
Scrabble, políticas de desarrollo y la crisis de los 40 en economistas
Ni la falta de instituciones ni las nuevas tecnologías explican las desigualdades; para eso se necesita más complejidad
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El récord planetario de puntuación para una sola jugada de Scrabble -en el que hay que armar palabras en un tablero a partir de las letras sueltas- se logró en 2011 en Inglaterra, durante un campeonato mundial, cuando un participante acumuló 311 puntos de un saque con craziest ("el más loco"). En la economía global, el equivalente de las palabras más valiosas, largas y sofisticadas (con letras menos comunes, que dan más puntos) son aquellos procesos de producción que aportan mucho valor agregado, propios de los países ricos. Las palabras cortas, con letras comunes, que en cambio dan pocos puntos, representarían a aquellas dinámicas que terminan en productos commoditizados, que todos generan y cuyo precio viene dado por la demanda global.
A esta analogía llegó el economista venezolano Ricardo Hausmann, ex ministro de economía de su país y ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), luego de estudiar durante años procesos de "convergencia" y de "divergencia" entre los países más ricos y los más pobres. "Las naciones desarrolladas fabrican muchos productos que a su vez hacen muy pocos jugadores. Las menos desarrolladas tienen una matriz mucho menos diversificada y menos original", cuenta el profesor e investigador de Harvard a LA NACION.
"Uno de los enigmas de la economía mundial es que durante 200 años los países más ricos crecieron más rápido que los más pobres, un proceso descrito por Lant Pritchett como Divergencia en Grande.
Cuando Adam Smith escribió La riqueza de las naciones en 1776, el ingreso per cápita en el país más rico del mundo -probablemente Holanda- era alrededor de cuatro veces el de los países más pobres. Casi doscientos años después, Holanda era 40 veces más rico que China, 24 veces más que la India y diez veces más que Tailandia", describe Hausmann.
Pero la tendencia se revirtió en los últimos treinta años. En la actualidad, Holanda es sólo 11 veces más rica que la India y apenas cuatro veces más que China y Tailandia. Consciente de esta tendencia, el premio Nobel de Economía Michael Spence sostiene que el mundo se encuentra al borde de la próxima convergencia.
Pero algunos países todavía están divergiendo. Aunque en 1980 Holanda era 5,8; 7,7 y 15 veces más rica que Nicaragua, Costa de Marfil y Kenya, respectivamente, en 2012 era 10,5; 21,1 y 24,4 veces más rica.
Hay casos muy extremos. La distancia entre los ingresos per cápita de países colapsados, como Somalia, y Canadá se mide en un factor de 256. ¿Qué explica semejante diferencia entre naciones? Hausmann desconfía de la respuesta "institucional", porque en la actualidad se dan enormes diferencias de productividad entre ciudades de un mismo país, con un mismo marco institucional y el mismo acceso al crédito: esto sucede, por ejemplo, entre ciudades de México.
Una mayor complejidad
La "tecnología", por otro lado, es transportable: bastaría enviar unos cargueros repletos de máquinas de última generación a Somalia, entonces, y, sin embargo, eso no solucionaría sus problemas de base de pobreza. Para Hausmann, la clave está en un indicador de "complejidad" en las economías y ahí surge la explicación del Scrabble.
El índice de complejidad refleja una combinación de distintos "saber hacer" en cada región y resultó tener una altísima correlación con el ingreso per cápita. En aquellos países que se apartan de esta línea, el indicador les marca una tendencia hacia su centro de gravedad: Vietnam es un país pobre en relación con su índice de complejidad (sabe hacer muchas cosas, entre ellas, alta tecnología) y por eso sostiene el economista de Harvard, está creciendo tanto. Grecia, en el otro extremo, parece demasiado rica para sus escasas capacidades de "saber hacer" (salvo ser la cuna de la civilización, pero esto es un detalle), y de ahí su decadencia reciente.
