Reconversión a la alemana: el desafío de transformar a un gigante como Siemens

Con un inusual alto perfil, el CEO de la compañía, Joe Kaeser, se enfrenta a la tarea de impulsar un proceso de digitalización
The Economist
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5 de octubre de 2019  

Joe Kaeser es una figura inusual entre los empresarios alemanes. El hombre de negocios de 62 años está lleno de energía. Tuitea (tanto en inglés como en alemán) acerca de su preocupación por el auge de la extrema derecha en Alemania y, más atípico aún, considera que esta toma de posiciones es parte de su trabajo como capitán de la industria alemana.

La audacia de Kaeser le ha ganado amigos, pero también duros enemigos, que lo acusan de hipocresía, doble moral y cosas mucho peores. Fue ampliamente criticado por reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, poco después de su anexión de Crimea y por estrechar relaciones con los gobiernos de Arabia Saudita, China e Irán cuando están en juego grandes contratos. "La voz de la moral es flexible", fue el titular de un artículo reciente acerca de Kaeser en un diario alemán.

Kaeser Admite que los valores morales y los intereses comerciales pueden chocar. "Es un sendero estrecho el que hay que caminar -dice- pero los valores no siempre crean puestos de trabajo."

En estos días Kaeser podrá estar generando titulares por sus puntos de vista sobre el mundo. Pero su esfuerzo de seis años por fortalecer uno de los gigantes industriales de Alemania merece igual -si no mayor- atención. En concordancia con su temperamento, asumió esta tarea enorme de modo impulsivo. Cree que el éxito está cerca. ¿Es así?

Hijo de un mecánico de la baja Bavaria, ha trabajado en Siemens por 40 años. En 2013 cuando fue promovido de jefe financiero a CEO, sólo dos de las nueve divisiones del grupo -que hace de todo, desde software y equipo para tomografía hasta trenes y turbinas a gas- tenían buenos resultados. Una gran parte de las ventas eran generadas por negocios que no tenían ganancias. Kaeser adelgazó la inflada burocracia del grupo, centralizando recursos humanos y otras funciones y ordenó a los jefes de división concentrarse en desarrollar, fabricar y vender sus productos.

Para 2017 la mayor parte de la tarea pesada parecía haber concluido. Las acciones de Siemens subieron su precio a niveles que no se veían desde 2007. El directorio supervisor anticipadamente extendió el contrato de Kaeser hasta 2021.

La otra cara

Esta dieta furiosa no ha tenido por completo el efecto deseado. Desde el comienzo de 2017 Siemens ha tenido peor desempeño que la bolsa alemana y que competidores como Alstom de Francia y Philips de Holanda. En febrero la Unión Europea bloqueó la fusión propuesta de su negocio ferroviario con el de Alstom, por motivos de competencia. Kaeser está analizando alternativas, incluyendo la posibilidad de que la unidad cotice en bolsa.

Con su habitual rispidez, Kaeser achacó la angustia de los inversores a la geopolítica y a la macro economía. Recién vuelto de un viaje a China con la canciller Angela Merkel, él mismo se siente nervioso respecto de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos. "Un desacoplamiento de sistemas y estándares económicos por motivo de una agenda política sería una pesadilla", dice. Siemens tiene 33.000 empleados en China y en la actualidad es su segundo mayor mercado internacional después de los Estados Unidos.

El 18 de septiembre el directorio supervisor del grupo propuso que Michael Sen, que es parte del directorio ejecutivo, encabece el negocio de energía que pronto será vendido. También nombró a Roland Busch, el jefe de operaciones y de tecnología, como vice CEO y como aparente sucesor de Kaeser. Siendo el hombre que supervisa los negocios digitales y de automatización, Busch tiene experiencia para llevar a una Siemens más ágil a una nueva era.

Kaeser tuvo un gran período hasta 2017 y luego otro con resultados que no fueron tan buenos. Puede ser el momento de traspasar el bastón de mando. Quizás pueda probarse -junto con sus pulgares adeptos a Twitter- en la política.

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