
Oro en la Patagonia
Comenzó el lunes la producción en Cerro Vanguardia.
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CERRO VANGUARDIA, Santa Cruz.- A las 16.40 del lunes último, en el desolado centro de la meseta santacruceña, el desierto se convirtió en oro.
Y no es el caso de una figura literaria. Se trataba, en cambio, de la principal noticia de la Argentina de ese día, aunque no haya merecido ni una línea en los diarios o un comentario de dirigentes políticos o económicos, ya sea por desconocimiento del hecho o porque el lugar es hoy tan aislado y lejano de Buenos Aires como lo era Comodoro Rivadavia cuando se descubrió petróleo.
Un hilo de metal dorado incandescente comenzó a surgir del horno, a 800 grados de temperatura, en la primer colada de oro y plata de la gigantesca mina Cerro Vanguardia, y una imperceptible emoción se apoderó de técnicos y operarios que veían el comienzo de lo que puede ser un nuevo futuro minero para toda la región patagónica.
Poco más tarde, ya enfriado y solidificado el mineral, tomó forma el primer lingote de oro y plata -denominado doré en la jerga minera internacional- en el cual se estampó el número 0000 y las siglas CVSA (Cerro Vanguardia Sociedad Anónima). Esa pieza de unos 20 kilos y unos 15.000 dólares de valor, a precios de mercado, quedará en la empresa como recuerdo del gran comienzo de septiembre de 1998. Los restantes lingotes se encaminarán hacia Suiza, donde se efectuará el refinado final que separa la plata del oro.
Brindis justificado
El gerente general de Operaciones de Cerro Vanguardia, el ingeniero brasileño Luiz Afonso Cornuth, invitó entonces a una excepcional copa de champagne para celebrar el momento. Será la primera y última vez que se descorche una botella semejante en el interior de la mina, ya que vinos, cervezas o cualquier bebida alcohólica están estrictamente prohibidas en el interior del gigantesco predio de 50.000 hectáreas.
La excepción se justificaba. Tras seis años de estudios y un año de construcción, la empresa constituida a medias por el grupo Perez Companc y por el gigante sudafricano Minorco, número uno del mundo minero, había llegado por fin a su día clave.
Una inversión de 275 millones de dólares -la segunda obra minera en importancia en el país, tras el megaproyecto de Bajo la Alumbrera- producirá, a partir de esta semana, unos 20 kilos de oro junto con 200 kilos de plata por día. Una vez alcanzada la velocidad de crucero de producción, unas 20 coladas por día, la mina Cerro Vanguardia entregará unas 10 toneladas de oro/año y un máximo de 150 toneladas de plata/año.
Al cabo de los primeros 15 años de producción, plazo estimado para agotar las 17 vetas de oro y plata en proceso, la empresa habrá generado unos 1100 millones de dólares de ventas, estimados al valor actual de mercado del oro y la plata, que se encuentran hoy en un bajo nivel histórico. Los principales compradores de oro son los clientes asiáticos y árabes, hoy contenidos por la crisis financiera internacional.
Las posibilidades pueden ser, sin embargo, más atractivas aún. Hay 67 vetas identificadas, sobre 142 kilómetros de recorrido y, según el geólogo chileno Hernán Sanhueza, "no hay un enjambre de vetas igual en el mundo ni a tan baja altura, o sea muy accesible para extraer y transportar". Junto con otro especialista chileno, el ingeniero Alfonso Videgain Santiago, consideran que "toda la cordillera es, en realidad, una reserva de oro, plata y cobre".
Como el petróleo
El hallazgo que convertirá a Santa Cruz en un gran polo minero se parece al descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia en 1907.
Así como entonces apareció petróleo cuando se hacían perforaciones en busca de agua, en Cerro Vanguardia apareció el oro, en 1975, cuando unos geólogos de la Secretaría de Minería exploraban la región en busca de baritina, una especie de barro pesado que se utiliza en la extracción de petróleo. Al sacar muestras de esa zona particularmente árida de la meseta patagónica, la observación determinó que en lugar de baritina abundaban el oro y la plata.
