Por primera vez en la historia se fabrican copas de pie mediante un proceso industrial en la Argentina

La tradicional empresa Rigolleau invirtió US$ 2 millones en la compra de máquinas especiales para este tipo de artículos; hasta ahora se importaban o se producían de modo artesanal en otras cristalerías nacionales
Carlos Manzoni
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30 de agosto de 2015  

Hace sólo un año y un mes que en la Argentina se puede brindar con copas provenientes de un proceso industrial local: por primera vez en la historia se producen bajo esos estándares en el país, de la mano de la empresa Rigolleau. Hasta ese momento, la demanda era cubierta por la importación, principalmente de Colombia, México y Brasil, y por las elaboradas bajo un método tradicional de soplado de vidrio, llevado a cabo por firmas como San Carlos, El Progreso y San Ignacio.

Desde que se lanzó este proyecto productivo se han fabricado ocho millones de unidades que han sido volcadas al mercado. Se trata de un segmento de copas para consumo masivo, que se venden en comercios minoristas y grandes superficies de supermercados a un precio promedio de 25 pesos cada una.

"Vimos una oportunidad de sustitución de importaciones, porque sabíamos que el mercado tenía una demanda importante que sólo era abastecida con productos de afuera –cuenta Oscar Garay, gerente comercial de Rigolleau–. Tomamos la decisión por una cuestión aspiracional, porque somos líderes en el mercado y es un segmento atractivo."

La empresa tiene una capacidad de producción de 70.000 copas diarias, un volumen que las convierte en unidades industriales. Como Rigolleau fabricaba ya otros artículos, como fuentes, bols, ensaladeras, platos, vasos y copas de pie bajo, parte de la inversión ya estaba hecha, pero igualmente debieron desembolsar US$ 2 millones para comprar nuevas máquinas especiales, básicamente stretching (estiradoras).

¿Cómo se fabrica una copa? Arena y cuarzo se meten adentro de un horno de 150 toneladas, ahí se funde a alta temperatura, eso se transforma en una gota que va a un molde que la transforma en el producto (vaso, copa o plato), después va a un archa –un recipiente que contiene el vidrio– de recocido para equipar las tensiones y darle al final del proceso las características finales en cuanto a templanza y dureza. "Para la copa de pie hay un paso antes del requemado, que es el estiramiento. Las temperaturas de fundición son 1600 grados y el archa trabaja a 500 grados. De ahí el producto sale a temperatura ambiente", acota Garay.

Dentro del esquema de producción, el reciclado es muy importante a la hora de fabricar, porque se alimenta al horno con lo mismo que salió de él. "Nuestros niveles de reciclado están en el 50%, del que nos abastecemos de diferentes vendedores. Generamos vidrio roto en el proceso mismo, lo que se conoce como scrap", comenta Garay.

El ejecutivo dice que Rigolleau es la única fábrica con tanta diversificación en cuanto a segmentos de mercado atendidos. "El 70% de nuestra facturación viene del segmento de envases y el 30%, del segmento hogar, en el que están las copas. Dentro del 70% de envases atendemos bebidas, alimentos, medicamentos y cosméticos. Y dentro de lo que es hogar atendemos con vajilla (fuentes, bols, ensaladeras, platos, vasos y copas de pie bajo y alto). Hay tres formatos de copa de pie: agua, vino y champagne", detalla.

La forma de comercialización es por distribuidores, para el canal minorista, y en forma directa, para grandes superficies. El resto del mercado local, de copas de alta gama o para determinados nichos, como el de los sommeliers o ciertos restaurantes, se cubre con importación.

Rigolleau se inicia en la Argentina en 1882. León Rigolleau, su fundador, vino de Francia muy joven y a los 17 años empezó con lo que es el negocio del vidrio, algo que fue tomando impulso con el paso de los años. Es una empresa que factura más de 1000 millones de pesos por año, emplea a 900 personas en forma directa y fabrica dos millones de artículos por día. Desde 1908 cotiza en Bolsa, con lo cual tiene un directorio que responde a los accionistas.

Tal vez, en poco tiempo se pueda empezar a brindar con un nuevo tipo de copa: según confía Garay, la compañía analiza la posibilidad de fabricar otro modelo, que sería un símil copón de vino. Pero eso, por ahora, está en etapa de desarrollo.

Mojones de una empresa pionera

  • León Rigolleau adquiere una planta industrial, en la calle Belgrano 3250 de la ciudad de Buenos Aires, con el modesto objetivo de producir tinteros
  • Gastón Fourvel Rigolleau, sobrino de León Rigolleau, decide viajar a Francia para contratar el personal necesario, crisoleros formados en esta milenaria artesanía. Se agrega más tarde un grupo belga
  • Durante más de 100 años ellos o sus descendientes continuaron su labor, desde 1906 en la planta de Berazategui, provincia de Buenos Aires
  • En 1900 se producían 2000 botellas diarias, cifra que se fue elevando hasta alcanzar hacia 1970 los 500 millones de unidades. En la actualidad, la empresa fabrica dos millones de artículos por día
  • En julio de 2014, la compañía empezó a fabricar de modo industrial copas de pie, algo que en el país sólo se elaboraba de manera artesanal, es decir, mediante el soplado del vidrio

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