Más ocupaciones laborales con aportes bajos, un desafío creciente para el sistema previsional
Entre los aportantes, crece la participación de los monotributistas y baja la de los asalariados; en el régimen simplificado se necesitan 24 aportantes para pagar solo una jubilación mínima: cómo es esa relación en el empleo dependiente y en servicio doméstico y qué prestaciones se percibirán
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El amplio espacio que desde hace décadas ocupa la economía informal en la Argentina enciende para el sistema jubilatorio una luz de alerta, tanto para el corto como para el mediano y el largo plazo. Pero no es la única señal de advertencia: entre otros datos a observar para pensar el futuro previsional, está el que indica qué tipo de ocupaciones laborales se crean en el segmento registrado. O, expresado en clave del mundo de la seguridad social, qué segmentos de aportantes ganan protagonismo.
De cada 100 personas con aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que gestiona la Anses, aproximadamente 69 están en un empleo bajo relación de dependencia, 23 son monotributistas, cinco están en el régimen de autónomos y tres en el esquema de servicio doméstico. Los datos surgen de observar los números de cada segmento en el promedio mensual del período extendido entre enero y septiembre de 2025.
En el noveno mes del año pasado (el más reciente del que hay datos disponibles, y en el que las participaciones de los grupos coinciden con el promedio del lapso de nueve meses), hubo algo más de 10,3 millones de personas con aportes. Como algunas tienen doble registro (son asalariadas y autónomas, por caso), las ocupaciones laborales con aportes fueron algo más: 10,44 millones. De ese total, 7,17 millones correspondieron a asalariados; 2,14 millones, a monotributistas que pagan aportes; 502.000, a autónomos; 240.000, a monotributistas que no aportan, pero están en un régimen que les permite contabilizar períodos como contribuidos para su jubilación, en tanto que algo más de 388.000 personas trabajaban en servicio doméstico.
Veinte años atrás, de 100 aportantes, 82 eran empleados dependientes, 11, monotributistas; seis estaban en el régimen de autónomos y uno trabajaba en casas particulares (los datos corresponden a promedios mensuales de 2005).
Así, según se desprende de las estadísticas publicadas por la Subsecretaría de Seguridad Social, en las últimas dos décadas cayó alrededor de 13 puntos porcentuales la participación de los dependientes y se incrementó en una proporción similar la de los monotributistas.
De acuerdo con la misma fuente de datos, en 2015, de cada 100 aportantes, 73 eran dependientes, 18 monotributistas, cinco autónomos y cuatro trabajaban en casas particulares. Ya entonces se evidenciaba el cambio en la composición del universo de personas con aportes, algo que se profundizó en los últimos años, de la mano de la escasa variación que mostró el número de asalariados formales en el sector privado y del aumento del número de monotributistas.

Cuánto se aporta
En septiembre de 2025, el promedio de lo aportado al sistema jubilatorio por los asalariados fue de $168.635, monto al que se agregó la contribución abonada por sus empleadores, de $191.859; en total, $360.494.
Los monotributistas pagaron como aporte previsional una cifra promedio de $16.270. Es un monto que hay que multiplicar por 22 para llegar a la suma del aporte y la contribución promedio de un dependiente con un salario de alrededor de $1,5 millones. Ese fue el monto aproximado de la remuneración sujeta a aportes promedio en septiembre pasado.
Es decir, el grupo de aportantes que crece en cantidad es el de los que menos aportan. Eso representa un desafío actual y hacia adelante, tanto para el fisco -que acumula compromisos a futuro por prestaciones que debe garantizar, más allá de la cuantía de los aportes-, como también para los ingresos futuros de las personas, ya que regímenes como el del monotributo solo dan derecho a la prestación más baja.
Todo ello, más allá de una realidad que no debe dejarse de lado: una parte significativa de los recursos para que el Estado pague las prestaciones previsionales proviene de la recaudación de impuestos en general. Eso se suma a lo ingresado por los aportes y contribuciones.
Jubilación esperada y aportes promedio
En cuanto a la jubilación en expectativa, para los monotributistas es siempre el haber mínimo, al que actualmente se le suma cada mes el bono de $70.000. Para llegar al importe de ese ingreso previsional para una sola persona, se necesita el aporte de 24 adheridos al monotributo.
