
Massera, una heladería que espera interesados
Tras más de 70 años en el mercado, se presentó en quiebra
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En poco menos de un mes se decidirá la suerte de Massera, tradicional elaboradora de helados, con más de 70 años en la actividad desde la ciudad bonaerense de Luján, que el 12 de septiembre último pidió su propia quiebra. En estos días, el síndico, Enrique Kiperman, regresa de una gira por el exterior, donde publicó varios avisos en los principales medios internacionales, tales como el Financial Times, en procura de encontrar interesados en la licitación pública de la compañía, que sale a venta en funcionamiento y con una base de US$ 15,7 millones, a partir del 20 del mes próximo.
Fundada a principios de la década del 30 por Angel José Massera y su esposa, quienes se iniciaron con una pequeña confitería donde vendían, entre otros productos, helados que ellos elaboraban, la empresa se fue consolidando. Durante la primera mitad de la década del 80, la compañía terminó de afirmarse en el mercado de los helados con la apertura de bocas de expendio al público que, entre propias y franquiciadas, alcanzó el centenar de locales. Tras varios cambios societarios, en 1995 se consolidó con la denominación Massera SA, y comenzó un agresivo plan de expansión, con la compra de otras empresas del rubro helado y alimentario, tales como Dolce Neve, Dolce Pasti, Soppelia, Sweeten (Córdoba), Crema Crema, Heladerías Fidelio, Alimentos Ecológicos, Vito, Industrias Alimenticias Bosch, Dolce Agro y Peñas Negras, además de las operaciones que realizó en Uruguay, Brasil y otros mercados del exterior.
A partir de 1995, dejó de ser netamente familiar, al vender parte de sus acciones a inversores ajenos al negocio, entre ellos Miguel Angel Mattera y Ricardo Miyazono, hasta que, en 1999, se incorporó como accionista la sociedad inversora JP Morgan Global Capital Limited, con sede en las Bahamas, que adquirió las tenencias de Mattera y a la fecha de la presentación en concurso preventivo era propietaria de casi el 23% del paquete, mientras Miyazono contaba con el 77% restante.
Entre los factores invocados como causa de la debacle se encuentran la devaluación del real en Brasil y la competencia de los supermercados, en una puja que se centró en la reducción de precios de venta, incremento de las bonificaciones y, finalmente alargamiento de los plazos de financiación para el pago de facturas. En 1999, Massera facturó alrededor de $ 40 millones, con una participación en el mercado de entre el 16 y el 20 por ciento.
De dos informes realizados por la consultora Price Waterhouse Coopers, por pedido del JP Morgan, uno en julio de 1997 y otro en diciembre último, surgen irregularidades contables y administrativas. El informe del síndico de la quiebra señala causas estructurales como desencadenantes de la situación de desequilibrio, entre ellas la inexistencia de capital de trabajo, virtual abandono de los negocios sociales y la situación de las empresas vinculadas. También se indica que los asientos contables de 1999 y parte del respaldo documental desaparecieron.
Un ingrediente más al conflicto lo agregó Mattera, antiguo accionista, que promovió una demanda de extensión de quiebra contra el JP Morgan, al alegar que el fondo de inversión tenía una "clara radiografía" de la empresa a la hora de invertir, a la vez que señala que, pese a que tenía una participación minoritaria en la sociedad, en realidad era la controlante de la empresa.
Actualmente, el titular del juzgado nacional de primera instancia en lo comercial N° 18, Javier Fernández Moores, autorizó, previa licitación que ganó la firma Dacal, el alquiler de la planta, los rodados y parte de los locales a un tercero, que contrató a un tercio del millar de trabajadores de Massera, y por un lapso de 6 meses, para la explotación del negocio.





