Lo importante no es reperfilar deuda, sino generar superávit fiscal

La gran tarea que tiene por delante el país es lograr disciplinar sus cuentas
Jorge Colina
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15 de septiembre de 2019  

El "reperfilamiento" de la deuda pública anunciado por el Gobierno, que consiste en proponer amistosamente a los acreedores diferir los pagos de deuda respetando capital e intereses, genera optimismo. Seguramente que ante la alternativa de un default como el de 2002, lo decidido ahora parece una mejor solución. Fundamentalmente, el optimismo se basa en el hecho de que quien inventó una salida de este tipo fue Uruguay en 2003, para evitar un default desordenado como el que había hecho la Argentina un año antes. Y a partir de allí, le fue bastante bien.

Desde el año 2003 hasta hoy, de hecho, Uruguay no ha parado de crecer. Su economía viene avanzando a una tasa promedio anual de 4,8% en los últimos 15 años. Tiene una inflación baja y controlada, que permitió que la pobreza pasara de 40% en 2003 a 8% en la actualidad. Si la Argentina hubiera tenido ese desempeño, hoy tendría un Producto Bruto Interno (PBI) per cápita un 20% superior al que tiene y una tasa de pobreza de un dígito. Pero, ¿fue el "reperfilamiento" el que le produjo tan buenos resultados?

Para responder el interrogante hay que mirar las cuentas públicas de Uruguay. Aquí aparece que entre 2003 y 2013 los uruguayos generaron todos los años un superávit fiscal primario del orden de 1,8% del PBI, promedio anual. A partir de 2013 oscila alrededor de un déficit cero. Estos datos muestran que lo central de tener un buen desempeño, en términos de crecimiento con baja inflación, no fue el "reperfilamiento", sino la disciplina fiscal para generar superávits primarios sustentables que permitan cumplir con los postergados pagos de deuda pública.

Aquí es donde surgen las dudas en el caso de la Argentina. Porque parecería que tanto el oficialismo como la oposición que tiene muchas chances de ser gobierno consideran que con "reperfilar" ya está, que con eso se soluciona todo. La realidad es que solo comienza el mayor desafío: generar superávits primarios sostenidos por varios años. Esto significa que las expectativas de que con un cambio de gobierno la gente volverá a tener dinero en el bolsillo, las pymes accederán a crédito barato y los subsidios a las tarifas serán restablecidos, se van a ver frustrados.

La Argentina tiene que empezar a pensar en cómo ordenar el Estado para que la inapelable necesidad de generar superávit primarios no se haga con los ajustes tradicionales, que ya mostraron su fracaso. Esto queda al desnudo cuando se observa que, con el programa de déficit cero adoptado este año, se había logrado al primer semestre de 2019 un superávit primario de tan solo 0,3% del PBI, con muchas dudas sobre su sostenibilidad. De hecho, después de las PASO el objetivo fue postergado.

Tres temas tienen que ser revisados para equilibrar estructuralmente al Estado. El primero tiene que ver con unificar los impuestos nacionales, provinciales y municipales, con el objetivo de bajar la presión impositiva manteniendo la recaudación, sobre la base de una simplificación.

El segundo es la eliminación de organismos y programas nacionales (de salud, educación, desarrollo social, vivienda, urbanismo) que se superponen con roles provinciales. Cuando la Nación pretende "ayudar" a las provincias duplica gasto público sin solucionar los problemas de mala gestión social local. Y el tercer aspecto es la reforma previsional, para dar sustentabilidad con equidad. Esto implica eliminar la posibilidad de generar doble cobertura con la duplicación de la jubilación más la pensión, cerrar definitivamente las moratorias que quedarían reemplazadas con la ya vigente Pensión Universal para Adulto Mayor y terminar con los regímenes especiales o de privilegio, que jubilan gente antes, con menos aportes y/o con mayores beneficios que el régimen general.

El autor es economista de Idesa

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