No obstante, el cuestionamiento debe ser puesto primero en el contexto histórico para luego formular un juicio de valor semejante.
Para ello, es importante recordar que en 1992, cuando se aceleraron las privatizaciones, la Argentina venía de la hiperinflación en 1989, el salto inflacionario de fines de ese año, el plan Bonex y una convertibilidad que sólo tenía un año de vida.
En otras palabras, al igual que hoy, había una alta incertidumbre sobre el futuro de la Argentina. En consecuencia, cualquier empresario quería un rápido retorno de la inversión antes que las reglas de juego volvieran a cambiar.
Esa incertidumbre determinaba que al momento de privatizarse existieran dos concepciones básicas iniciales: a) privatizar bajo condiciones de amplia competencia o b) privatizar bajo condiciones de restricción a los competidores.
En cualquiera de los dos casos el inversor iba a exigir recuperar su inversión en un plazo breve dada la incertidumbre reinante en ese momento, porque nadie sabía si el 1 a 1 de la convertibilidad se mantendría o si Carlos Menem iba a tener apoyo para sostener su política económica.
¿Cómo habría obtenido el inversor una alta rentabilidad en caso de haberse privatizado en condiciones de competencia? Pagando un precio sustancialmente menor por el activo que estaba comprando. Dado que sus ingresos habrían sido menores al existir competencia, la forma de recuperar rápido su inversión hubiese pasado por comprar alguna empresa estatal a un precio cercano a cero.
El resultado hubiera sido menos caja en el corto plazo para el Estado y condiciones de competencia mayores con tarifas más reducidas.
La alternativa b) elevaba el precio del activo a vender porque más que venderse activos se vendían mercados cerrados.
En consecuencia, el mayor precio pagado por las empresas tenía que ser recuperado con un ingreso más alto derivado de la ausencia de competencia, es decir tarifas más altas.
Así, en cualquiera de los dos casos lo que contaba era el tiempo de recupero de la inversión dada la incertidumbre existente entonces.
Aprender de la experiencia
Esa experiencia debería servir para reflexionar sobre la situación actual y las posibilidades de lograr inversiones para crecer. Si a la hiperinflación de 1989 y al plan Bonex del mismo año se le agrega, la devaluación, el default y la pesificación asimétrica de principios de 2002, las condiciones de incertidumbre hoy reinantes son mayores a las que regían a principios de los 90.
Por eso, el desafío hoy consiste en restablecer la confianza con una clara política económica de largo plazo que incentive inversiones en condiciones de libre competencia.
Si Kirchner no logra tal objetivo siendo muy preciso y concreto en la política económica que quiere aplicar, para obtener inversiones deberá verse forzado a recurrir al mismo esquema que hoy critica.
Es decir, tendrá que comenzar a otorgar reservas de mercado, proteccionismo, subsidios y demás privilegios para que alguien esté dispuesto a invertir en el sector real de la economía, dado que el inversor querrá tener una altísima rentabilidad para recuperar rápidamente su inversión y ponerse a cubierto de los riesgos que caracterizan a nuestro país.
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