¿Cómo está la Argentina en este marco? El país aparece "sobre la línea", esto significa: tiene un ingreso por persona acorde con lo que sabe hacer. La buena noticia, según Hausmann, es que se encuentra en el grupo de naciones que "puede adquirir letras del Scrabble en forma fácil", extendiendo su matriz a un "espacio de productos" vecino a lo que ya hace. Éste es un concepto muy parecido a lo que el especialista en historia de las ideas Steven Johnson llama el "próximo adyacente": las innovaciones surgen en espacios próximos, con fronteras con lo que ya existe. Cuantas más letras se tienen, más palabras (y adyacentes) se pueden ocupar.
Y la dinámica es exponencial, otro término de moda que usa Hausmann, que en una exposición que dio el miércoles invitado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires (Bapro), exhibió una agenda bien amplia, que muestra lo abierta que está en la actualidad la discusión económica: habló de neurociencias, de procesos disruptivos y de nuevas tecnologías. Citó a Adam Smith, pero también a Malcolm Gladwell, periodista estrella del New Yorker y santo patrono de la literatura de smart-thinking.
Hausmann recordó que vino por primera vez a la Argentina en 1982, y que por aquella época los economistas de su generación pensaban que si América latina resolvía algunos problemas por entonces generalizados de balance de pagos, inflación, entre otros, todo iría mucho mejor. "Veinte años después, muchas de esas cuestiones estaban superadas en buena parte de los países de la región y, sin embargo, no estábamos en el nirvana. Ahí empezó mi crisis de mediana edad", explica, divertido.
La idea de una "complejidad" deseable tiene varias consecuencias importantes en materia de política económica. La primera es que destroza la noción de "especialización" de los países en un rubro cerrado, o de construcción sobre las materias primas abundantes. "Ésta es una idea profundamente castrante", sostiene el venezolano, que cita su ejemplo preferido: Finlandia, un país maderero que no se limitó a construir muebles, sino máquinas de última generación para la industria forestal, y moviéndose por espacios adyacentes llegó a Nokia, el gigante de la telefonía móvil.
La segunda consecuencia importante va a en línea con otro pensamiento recurrente de Hausmann: para lograr complejidad, las economías tienen que ser lo más abiertas posibles, tanto en productos y servicios como en flujos migratorios. El economista es un crítico acérrimo del Mercosur. "La Argentina sólo produce carros que no le puede vender a nadie, sólo a Brasil", provoca.
"Es muy saludable que volvamos a hablar del mundo como un espacio de oportunidades, y no como un enemigo o un riesgo", lo elogió el empresario Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, que compartió con él su panel. El otro integrante de la mesa, el economista y profesor de la Di Tella, de la UBA y de Harvard Eduardo Levy Yeyati, puso énfasis en atender los "efectos de la transición" de los cambios que se vienen (a todo nivel, pero especialmente en el mercado laboral), para que nadie -o la menor cantidad de gente posible-quede rezagada en el camino hacia una economía con una matriz más compleja. La discusión era sobre el futuro y los desafíos de las políticas de desarrollo.
Hausmann desconfía de las visiones más pesimistas sobre el estado de situación del capitalismo y de la economía global, entre las cuales sobresale la idea del "estancamiento secular" que popularizó Larry Summers. Se inclina más por pensar, como postula gente como Joel Mokyr, Erik Brynjolfsson o Andrew McAfee, que los economistas no poseen un herramental adecuado para medir correctamente el crecimiento del PBI global ante fenómenos disruptivos y ante bienes y servicios que aparecen "gratis" (como Google o Facebook) y que no suman a las cuentas nacionales, al igual que los emergentes de la economía colaborativa.
Por eso la "complejidad" se vuelve una mejor explicación de las capacidades de desarrollo que otros indicadores tradicionales y una reinvención del Indec en el próximo gobierno podría convocar, además de expertos en estadística tradicional, programadores, especialistas en big data y algún que otro campeón de Scrabble.