En el caso de los empleados dependientes, a quien tiene 30 años de aportes y una remuneración promedio de alrededor de $1,5 millones en sus últimos 120 meses con empleo registrado, le corresponderá una jubilación de aproximadamente el doble del ingreso más bajo hoy garantizado por la Anses, que es el haber mínimo más el bono de $70.000. Esa prestación podría pagarse con lo que ingresa al sistema, en concepto de aportes personales y contribuciones patronales, por unas 2,3 relaciones laborales asalariadas. La relación es, así, sumamente inferior respecto de la del monotributo.
Por normativa, el 70% de lo pagado mensualmente en el monotributo por el “impuesto integrado” también se deriva -al igual que el aporte previsional- a la Anses. Pero eso no contribuye con una cifra significativa. Según la estadística oficial, de los 2,47 millones de inscriptos en el sistema general del monotributo que aportan a la jubilación (sin contar modalidades sin contribución), el 90% está en las categorías A, B, C, D y E, las cinco más bajas. En esos escalones se aportó, en septiembre, entre $13.663 y $20.004 por aportes previsionales, y entre $2928 y $29.278 por el 70% del componente impositivo.
Con la última actualización por inflación, entre febrero y julio de este año, quienes están en esas cinco categorías pagan, por la jubilación, entre $15.616 y $22.864. En la categoría más alta, la K, el importe es de $135.263. En todos los casos, más allá de la categoría en la que se esté, la prestación esperada es el haber mínimo.
El puente que no fue
Cuando se creó el monotributo, en 1998, no se pensó en un sistema para que las personas se mantuvieran allí toda su vida activa y, eventualmente, completaran el requisito de 30 años de aportes para jubilarse. En rigor, se lo diseñó como un “un puente”, para que quienes eran cuentapropistas informales pasaran por allí temporalmente y se registraran luego en el esquema tributario general. En la práctica, tal cosa no ocurrió.
Por lo general, también los autónomos cobrarían la jubilación mínima si llegaran al final de su vida laboral con 30 o más años de aportes y la mayoría estuvieran hechos bajo ese régimen.

¿Qué pasa en este segmento con los aportantes y los importes destinados al sistema previsional? En septiembre pasado, el grupo incluyó a poco más de 500.000 personas -4,8% de los aportantes- y el pago promedio fue de $79.113, según lo publicado por la Subsecretaría de Seguridad Social sobre la base de información del SIPA. Es una cifra que multiplica por 5 a la del aporte promedio del monotributo y, a la vez, es la quinta parte de la suma del aporte y la contribución de un asalariado promedio (que, como ya se explicó, tiene la expectativa de cobrar más que la jubilación mínima).
Con el aporte promedio consignado, se necesitan 4,9 aportantes autónomos para el pago de un ingreso jubilatorio mínimo de la Anses.
Los autónomos representaban, tanto en 2005 como en 2015 y en 2025, alrededor del 5% de los aportantes. Todavía sin ley de monotributo, en 1995 eran el 25% del total, en tanto que tres de cada cuatro eran asalariados.
Casas particulares
Tampoco existía, a mediados de los años 90, el régimen de personal de casas particulares, fuertemente subsidiado en lo previsional. En septiembre de 2025, las personas con aportes en este esquema fueron 388.435 (3,7% del total).
Los importes abonados mensualmente para el sistema previsional guardan una relación extremadamente lejana con los de otros segmentos, incluyendo el monotributo. En septiembre y según los datos oficiales, el promedio de lo aportado fue de $1382 (en el mes actual se abona para este fin $1821,88, si el trabajo se realiza durante 16 horas o más por semana).
Así, para completar el pago de un haber mínimo más el bono, hizo falta sumar la contribución correspondiente a 282 personas que trabajan en esta actividad, lo cual muestra el carácter ampliamente subsidiado del esquema.
Esa relación es en el monotributo y, como se consignó, de 1 a 24 (una jubilación mínima más bono, 24 aportantes); en el régimen de autónomos, de 1 a 4,9. Y en un empleo con remuneración registrada promedio, el vínculo entre un haber equivalente al doble del mínimo y lo aportado y contribuido se aproxima a 2,3. Este último indicador se deterioraría con la puesta en marcha de disposiciones incluidas en la Ley de Modernización Laboral que se aprobó este año y que tiene varios artículos suspendidos por orden judicial.
Más allá de que el sistema jubilatorio tendería a sostenerse cada vez con más recursos de otras fuentes, el tipo de aportantes que se suman y el tipo de aportantes que pierden protagonismo implican una cuestión que no es menor.
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