
Los Golden Brain, un premio a la trayectoria y a la creatividad
La Fundación Atacama distinguió a cuatro ejecutivos de comunicación y publicidad
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La publicidad es tan fugaz que la memoria de los profesionales no suele ir más allá de los últimos cinco o diez años. Los colegas que ya no están vigentes, pero que se distinguieron por su desempeño profesional, con excepción de algunas de las grandes figuras, son olvidados fácilmente.
Por eso resulta recomendable la iniciativa de la Fundación Atacama, que preside Gustavo Brizuela, de crear un premio a la trayectoria personal en el ámbito de la publicidad y de la comunicación. El Golden Brain, de eso se trata, nació hace apenas cinco años; en este corto lapso progresó y se afianzó de modo tal que en cada edición los galardonados son los más reconocidos e indiscutibles en sus respectivas funciones.
Los que acaban de recibir el Golden Brain 2008 son, en orden cronológico, José Claudio Escribano, Marcos Golfari, Luis Ibarra García y Luis Melnik; un premio especial se otorgó, por primera vez, al entrañable Hugo Casares.
La trayectoria del Golden Brain bien merece un comentario y hasta podría aspirar a uno de los premios, si no fuera redundante. Nació modestamente por sugerencia del infatigable Alberto "Tito" Scopesi. La conjunción del empeño de Atacama, y de los organizadores del premio, encabezados por Daniel Castaldo, unidos a la dedicación y compromiso de los jurados, miembros de una extensa y calificada lista que incluye, entre otros, a Pedro Simoncini, Juan Carlos Colonnese, Alberto Gollán, José D´Amato, Pablo Gowland y Ronald Shakespear, cimentaron la reputación del Golden Brain.
Una charla informal
Hoy el premio es auspiciado por la Asociación Argentina de Agencias, el Consejo Publicitario, la Cámara Argentina de Anunciantes y el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Cuenta, además, con una rama joven, Promise Brand, destinada a distinguir los trabajos de las nuevas generaciones.
La ceremonia de entrega de los premios también ha ido evolucionando, sin perder el carácter inicial de charla informal entre los ganadores. El conductor volvió a ser Juan Gujis, titular del Show Creativo, quien debió asumir el rol de Julio Lagos, su pareja en 2007 y ausente por motivos personales
La principal novedad de este año fue la exhibición de un video con la presentación de los ganadores por sus amigos o colegas. Hugo Casares tuvo su propia grabación, en la que recordó sus convicciones ideológicas y profesionales acerca de la actividad.
Fue una clase magistral, una de las cuatro que se escucharon esa tarde, matizadas con antológicos anuncios seleccionados por Gujis.
Por Golfari, cuya carrera comenzó en la década del 70, hoy miembro del Comité Ejecutivo y del Directorio Mundial de Ogilvy & Mather, grabó su testimonio Miguel Daschuta, que recordó el paso del galardonado, como asistente de cuentas, por la agencia De Luca. Scopesi a su vez habló sobre Ibarra García, ex gerente de Publicidad e Imagen del Banco Galicia, actual miembro del Gieci y catedrático de varias universidades. Su presentación reveló, de paso, el otro yo de Ibarra García: Chip, un diestro dibujante e ilustrador.
El doctor Gregorio Badeni introdujo a Claudio Escribano, quien ingresó en LA NACION hace más de 50 años, y recorrió prácticamente toda la escala de la Redacción, desde cronista hasta secretario general y subdirector del diario. En 1997 fue designado en su cargo actual, miembro del directorio de la empresa editora. Badeni, de excelente memoria, relató detalles profesionales y personales que probablemente no recuerde con tanta precisión el propio homenajeado.
Presentes y ausentes
Casares no fue el único de los premiados que no pudo estar presente durante la ceremonia y tuvo que ser reemplazado por su esposa, Inés. Tampoco, por circunstanciales cuestiones de salud, pudo asistir Luis Melnik, ex director de Chrysler, Volkswagen y Ford en el área de comunicaciones y publicidad.
El encargado en presentarlo en el video fue Gervasio González Arrilli, hombre de prensa y amigo de Melnik; recordó que Melnik, como buen cordobés, es un eximio contador de chistes, condición en la que solía competir espontáneamente, en los actos sociales de las empresas a las que perteneció, con verdaderos profesionales.





