Más populismo con pinceladas de pragmatismo

Martín Redrado
(0)
17 de noviembre de 2013  

La ausencia temporal de la principal figura política del país colocó en pausa la agenda poselectoral. Sin la presencia física y decisoria de la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner , lo que gana es el desorden y el internismo de un grupo de funcionarios económicos que, ya a estas alturas, ni siquiera puede denominarse equipo.

Sin embargo, no cabe esperar un viraje contundente de rumbo ni una profundización rotunda de lo que ya impera. El escenario más probable a transitar en los próximos meses es, en cambio, el de una agenda mixta en la política pública que mezcle dosis de pragmatismo en temas puntuales (por ejemplo la caída de reservas ), con la prolongación del enfoque populista (para sostener aunque más no sea el exiguo ritmo de actividad), en un marco de creciente tensión cambiaria.

De las respuestas pendientes, entonces, la principal urgencia es contener la sangría de reservas. La estrategia montada en 2010 muestra sus costos en todas las dimensiones, con una tendencia insostenible. Más allá de que estén en el nivel más bajo de los últimos siete años, el Banco Central no puede darse el lujo de sostener una contracción de esa magnitud por mucho tiempo más (pierde a razón de US$ 350 promedio semanal en el último mes y medio).

El gobierno se autoinfligió problemas en el flujo (el cepo cambiario presiona la escasez de divisas) y en el stock (con el uso intensivo de las reservas), al cargar sobre las espaldas de la autoridad monetaria gran parte del financiamiento de la economía.

Cabe esperar entonces medidas puntuales y no coordinadas, con más "apriete" en cada dólar comercial (que se licua con importaciones de energía), pero sin morigerar de forma permanente la emisión monetaria mientras se siga financiando indiscriminadamente al Tesoro. Así, siguen operando sobre los síntomas y no sobre la enfermedad: la inconsistencia de precios relativos.

¿Qué esperar en los próximos dos meses? Es muy probable que evidenciemos crecientes restricciones al turismo; una depreciación mensual del tipo de cambio algo superior a la inflación (para mejorar en el margen el atraso cambiario por la vía nominal), búsqueda de dólares "blancos" puntuales (vía Baade) ante el fracaso del dólar "negro" (Cedin), así como también algún probable cambio cosmético en el "elenco" con la intención de dar algo de oxígeno. En definitiva, establecer más parches para evitar mayores filtraciones. A más controles, más cepo.

No es un tema menor, sin embargo, que la pérdida de reservas ocurra en un marco de pobre crecimiento económico. Éste es un gobierno que no va a dejar que se ajuste enteramente por actividad. Ahí es donde veremos la dosis de populismo correspondiente en un frente real que opera con motores extenuados (consumo de familias deteriorado por la primer caída del salario real en un lustro y un sector externo asfixiado); presión salarial aún en un mercado de trabajo que crea poco empleo, y por último un sector privado presionado por múltiples canales que deja afuera cualquier expectativa de inversión voluntaria.

Hacia adelante primará entonces la supervivencia ante el inicio concreto del fin de un ciclo. Esto se traduce en términos políticos y económicos, en un "relato" que se acomodará a la realidad cuando se lo crea necesario quedando fuera de toda consideración un enfoque integral para resolver los problemas que aquejan a nuestro país. No se poseen mayores incentivos para ordenar y calibrar la macroeconomía, por lo cual se tratará de dejarlo en manos del próximo gobierno.

En este sentido, el recorrido estará signado por un marcado deterioro: elevada (y creciente) inflación, estancamiento económico y del empleo, reservas que continúan en caída y una brecha cambiaria en alza, producto de la creciente presión cambiaria, que, por ahora, no deriva en crisis. Sobre este último punto girará el centro de la política económica.

Descartando cualquier levantamiento del cepo cambiario en este horizonte, habrá por seguro una respuesta puntual en este frente. ¿Pinceladas de pragmatismo o de populismo? ¿Raciona por precio o por cantidad? Todo es posible. No obstante, cuando el manejo económico tiene nula credibilidad, hasta una idea beneficiosa desde el punto de vista técnico puede tener malos resultados, y más, si se la aplica en soledad y no en el marco de un programa económico integral.

Por el contrario, una estrategia que revierta expectativas y recupere credibilidad, debería ser el primer paso ineludible de cualquier estrategia. Luego, trabajar sobre la generación de oferta de divisas para que retornen voluntariamente los dólares al país que hoy se invierten en otros países de la región.

En el mediano plazo, la Argentina sigue ofreciendo oportunidades y su potencial se encuentra intacto. Si pensamos que estamos en un camino hacia la "normalización" en el manejo de la política económica y de la vida cotidiana de los argentinos, la promesa de lo nuevo, nos dará el impulso que necesitamos.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.