
Ronda del Milenio
Por William Marsden Para La Nación
1 minuto de lectura'
Muy pronto, precisamente el 29 del actual, ministros de 134 países miembros de la Organización Mundial del Comercio se reunirán en Seattle para una nueva ronda de negociaciones sobre el comercio internacional. Habrá mucho en juego en Seattle. Pueden llegar a obtenerse enormes beneficios a partir de la profundización del proceso de liberalización del comercio mundial. Estos beneficios favorecerán por igual a los países desarrollados y a los países en vías de desarrollo.
Los resultados generales de la Ronda Uruguay, de la que participé, fueron, sin duda, positivos. Esto no significa que haya sido un resultado perfecto. Algunos de los beneficios necesitan todavía más tiempo para concretarse. Pero se estima que, al complementarse su puesta en práctica, los acuerdos alcanzados generarán un incremento de entre 200 y 500 mil millones de dólares anuales en el ingreso global y un crecimiento de hasta un 20% en el comercio mundial.
La ronda también provocó importantes resultados en materia de reforma agrícola multilateral, a saber:
- Una reducción global de 20% de subsidios nacionales a la agricultura.
- La conversión de barreras no arancelarias en equivalentes arancelarios y una reducción promedio del 36% en aranceles y equivalentes.
- Una reducción por parte de los países desarrollados del 21% del volumen y del 36% del gasto correspondiente a exportaciones subsidiadas (14% y 24%, respectivamente, en caso de países en vías de desarrollo).
Ese ritmo debe ser mantenido. La semana última, la UE fijó su mandato para la reunión. Y en Ginebra siguen las reuniones preparatorias. Para la Argentina, el tema clave es el mayor acceso a los mercados de exportación agrícolas. Esto es parte esencial de la agenda de negociaciones de la nueva ronda y está firmemente establecido como una de las cuestiones por tratar en Seattle. El Reino Unido apoya plenamente ese objetivo. Mi país ha asumido un papel preponderante dentro de la Unión Europea en lo que hace a presionar en favor de la eliminación por etapas del presupuesto de apoyo a la producción que contempla la política agrícola común. También está presionando para obtener la disminución de los subsidios de exportación y una mayor reducción de las barreras arancelarias. La UE en su conjunto se ha comprometido a lograr verdaderos avances en este campo.
Es cierto que todavía existen algunas diferencias en cuanto al modo de alcanzar este objetivo. El Reino Unido y la UE están en favor de una ronda integral que aborde una amplia variedad de cuestiones comerciales. Por su parte, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Campbell, manifestó recientemente a La Nación que le preocupaba la perspectiva de una ronda integral, que generaría una negociación demasiado prolongada y un relegamiento de los intereses agrícolas. Yo soy más optimista. Es cierto que la Ronda Uruguay se extendió demasiado, durante ocho años, entre 1986 y 1994. Pensamos que esta vez se puede y se debe avanzar más rápido. Nuestro objetivo sería una ronda de no más de tres años. Y podemos lograrlo. No hay que olvidar que en la Ronda Uruguay ya se construyó la estructura de la OMC y que esta nueva ronda no busca una revisión exhaustiva del sistema de comercio mundial.
El lanzamiento de una ronda integral en Seattle beneficiará los intereses de todos los miembros de la OMC. Más aún, para muchos de los países en desarrollo más empobrecidos los beneficios de la reducción de aranceles al comercio agrícola son limitados. Pero el desarrollo de negociaciones sustanciales en torno de una variedad de temas proporcionará el espacio necesario para acordar las concesiones que permitirán lograr mayores avances en la liberalización agrícola y de otros rubros.
Este es el mejor camino al éxito de nuestros objetivos comunes: un mayor acceso a los mercados para el comercio de bienes, servicios y productos agrícolas en escala global, aranceles más bajos, reducción y eliminación de otras barreras al comercio, y, en particular, la modernización y el fortalecimiento de las normas que rigen el comercio internacional. Esto arrojará como resultado menores costos para las empresas, precios más bajos y más variedad a disposición de los consumidores. Los beneficios están al alcance de la mano. Debemos aprovechar esta oportunidad.
(*) El autor es embajador del Reino Unido en la Argentina.






