
Récord y rubias en Nueva York
"La rubia sudamericana de blanco compró el Turner", escribió The New York Times en su portada el día después que Amalia Lacroze de Fortabat pagó US$ 7 millones por un cuadro de Turner pintado en Venecia, que hoy es la joya del museo de Puerto Madero. Julieta y su niñera se llamaba la tela, una escena familiar con vista a la Plaza de San Marcos, iluminada como sólo supo hacerlo J.M.W. Turner, el inglés que vio la luz como nadie. Durante sus años neoyorquinos, Amalia Fortabat reunió un excepcional conjunto de pinturas en un departamento ubicado en los altos del hotel Pierre, frente al Central Park, varias de las cuales tuvo que vender cuando las finanzas de Loma Negra tambalearon.
Sin saberlo, en 1980, con el récord del Turner dio el puntapié inicial al supermercado de arte, que desde entonces no paró de registrar cotas cada vez más altas al margen de la crisis de las hipotecas y de la caída del precio del crudo.
El arte marcha por su propio carril. Lo demostró Lily Safra, otra rubia millonaria, en 2015, al pagar en una histórica subasta de Christie’s US$ 179,4 millones por Mujeres de Argel, de Pablo Picasso. Es el cuadro más caro del mundo e integró la colección Victor y Sally Ganz. La pareja de coleccionistas que hizo historia sin proponérselo. Un joyero de la Quinta Avenida y una ex empleada de Macy’s atesoraron un conjunto único de picassos, cuando el malagueño no era del ranking de los más caros. Pero a ellos, les fascinaba.
El mercado del arte escribe dos historias en paralelo: los que compran por poco y toman mucho riesgo, y los que pagan récords, no corren ningún riesgo y se convierten en noticia de tapa. Amalita, Lily Safra, Ronald Lauder, el ruso Roman Abramovich, la Yasuda Company, el papelero nipón Ryoei Saito y el barón Thyssen, entre otros, integran el segundo grupo. Los Ganz, el primero. Comenzaron a comprar cuadros de Picasso después de una muestra del MoMA, sin levantar la voz. Nadie compró mejor que ellos.
En eso pensó con seguridad Lily Watkins Cohen Monteverde Bendahan Safra. Más conocida como Lily Safra, nacida Watkins, en Porto Alegre en 1938. Filántropa, miembro del board del MoMA, dueña de una fortuna nivel Forbes, tras cuatro matrimonios millonarios. A los 17 años se casó con el textilero argentino Mario Cohen, con quien tuvo tres hijos. Uno de ellos es un conocido anticuario porteño, especializado en arte oriental. Amiga de Elton John y de Camila Parker Bowles, Lily combina mecenazgo, filantropía y coleccionismo. Antes del Picasso, en 2010, se quedó con la escultura más famosa del suizo Alberto Giacometti, cuando pagó US$ 103,4 millones por El hombre que marcha, punto de partida de la escultura moderna. Para encontrar una pieza de esa calidad hay que ir a Basilea y entrar en la Fundación Beyeler, museo diseñado por Renzo Piano (Pompidou, Whitney Museum), por encargo de Ernest Beyeler, el marchand helvético que inventó la feria Art Basel y patentó una frase: "Cada vez que vendo un cuadro, compro dos". La fortuna de Lily Safra dio un salto cuando en 1976 se casó con el banquero Edmond Safra, fundador del Republican Bank of New York. Safra murió, en 1999, de manera misteriosa en un incendio en su casa de Mónaco, aparentemente provocado por su guardaespaldas. Lily fue su heredera.







