Rubias o morochas... ¿Por qué existe la discriminación?
Para Lewis, mejorar la forma puede ser un acto de consumo o una forma de conseguir bienes
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Un boliche que funciona en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, quería modificar la composición de su clientela femenina, aumentar la proporción de rubias en detrimento de las morochas; para lo cual dejaba entrar gratis a las primeras, mientras que a las segundas sólo les hacía descuentos cuando demandaban bebidas. Acusado de discriminación, el dueño del local terminó pidiendo disculpas. ¿Por qué existe la discriminación?; ¿cuán universal es el fenómeno?; ¿puede alguien tener derecho a discriminar?
Al respecto entrevisté a William Arthur Lewis (1915-1991), nacido en la isla de Santa Lucía. Alumno y profesor en la Escuela de Economía de Londres, también enseñó en las universidades de Manchester y Princeton. Autor de un muy leído libro de texto sobre desarrollo económico, en 1979 compartió el Premio Nobel con Theodore Wilhain Schultz. Pero lo entrevisté porque era negro, "y encima socialista", al decir de Clemente Panzone, mi profesor de desarrollo económico en la UCA.
-¿Sufrió usted discriminaciones por el color de su piel?
-Estuve expuesto a toda clase de restricciones, como negarme piezas de hotel, no conseguir trabajos para los que había sido recomendado, generalizada falta de cortesía, etcétera. Al mismo tiempo algunas puertas que se suponía debían estar cerradas, se abrieron. Fui el primer negro en muchas ocupaciones. El norteamericano David Harold Blackwell afirmó que en su época la aspiración máxima de un académico negro era conseguir un puesto en la Universidad Howard.
-La racial no parece ser la única fuente de discriminación.
-Así es, también está la basada en el género. Recién a los 62 años Joan Violet Robinson llegó a ser profesora titular en Cambridge, luego de que se hubiera jubilado su marido, Edward Austin Gossag Robinson (es menos claro que no obtuviera el Premio Nobel por su condición de mujer). Phyllis Ann Wallace sufrió la discriminación por partida doble, por ser mujer y negra.
-¿Existe la economía de la discriminación como campo de estudio?
-No sólo existe, sino que se forma con aportes de economistas de derecha, como Gary Stanley Becker, y de izquierda, como David Gordon. Éste analizaba el mercado laboral asignándole suma importancia a la discriminación por raza, género, etcétera.
-¿Por qué se discrimina?
-Discriminamos cuando ofrecemos porque no nos da lo mismo cuando demandamos. Es decir, no es que existen los discriminadores y nosotros, sino que se trata básicamente de una cuestión de roles. Ubicamos a la empleada más simpática en la oficina de reclamos, porque cuando reclamamos nos desarma una sonrisa cuando llegamos para protestar. El boliche que motivó estas líneas quería más rubias que morochas porque pensó que de esa manera iba a aumentar la demanda de la concurrencia de los varones, y por consiguiente llenar el local y aumentar sus beneficios. ¿Debería la oficina antidiscriminación obligar a las empresas a que elijan por sorteo quién atenderá los reclamos de los clientes?
-¿Qué ocurre en el caso de la propiedad inmueble?
-En Estados Unidos la propiedad de los departamentos se rige por la figura del condominio, de manera que para ser propietario de uno de ellos no solamente hay que acordar el precio a pagarle al vendedor, sino que la incorporación al edificio tiene que ser aceptada por el resto de los propietarios. En nuestro país, para ser propietario de un inmueble ubicado en un country, o socio de algunos clubes, ocurre algo parecido.
- Pero ¿entonces la lucha contra la discriminación no tiene sentido?
-Tiene y mucho, pero primero pensando. Es una tontería negar que los seres humanos somos diferentes, o pretender vía legislación que no lo somos. Pero se debe actuar cuando la discriminación tiene poco que ver con la razón de la discriminación. Un profesor que califica a sus alumnos por cómo concurren vestidos a clase, y no en función de cómo contestan las preguntas de examen, es un mal profesor. La nota "de concepto" tiene que basarse en razones reales, no en discriminaciones como el apellido, el color de la piel o el auto con el cual llega a la facultad.
-Don William, muchas gracias.





