
Para la Argentina, conseguir el "investment grade" será la meta del 2000
El esfuerzo fiscal del Gobierno puede ser inútil si los inversores y las calificadoras de riesgo no perciben el país como un mercado seguro; el principal objetivo oficial, entonces, debería ser lograr el "grado de inversión", que reactivaría la economía por la baja en el costo del crédito.
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Todos los economistas coinciden en afirmar que obtener la calificación que ratifica que los bonos de un determinado país ya no poseen riesgo especulativo será de crucial importancia para la Argentina en los próximos dos años. Pero al subrayar la relevancia de esta meta, pocos son tan categóricos como Adolfo Sturzenegger.
"Lograr el investment grade o grado de inversión (ser un país confiable para los capitales extranjeros y nacionales) debería ser una política de Estado -sostuvo-; es necesario analizar todas las variables que las agencias calificadoras usan para determinar nuestro riesgo soberano y armar un programa fiscal, financiero, de competitividad y de exportaciones que apunte a cumplir con ellas en el menor tiempo posible." Hasta ahora, dice Sturzenegger, la Argentina no realizó un esfuerzo sistemático en ese sentido.
Sturzenegger no es el único que piensa que éste es el gran debate ausente en la agenda económica de nuestros días, sacudida por las olas de la cuestión fiscal y las pujas sectoriales. "Sin investment grade, el esfuerzo fiscal del Gobierno podría terminar siendo un sacrificio inútil -alertó José Carlos Jaime, presidente de Seguro de Depósitos (Sedesa), la sociedad anónima integrada por aportes del sistema financiero, que reemplazó al Banco Central como prestamista de última instancia-; equivocar el eje del debate puede llevarnos a una nueva frustración."
La recalificación de la deuda argentina -que está a un escalón de distancia del preciado grado de inversión (ver página 5)- fue también el tema central del almuerzo que reunió a Lawrence Summers, Carlos Fedrigotti, Manuel Sacerdote, Juan Navarro, José Luis Machinea, Adalberto Rodríguez Giavarini, Ricardo López Murphy, Juan José Llach y Beatriz Nofal durante la fugaz visita del secretario del Tesoro norteamericano al país, en diciembre último.
La Argentina, en capilla
Se trata, en definitiva, de rendir un examen. De hecho, las letras que las agencias calificadoras emplean para medir la capacidad que un país tiene de pagar en término el capital y los intereses de su deuda y el riesgo de que no cumpla con esas obligaciones provienen del sistema de calificación escolar norteamericano.
Que la prioridad de la política económica de una nación sea satisfacer a un reducido grupo de expertos extranjeros puede sonar como una claudicación de soberanía. Pero el precio de no hacerlo, para un país que en el 2000 necesita pedir prestados al menos US$ 20.000 millones, es demasiado alto.
El riesgo soberano de la Argentina es el telón de fondo de algunos de los principales conflictos que agitan al empresariado local. "Al no ser investment grade, los bonos argentinos pagan un interés mayor, y esta sobretasa determina el piso del costo del dinero en el mercado financiero local", explicó Eduardo Rodríguez Diez, de la Fundación Capital. El costo y la escasez del crédito es precisamente el núcleo de la polémica que desde hace meses enfrenta al Grupo Productivo con la banca.
Al mismo tiempo, la voraz necesidad de financiamiento del Estado provoca el denominado efecto crowding out, al succionar recursos que de otro modo estarían disponibles para el sector privado. Este efecto agrava la situación de los grandes grupos económicos, que sufren la restricción del mercado internacional de capitales; de las Pyme, que virtualmente no pueden pedir un crédito, y de la economía en su conjunto, que aún no se recupera de la devaluación brasileña.
"La caída del riesgo soberano reactivará la economía", afirmó Julio Nogués, ex subsecretario de Programación Macroeconómica durante la gestión de Roque Fernández y autor, junto con el economista Martín Grandes, de un paper sobre este tema. "En principio bajaría la tasa activa de corto plazo para las grandes empresas, pero en el mediano y en el largo plazo todas las tasas deberían bajar, con el consiguiente impacto positivo sobre el empleo y el crecimiento", señaló Grandes.
Tener en claro las ventajas que podrían derivarse del investment grade y el costo de las soluciones parciales es un correctivo para tentaciones proteccionistas. "Salvar industrias ineficientes con restricciones que afectan a las exportaciones e importaciones es inconsistente con el esfuerzo que está haciendo el grueso de la sociedad argentina", enfatizó Sturzenegger.
Existen por lo menos 25 ítem que las principales calificadoras -básicamente, Standard & Poor´s y Moody´s, a las que se suman Duff & Phelps y Fitch-Ibca- consideran al evaluar riesgo soberano. Muchos no aluden a cuestiones económicas, sino institucionales: efectividad en la lucha contra la corrupción, seguridad jurídica, calidad de la administración pública, conflictos diplomáticos y comerciales con países vecinos o consenso sobre los objetivos de largo plazo de la política económica. "Las declaraciones extemporáneas de políticos o empresarios afectan más el riesgo soberano que la circunstancial caída de un indicador económico", advirtió Nogués.
En sus road-shows, las administraciones económicas de los últimos años hicieron más hincapié en los logros de la convertibilidad que en las variables monitoreadas por las calificadoras; en algún caso cuestionaron incluso la eficacia de esas compañías y de su personal.
Por cierto, las agencias de riesgo distan de ser infalibles, como quedó demostrado en las recientes crisis internacionales. "Hay aspectos metodológicos discutibles, como la definición de deuda externa en un país con tipo de cambio fijado al dólar o el excesivo énfasis en la relación entre servicio de la deuda y exportaciones -opinó Sturzenegger-, pero tratar estas diferencias con las agencias en buenos términos es mucho más productivo que acusarlas de inútiles." Con este mismo objetivo, Jaime propone crear una comisión ad hoc. Esto es lo que hizo Uruguay. Tan mal no le fue.
Qué hice yo para merecer esto
¿Por qué hay países que, a pesar de tener una deuda pública mayor que la Argentina, como Italia o Bélgica, son investment grade? A nadie le sorprende que Chile, con dos décadas de gestión macroeconómica consistente, posea la mejor calificación de deuda del Cono Sur. Pero algunos analistas, empresarios y políticos sienten como un agravio nacional el hecho de qu,e después de casi diez años de convertibilidad y reformas estructurales, a nuestro país le siga siendo esquiva una calificación que Colombia, China, Filipinas, Polonia o Uruguay ya consiguieron. "Los esfuerzos han sido enormes, pero la situación inicial, por las políticas erróneas de tantos años, era muy mala", justificó John Chambers, manager director del Sovereign Rating Committee de Standard & Poor´s.
Y es que a la Argentina, como a la protagonista de aquella vieja película, la condena su pasado. "El mayor problema es nuestra historia y las tendencias de los últimos años, particularmente el crecimiento de la deuda pública y del déficit fiscal", reconoció Daniel Marx, subsecretario de Financiamiento. Por eso, el "track record", o seguimiento que garantice la continuidad de las medidas económicas, puede demandar entre dos y tres años.
Pero hay indicadores negativos que no dependen de la falta de disciplina fiscal, sino de limitaciones estructurales, como la relación deuda/exportaciones, que es una de las más altas del mundo. Hoy, las obligaciones del país representan el 495,39% de sus ventas al exterior.
"Mejorar las cuentas fiscales es sólo la mitad del problema -consideró Nogués-; la otra mitad son las trabas de la economía real, como el freno para la expansión de las exportaciones." Pero la solución de este problema parece estar todavía muy lejos.






