
Para desmantelar el prejuicio en la oficina
Los preconceptos son nocivos y para acabar con ellos primero hay que entender su origen
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Hay un chiste muy popular recomendando un método rápido y eficaz para enfrentar la selección de personal. Consigna: poner cien ladrillos con algún orden particular en un cuarto cerrado que tenga una gran ventana abierta. Enviar de tres a cuatro candidatos al cuarto, dejarlos solos, cerrar la puerta y regresar en seis horas:
1) Si están contando los ladrillos, van al área de contabilidad. 2) Si los están recontando, en auditoría. 3) Si están acomodando los ladrillos de un modo raro, a proyectos. 4) Si han vuelto un desmadre el lugar y no supieron qué hacer con los ladrillos, van a ingeniería. 5) Si están tirando, rompiendo y escondiendo los ladrillos rotos, a producción. 6) Si están durmiendo y no han movido los ladrillos, póngalos en seguridad. 7) Si están llevando y trayendo los ladrillos por el cuarto, a logística. 8) Si están sentados sin hacer nada y no tienen ni idea de para qué son los ladrillos, a Recursos Humanos. 9) Si dicen que han probado varias formas de acomodarlos, pero en realidad no han movido ni un solo ladrillo, a Sistemas. 10) Si rompieron los ladrillos en pedacitos y tratan de arreglarlos, van a mantenimiento. 11) Si mienten en la cantidad de ladrillos que hay, son para compras. 12) Si están planeando alguna estrategia para acomodar los ladrillos, a almacenes. 13) Si movieron los ladrillos, no los situaron bien y se echan la culpa unos a otros, van a Calidad. 14) Si están proponiendo métodos para guardarlos o su utilización y se pelean con todas las áreas, van al Departamento Jurídico. Pero lo más importante: si sólo están mirando por la ventana y hablando por el celular, ¡que sean jefes!
Algunos de los que ejercen las posiciones nombradas se sentirán ofendidos, otros halagados y habrá también aquellos que se identificarán con la descripción que se hace de su actividad. De todos modos, es injusto resumir en una frase todo el abanico de vocaciones que se desarrollan en la mayoría de los casos con mucha conciencia y esfuerzo.
La extensa bufonada es, sin duda, un catálogo de prejuicios acumulados por un autor anónimo con experiencia en empresas medianas y grandes. Pero reconozcamos que el humor es una de las señales más reveladoras de cómo podemos ser considerados, y qué se espera de cada una de las profesiones, aun antes de ejercerlas. Esas descripciones mordaces tienen ventajas similares a las de las caricaturas, donde se ponen de relieve los rasgos más destacados: una nariz grande, una calvicie disimulada, expresiones duras, o cualquier otra característica relevante del personaje en cuestión.
En este aspecto es muy útil si evitáramos a la vez los prejuicios propios y los rechazáramos de plano, insistiendo en parecer lo que queremos ser sin tener en cuenta cómo nos ven. ¿Cómo encontrar la utilidad? Identificando el punto de partida. Si el preconcepto es negativo, como en el caso de Recursos Humanos, Sistemas, Calidad o Compras, entre otros, habrá que remontar la cuesta hasta lograr el respeto de los pares y toda la organización.
Desmantelar los prejuicios es una de las tareas más duras por emprender, pero primero debemos enterarnos de cómo están configurados. Por eso mismo, el humor es una vía rápida para conocer en qué ámbito desventajoso nos colocan y, a partir de allí, trabajar lo que sea necesario para demostrar que se han equivocado.





