
Santiago Bulat: "Mi padre siempre me dijo que nunca deje de formarme. Hoy, sigo su legado"
El hijo del economista Tomás Bulat continúa el mandato familiar; se dedica a la economía y tomó la posta en la TV
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Profesión: operador de Bolsa
Empresa: Cohen
Edad: 21 años
El conductor de El inversor vive en Belgrano y toca la guitarra y el ukelele. Es fanático de River y de la serie The Office.
Todo empezó en casa, en el núcleo familiar. Su padre era economista. Pero también el colegio ayudó a que Santiago se interesara en las realidades sociales, poblaciones vulnerables y la política. "Mi viejo decía que para entender ciertos fenómenos hay que conocerlos desde adentro", cuenta Santiago Bulat (21), hijo de Tomás Bulat, fallecido en un accidente automovilístico el 31 de enero último.
Los primeros encuentros con otras realidades fueron en Moreno, donde con la Fundación de Pies Descalzos trabajó como voluntario y ayudó con microcréditos a quienes no tenían trabajo ni vivienda. "Estaba contento, sentía que podía dar una mano", relata. Al mismo tiempo cursaba el CBC de Economía en la Universidad de Buenos Aires, donde recientemente se nombró una cátedra con el nombre de su padre.
El tiempo pasó y hoy está en cuarto año de la carrera. Además de estudiar trabaja como operador en Cohen, una sociedad de bolsa. No es su único trabajo: los sábados conduce junto a Claudio Zuchovicki el programa de televisión El inversor, que se emite por el canal A24. Es el lugar que iba a ocupar Tomás. La decisión de reemplazarlo fue el resultado de una charla familiar con la mujer de Tomás, Carina Onorato, y sus dos hermanos más chicos, Lucía (17) y Fausto (12). Todos estuvieron de acuerdo: "Es un modo que tengo de rendirle homenaje; además, a mí me gusta ir probando distintos medios, porque me veo en un futuro como periodista económico", explica. Su tarea es realizar entrevistas a emprendedores, un tema de gran interés para su padre y también para él, que se siente cómodo y familiarizado con el tema.
En cambio pidió explícitamente no hablar de economía al aire. "Todavía no me recibí, no sería responsable de mi parte. Yo tengo que aprender muchísimo más. Del otro lado de la cámara hay un montón de gente y yo no puedo sentir que pongo en juego sus decisiones", admite, con madurez.
En cuanto a su futuro como periodista económico siente que tiene un legado que seguir, pero quiere encontrar su camino y no ser reconocido solamente por ser "el hijo de". Sabe que eso le ayuda a abrir puertas y también que ese reconocimiento viene a la par del cariño que los colegas y la gente le tenían a su padre.
¿El mejor recuerdo? En febrero de 2014 viajaron juntos al G20, en Australia. Por las noches, luego del trabajo, salían a bares y tenían charlas que duraban toda la noche. Fútbol, mujeres, política, economía, medios, perspectivas laborales: "Hablábamos de todo, porque éramos muy amigos", recuerda. Pero el mejor consejo que le dio su padre es que nunca deje de formarse.
Santiago se siente muy identificado con Tomás. "Soy muy sociable y una persona simple, como era él; también me inculcó el compromiso social; soy muy parecido. Lo único que espero es no quedarme pelado", bromea. Un padre orgulloso de su hijo. Un hijo orgulloso de su padre. Una vocación que los unió y los unirá siempre, un legado familiar y una carrera que recién comienza. Y promete.
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