Durante varios años el descubrimiento sólo tuvo valor científico. La legislación minera argentina, particularmente desalentadora de los esfuerzos de inversión privada, mantuvo en vida latente esa riqueza potencia. Sólo a partir de la desregulación minera puesta en marcha en 1991, que admitió la figura de la concesión a inversores privados, se produjo el gran cambio que hoy puede hacer de la Argentina un país minero.
Perez Companc y Minorco se asociaron así con la entidad oficial santacruceña Fomicruz (46,25% cada grupo privado y 7,5% Fomicruz) para comenzar la tarea de exploración y diseño de la planta minera en lo que era, hasta entonces, una estancia agropecuaria de la familia Riera, de San Julián.
Como suele suceder con el código minero argentino -que hereda la concepción colonial según la cual el subsuelo pertenecía al rey, hoy al Estado- los propietarios de una estancia en la que se descubren minerales, sea oro, petróleo o uranio, sufren en ese momento la peor de las noticias. Su tierra será expropiada y deberán abandonarla.
Eso es lo que sucedió con la familia Riera, que cuestionó, en el primer momento, la indemnización propuesta por la provincia. Los inversores privados propusieron, sin embargo, hacerse cargo de una compensación mayor y así llegaron a un acuerdo extrajudicial con los ex propietarios.
Del pasado agrario queda hoy sólo el viejo casco. El resto, hervidero de actividad industrial, es hoy una gigantesca cantera en la que transitan camiones de 80 toneladas, enormes grúas e instalaciones donde se trabaja día y noche en una imagen casi fantasmagórica de lo que puede ser una Patagonia minera del futuro próximo.
Mina Mercosur
Bajo los cascos comunes a directivos, técnicos u operarios se perciben expresiones y acentos de diversos países. Inconfundibles entonaciones chilenas y brasileñas indican claramente que la experiencia minera que casi no existe en la Argentina proviene hoy de los países vecinos del Mercosur.
El entrenamiento y la experiencia parecen adquirirse con rapidez. Según explica el geólogo Sanhueza, "la mayoría de los contratados son jóvenes con educación secundaria de la provincia de Santa Cruz cuya adaptación es superior a lo previsto. Recibieron un curso de minería básica y operan ya con gran eficiencia".
La puesta en marcha de la fábrica se produjo con precisión casi matemática: sólo seis días de diferencia con la fecha originalmente establecida.
De la meseta al lingote dorado
CERROVANGUARDIA (Enviado especial).- Se necesitan muchas toneladas de mineral para obtener unos pocos gramos de oro y plata.
Para ser exactos, la proporción es la siguiente: se obtienen 10 gramos de oro por cada tonelada extraída de la tierra. Es lo que se denomina, en el lenguaje minero, la ley de ese yacimiento. Como comparación, en Bajo la Alumbrera se obtiene sólo 0,5 gramo de oro por cada tonelada, aunque allí la producción principal es el cobre.
Esquemáticamente, el proceso de producción es el siguiente: 1) Tras detectar las vetas, se abren trincheras en la tierra con el uso de explosivos.
2) Las 1800 toneladas diarias de piedras extraídas (un movimiento de 650.000 toneladas al año) pasan por una primera trituración, y pasan luego a un proceso químico en el cual se agrega cal y cianuro de sodio.
3) En otra etapa principal, el mineral ingresa en un cilindro donde todo el mineral se reduce a un polvillo por la molienda con bolas de acero.
4) El polvillo resultante se acumula en una planta recubierta por un gigantesco domo de aluminio, similar al de un estadio cubierto, que protege la dispersión del viento de la zona.
5) Por último, el polvillo con alta proporción de oro y plata ingresa en el horno que, a 1200 grados, producirá la colada final.
6) Una vez recogida la colada, el conjunto de oro y plata líquida se vuelca en lingoteras que le darán la forma definitiva.
7) Cada lingote de oro y plata -doré en la jerga minera- recibe un número y se guarda en una caja fuerte antes de la refinación final, en Suiza.





