Mariana Rojas Breu: "La Argentina debería considerar los efectos del avance de las monedas digitales"

Mariana Rojas Breu
Mariana Rojas Breu
Estudió Economía en la UBA e hizo la maestría en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Cursó un doctorado en Economía en cotutela de las universidades de Basilea (Suiza) y París Nanterre, y un posdoctorado en la Escuela de Economía de Rotterdam y en el departamento de Investigación de la Fed de St Louis. Hoy es profesora asociada en la Universidad París Dauphine
Sofía Diamante
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2 de febrero de 2020  

A Mariana Rojas Breu siempre le gustó la idea de estudiar economía en Francia, donde hay escuelas muy fuertes en temas de sociología y ciencias políticas. "El enfoque es multidisciplinario, no es solo la declaración puramente económica, y a mí me interesaba sobre todo el tema de la moneda, donde se conjuga lo político, lo sociológico y lo económico", señala. Vive desde 2002 en París. Tiene doctorado y posdoctorado en Economía y trabajó un año en el banco central de Francia, haciendo investigaciones monetarias.

-¿Por qué el dólar sigue siendo la moneda predominante y el euro no logró hacerle competencia?

-No hace tantos años que el euro existe como tal; recién se cumplen 21 años de la creación de la moneda europea. El hecho de que una moneda se vuelva internacional requiere de mucho tiempo, no es algo que se da de un día para el otro. Por otra parte, el euro tiene algunos déficits importantes, porque no es una moneda asociada a un solo país, sino que está asociada a muchas economías y eso hace que carezca de la misma legitimidad que puede tener el dólar. Por ejemplo, en los últimos años, con la crisis económica importante que se vivió, el euro estuvo a punto de morir como moneda. Si Grecia no podía hacer frente a la deuda externa y salía de la zona euro, iba a implicar no solo un problema de credibilidad para Grecia, sino para el conjunto de la zona euro. Después de Grecia venían Italia, Portugal y otros países sumamente endeudados que podían tener el mismo problema. El euro todavía es un caso muy único, en el sentido de que hay un banco central para muchos gobiernos diferentes. Ellos pueden tener problemas de deuda externa diferentes y no tienen la capacidad de coordinarse con el banco central de la misma manera que puede hacerse en un país, que puede juntar a la autoridad fiscal, que es el Tesoro, con la autoridad monetaria. La historia dirá si el euro subsistirá como moneda, pero es un experimento bastante único el tener a las autoridades fiscal y monetaria separadas.

-Cuando comenzó la crisis, en 2009, se habló de que a la unión monetaria había que complementarla con mayor integración fiscal. ¿De esto se trata?

-Justamente, por estos problemas. Pero también se habló de mayor integración de los mercados financieros y del sector bancario. Porque lo que quedó muy claro con la crisis es que tener un billete de euro es equivalente en Alemania, Francia, España, etcétera. Pero tener un depósito en un banco español no es lo mismo que tenerlo en uno alemán, porque la probabilidad de que uno de esos bancos caiga en bancarrota es diferente. Los seguros de depósitos, si el banco quiebra, todavía son una regulación a nivel nacional, no de la zona euro en su conjunto. Por más que la moneda física sea común en todos los países, la moneda bancaria, que en principio es convertible a esa moneda física por el hecho de que puedo ir al cajero y sacar billetes, no es equivalente entre todos los países, porque la garantía de depósito no es igual.

-¿Por qué se decidió instrumentar el euro? ¿Cree que fue apresurado, teniendo en cuenta que todavía faltaba más integración?

-Fue una apuesta política enorme frente a China, a Estados Unidos y a potencias económicas enormes. Los dirigentes políticos de Europa creen que para que la zona pueda subsistir en este contexto es necesario unirse y emitir una moneda única. No creo que haya sido apresurado, pero sin duda fue una política de riesgo. Por otro lado, se inscribe en el proceso de unificación de Europa, que viene después de la Segunda Guerra Mundial y que ya lleva décadas; que tiene que ver con la integración comercial, de mercados de trabajo, de capital, de favorecer las inmigraciones.

-China es la segunda economía del mundo. Sin embargo, el renminbi no es una moneda que sea considerada por la gente para ahorrar porque no fluctúa libremente. ¿Cómo es la política de China al respecto?

-China está anunciando ahora que va a desarrollar una moneda digital, que es algo que puede llegar a modificar mucho el paisaje monetario de los próximos años. Y no es solo China, sino que hay muchos bancos centrales en el mundo, 70 o más, que están pensando en pasar a una moneda digital. Esto no significa necesariamente dejar de emitir moneda física, pero sí empezar a emitir también una moneda digital. Y en algunos años vamos a poder abrir una cuenta bancaria directamente en el banco central. Sería una manera de reemplazar el efectivo físico por uno digital. La diferencia es que en vez de tener plata en el banco, que es una entidad que puede quebrar, la tengo en una cuenta en el banco central. China está muy avanzada con eso. Esto se une a las criptomonedas, que están creciendo mucho. Facebook, por ejemplo, está desarrollando su propia moneda, la Libra. No se sabe qué pasará con ese proyecto, porque los reguladores mostraron mucha preocupación, sobre todo en los Estados Unidos. Pero lo cierto es que hay proyectos del sector privado para emitir nuevas monedas que competirán con las monedas de los estados. Frente a eso, los países aceleraron mucho la reflexión sobre la propuesta de una alternativa digital. Porque el poder que puede llegar a tener Facebook emitiendo una moneda es gigantesco.

