
Milo Locket, un pintor best seller
En el Foro del Llao Llao, el coleccionista y empresario Eduardo Costantini contó ante una audiencia formada por exitosos entrepreneurs a cuándo había comprado su primer cuadro, cómo se había equivocado y cuánto había aprendido con el tiempo. Nadie nace sabiendo y siempre hay una puerta de entrada al arte. En el caso de Costantini, fue por años su consejero y amigo Ricardo Esteves, quien le señaló el camino. Otros, la mayoría, quedan flechados por una imagen que les gusta… y allá van.
Mi sobrino Marcos compró su primer cuadro en arteBA: un Milo Locket de 1000 pesos. Milo es el mayor fenómeno del mercado de arte en la Argentina del siglo XXI. Nadie ha vendido jamás tantos cuadros como él ni encarado las audaces operaciones de marketing que pone en marcha. Pintó latas para Café Cabrales y una serie para los 150 años de Bagley que se agotó en el acto.
En este momento tiene entre manos una serie de almohadones para Arredo que están sobrevendidos. Hay lista de espera. Lo mismo sucede con una serie promocional de 1000 obras de 30 x 30 que venderá por 1000 pesos. También hay lista de espera. Antes de ser pintor fue empresario y como pintor se mueve como empresario. Vende barato a mucha gente y ha creado una imagen inconfundible. Un chico de 6 años ve su obra y dice: "Mirá, es Milo Locket". Lo mismo pasa con el coleccionista de Santa Bárbara, que hace tres días eligió un cuadro para su casa de la costa oeste. Es un best seller transversal y democrático, cree que la pintura debe ser para todos y que su target son los chicos de 5 y los jóvenes de 30. También tiene legiones de críticos que consideran lo suyo fácil y comercial. Ninguno de los dos adjetivos le preocupa.
El mes último fue invitado por los estudiantes de Harvard para participar del Seminario 2030. Único artista en el encuentro, lo esperaban en la puerta 16 personas que querían conocerlo. En ese ámbito académico levantó la voz para hablar de las dos cosas que más le preocupan: la educación y el narcotráfico. Ahora pinta con los chicos de una escuela de Villa Ballester un mural de 70 metros. Siente que los está salvando de algo.
Fue descubierto por la galerista Teresa Anchorena en una plaza de Chaco y debutó en arteBA en 2006. Resultó tan fenomenal el éxito, que ni él mismo lo pudo resistir. Se fue dos días antes de que terminara la feria. Vendió más que nadie en todas las ediciones siguientes, hasta 2009, cuando vendió 105 obras en tres días. Sus papeles seguían costando 1000 pesos, tenía pinturas más caras y una pléyade de compradores. La clave del éxito está en un mix de bajo precio e imagen reconocible. Una marca. O un hábil grafitero que ha mirado con atención la obra de Jean Michel Basquiat.
Tiene su propio espacio de arte y no firma exclusividad con ninguna galería. Sigue pintando sobre papel común y ha incorporado el cartón encapado que se usa para las cajas de medicamentos. Sus telas pueden costar 60 y 70.000 pesos, y asegura que todas tienen comprador.
Viajó a Corea con la galería Mundo Nuevo y le vendió a los coreanos, durante su estada en Harvard cosechó nuevos clientes y piensa exponer el año próximo en Panamá, la nueva Miami. Su caso despierta las más acaloradas discusiones y pocos le perdonan que haya encontrado una fórmula para vender cuadros en un mercado anémico. Su próximo proyecto se llama Estampando la geografía. Será una cruzada pictórica por toda la Argentina: de Cachi a Tierra del Fuego, con escala en el Aconcagua para pintar en Plaza de Mulas.





