
Monsanto inauguró una planta de agroquímicos
Servirá para abastecer al mercado local y países limítrofes
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Pese a la crítica situación por la que atraviesa el sector agropecuario, con una baja rentabilidad y un elevado endeudamiento de los pequeños productores, las compañías multinacionales siguen apostando al futuro del campo argentino en el mediano plazo.
Con una inversión de 136 millones de dólares, que se desarrolló en un lapso de tres años, Monsanto inauguró ayer en Zárate una planta para elaborar glifosato, un herbicida que se aplica a la soja, el principal cultivo del país. La obra permitirá dar trabajo a 300 personas en forma directa e indirecta.
En el acto participaron la secretaria de Energía, Débora Giorgi, en representación del presidente Fernando de la Rúa; el secretario de Agricultura, Antonio Berhongaray; autoridades locales y empresarios del sector.
La nueva fábrica le permitirá a Monsanto producir el herbicida en forma sólida en vez de líquida y evitar la importación del principio químico básico. Además de abastecer el mercado local, en el que ya posee el 80%, la compañía de origen norteamericano prevé realizar exportaciones a Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Colombia por unos 35 millones de dólares anuales.
Los planes de crecimiento se asientan sobre las estimaciones de los analistas del mercado de granos, que prevén que la próxima cosecha de soja alcanzará un nuevo récord, de 24 millones de toneladas.
Sin embargo, eso no significa que los productores agropecuarios atraviesen por una situación holgada. De hecho, Monsanto, como otras compañías de insumos agropecuarios, cumple el papel de financiar a los hombres de campo. Y, según señaló el presidente de Monsanto, Carlos Popik, eso significa que están ocupando el lugar que los bancos dejan vacante por las elevadas tasas de interés que solicitan. "Nosotros financiamos mucho más que los bancos estatales y privados", opinó.
Esa distorsión contribuye a incrementar el nivel de endeudamiento del sector agropecuario. Según admitió Popik, Monsanto tiene unos 400 millones de dólares por cobrar. Si bien dijo que la morosidad no sobrepasa el uno por ciento, la situación general afecta a los pequeños productores y pone en riesgo la cadena de pagos en este segmento.
Durante el acto, Berhongaray expresó que la biotecnología "está para quedarse". La declaración pareció una fuerte definición política ante los recientes cuestionamientos de la organización ecologista Greenpeace de los productos genéticamente modificados. Sin embargo, el secretario de Agricultura sostuvo que el Gobierno actúa con una "prudencia tremenda" en la aprobación de nuevas semillas transgénicas.
Si bien el presidente de Monsanto también se manifestó en favor de la cautela en este ámbito, opinó que la Argentina no puede desaprovechar los avances realizados en el uso de la biotecnología en la agricultura. "Permitió un ingreso de divisas al país por 2500 millones de dólares", recordó.
No obstante, reconoció que las campañas de información sobre biotecnología "comenzaron tarde, y parte de la culpa la tiene Monsanto", según dijo.
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