-¿Son seguras las monedas privadas? Si Facebook quiebra, ¿quién respalda esa moneda? No daría la misma seguridad que tiene una moneda soberana.

-Exactamente. Por eso lo de Facebook plantea problemas de protección al consumidor y de estabilidad financiera. Además, esa moneda sería una forma de obtener muchos datos de toda la gente que la usaría. Sería también muy delicado en temas de protección de datos.

-¿Qué beneficios daría, en comparación con las monedas de los estados?

-La Argentina, si bien tiene otras urgencias, debería considerar esto seriamente. Porque frente al peso, que sufre una inflación importante, tener una moneda de Facebook no es necesariamente peor. Puede haber un riesgo con Facebook, pero esa moneda, en principio, si la empresa no quiebra y no hace malas inversiones, en el futuro sería tal vez un instrumento de ahorro mucho más fácil que la moneda local, que sufre mucha inflación. Lo mismo ocurriría con otras monedas digitales de los estados. Esto reforzará la competencia. Se habla de que podrían ocurrir procesos de dolarización digital, porque en realidad, si las monedas empiezan a ser emitidas en formato digital y los costos de pasar de una a otra se reducen, será más fácil que una población se pueda dolarizar.

-¿Esto significa que en el futuro, un banco central, en vez de imprimir billetes físicos, porque nadie los usaría, comenzaría a emitir de forma digital y se contabilizaría en la base monetaria?

-Sí. Ahora se reúne el Banco de Pagos Internacionales, una organización internacional financiera propiedad de numerosos bancos centrales, para analizar la moneda digital. Una posibilidad sería que fuese con una cuenta en el banco central. Otra posibilidad sería que fuese como un token [los dispositivos físico utilizados para acceder a un recurso restringido electrónicamente], sin que se sepa cuál es la identidad de la persona. Porque si tengo una cuenta en el banco central, a priori, no es algo anónimo, es como tener una cuenta en el banco, que sabe quién soy. En ese sentido no es igual al efectivo, que una de las ventajas o no ventajas, según para qué, es que es anónimo. Uno puede hacer una transacción y nadie se entera. Una de las discusiones es si esta moneda digital del banco central tendría que respetar ese anonimato o no, porque están todas las cuestiones del financiamiento del terrorismo y de lavado de dinero.

-Pero si uno quiere prestarle dinero a un familiar sin que el Estado sepa, se daría lugar a esa privacidad.

-Una opción sería que la moneda digital tuviese una característica de anonimato limitada a pagos de montos pequeños y que, para montos altos, no se pueda utilizar. Hay cuestiones, además, que tienen que ver con la inclusión financiera. Hay mucha gente que no tiene acceso a los bancos y, entonces, se pierde de participar en muchas transacciones.

-Tener una cuenta en un banco central, ¿no le hace competencia a los bancos comerciales, que en ese caso no estarían muy de acuerdo con esta idea?

-Exactamente, y esa es una de las grandes cuestiones. Un problema sería que el banco otorgue menos préstamos a la economía real, porque si no tiene depósitos, menos podrá prestar o será más caro. Eso podría terminar teniendo un efecto negativo en los que toman préstamos y en la inversión. Es algo que se está analizando. El otro problema es que, así como podría haber dolarización digital, también podría haber corridas bancarias digitales. Es decir, podría tener mi plata en el banco, pero si hay un mínimo problema saco todo el dinero y lo convierto muy fácilmente a moneda digital en el banco central. Por eso, no creo que los bancos centrales vayan a lanzar esto mañana, porque hay muchas problemáticas a analizar. Pero es cierto que están acelerando mucho la reflexión porque las alternativas, las criptomonedas, por ejemplo, van avanzando. Esto plantea un problema de déficit democrático, porque para usar una moneda digital, necesariamente tengo que pasar por un banco, que es un intermediario, es privado y puede quebrar. Hay una cuestión de por qué el ciudadano común no tiene acceso al banco central de una manera más directa.

-¿Cómo afectaría la moneda digital a la política monetaria?

-Durante la crisis, los bancos centrales en el mundo bajaron mucho la tasa de interés porque era la manera de estimular la economía en medio de la recesión. Pero, en determinado momento, la tasa de interés llegó a cero y después era muy difícil seguir bajándola, porque pasa a ser negativa. Puede ser un poquito negativa, pero llegado un punto no se la puede seguir bajando. Si el banco central quisiera poner la tasa en -5%, los bancos buscarían otra manera de conseguir el efectivo o pasarían ese costo a los consumidores y ellos se pasarían al efectivo para no tener que pagar esa comisión. Hay algunos economistas que pensaron en esto de la moneda digital como una manera de que el banco central pueda tener más herramientas de política monetaria. Si tengo una cuenta en el banco central, en realidad puede subirme o bajarme la tasa de interés directamente en mi cuenta bancaria para hacer política monetaria; no tendría que pasar más por los bancos, como es hoy en día.

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