Los especialistas en auditoría de la consultora Deloitte dicen que ha llegado el momento de controlar la eficiencia del Estado
Dos ejecutivos de la firma cuentan la experiencia de México, donde se busca mayor transparencia en la gestión pública
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Hay que controlar la eficacia de la gestión de gobierno.
"Durante años, los países se preocuparon por mejorar la administración financiera. Ahora, ya comenzamos a aplicar mecanismos para controlar la eficacia de la gestión de gobierno.
Por ejemplo, ya no alcanza con controlar que la adjudicación de un plan de vacunación fue transparente, sino que debemos medir si ese plan sirvió para erradicar la enfermedad.
"En México, el sector público, con la colaboración del sector privado, ya puso en marcha algunos instrumentos en esa dirección", dice Enrique Clemente, socio de la sede que Deloitte tiene en el Distrito Federal.
La Argentina, como otros países de la región, vivió básicamente la primera parte de ese proceso, que tuvo lugar en los años noventa, con las reformas al régimen de administración financiera.
Y, aunque tenemos un modelo de control complejo y desarrollado, el ejecutivo propone navegar sobre otra ola, avanzando con nuevos pasos para profundizar el control y alcanzar mayores estándares de transparencia y evaluación de la gestión de gobierno.
Por eso, defiende dos sistemas creados por las leyes mexicanas: por un lado, el gobierno central y los estados establecieron un modelo integral de desempeño de los organismos de vigilancia y control (conocido con las siglas MIDO), que es una sistema de control sobre los controladores y, por el otro, también se creó un proceso de constatación de entrega y recepción del poder político.
"Son mecanismos muy buenos para favorecer la transparencia", asegura Clemente.
Esta semana finalizaron las Jornadas de Control Gubernamental, que se desarrollaron en Buenos Aires, organizadas por la Asociación de Personal de Organismos de Control (APOC), la Asociación de Auditores Internos del Estado (AAIE), la Sindicatura General de la Nación (Sigen) y la citada consultora internacional.
Tras el encuentro, donde concurrieron todos los titulares de los organismos de control y que convocó a un auditorio de más de 700 personas -algo inusual en estos días en que poco es lo que se habla sobre este tipo de asuntos-, LA NACION se entrevistó con Clemente y con Carlos Haenel, presidente de la filial local de la consultora Deloitte.
-¿Cómo es posible que la gente confíe en un sistema de control sobre los controladores como el MIDO en países donde existe tanta desconfianza en todas las instituciones y en la clase política?
Clemente: -Los políticos necesitan más credibilidad y están ávidos por lograrla. La sociedad realiza un escrutinio cada vez más riguroso y, para poder transparentar la acción de gobierno, es imprescindible controlarla.
-¿Cómo funciona el sistema MIDO, cuando es habitual ver que en la región los organismos de control no realizan una buena tarea?
Clemente: -Los controles están mejorando sustancialmente y, en este punto, México está dando pasos importantes. El MIDO trata de medir la eficacia y la eficiencia del gasto.
Como le dije, debemos evaluar no sólo si el plan de vacunación que se llevó a cabo y si la adjudicación e instrumentación fueron transparentes y apropiadas, sino que debemos evaluar, también, si ese plan sirvió para cumplir el fin propuesto: erradicar o acotar la enfermedad.
Además, en forma paralela, hay que preocuparse por formar a los funcionarios que están ocupando cargos públicos y fortalecer todo lo que contribuya a la transparencia.
Haenel: -Es imprescindible que el sector público avance con procesos de evaluación de los organismos de control, porque el mundo está demandando mayor transparencia a los gobiernos, a las empresas que cotizan en bolsa y a los sistemas financieros. La ciudadanía reclama mayor transparencia y no sólo pide que haya presupuestos mayores, sino que se los gaste correctamente.
Desempeño institucional
-¿Qué parámetros tienen en cuenta?
Clemente: -El MIDO, que es aplicado por el secretario de la función pública, mide cinco indicadores: la reducción del rango de la corrupción; la opacidad de los procesos administrativos; el grado de cumplimiento de las metas de las medidas de gobierno, por ejemplo, el desempeño de las institucionales; la percepción que tienen los organismos controlados de ese desempeño, porque es importante que comiencen a entender que lo más importante es realizar tareas de prevención, para evitar los desvíos, antes que aplicar sanciones, y el desempeño operativo de los programas de gobierno.
Todos esos indicadores están bien tabulados y son precisos, aunque, claro está, continuamente hay que adaptar el sistema de evaluación a distintas situaciones, pues no es lo mismo controlar a Petróleo Mexicano (Pemex) que a un organismo pequeño.
-¿Considera que la administración pública se resiste a ese control del control?
Clemente: -Todavía no hay una cultura del control, pero tampoco se lo puede imponer por el solo hecho de que se dicten un decreto o una ley, de la noche a la mañana. La ley que establece este nuevo sistema de evaluación se aplica desde 2004 y hay que analizarlo como un proceso continuo, que lleva años.
Pero también enfrentamos otros desafíos: por ejemplo, profesionalizar a la administración pública, dándoles estabilidad a los funcionarios, para que no cambien con cada gestión política, y homogeneizar la legislación y armonizar los mecanismos de control.
-Están poniendo de moda la idea de control.
Clemente: -Hay, es cierto, una mejor percepción de la tarea que realizan esos organismos. Y hay un dato objetivo que lo prueba: el Congreso les asigna presupuestos cada vez mayores.
Haenel: -El sector político comienza a ver la transparencia como un valor.





