Se fue una leyenda del automóvil

El empresario argentino fue el diseñador de modelos deportivos que hicieron historia
Gabriel Tomich
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22 de mayo de 2003  

El argentino Alejandro De Tomaso, fallecido ayer a los 74 años en Módena, fue uno de los grandes diseñadores de automóviles del último siglo.

De Tomaso se distinguió en la escuela italiana de carroceros por sus diseños deportivos de espíritu revolucionario y de avanzada, como el Vallelunga, el Mangusta, el Pantera o el más reciente Guarà.

Hijo de un político y estanciero argentino, Alejandro nació en Buenos Aires el 10 de julio de 1928. De los campos de su padre surgió el escudo para identificar sus autos: la marca de la yerra familiar sobre una bandera argentina. Pero la pasión por los automóviles pudo más que la tierra. Después de dejar los estudios y de administrar los negocios familiares, en 1955 se radicó en Italia para correr con autos Maserati, primero, y O.S.C.A., después, durante cinco años.

El diseño y la construcción de automóviles de competición lo llevó, en 1959, a fundar en Módena su propia fábrica. De la experiencia en las pistas (desde la pequeña Fórmula Junior hasta la Fórmula 1) surgió, en 1963, su primer superauto: el spider Vallelunga, con chasis monocasco central, una revolución del diseño y un distintivo de la marca. Le siguió otro de sus autos clásicos, el P70, un sport prototipo con motor Ford V8 de 5000 cc desarrollado para las carreras, pero que resultó un espejo para diseñar vehículos deportivos de calle.

En 1966, asociado con Giorgetto Giugiaro, otro de los diseñadores top italianos, presentó el Mangusta, un ultradeportivo de agresiva línea. Este modelo, del que se vendieron 280 unidades en los Estados Unidos, despertó el interés de Ford, que adquirió el 80 por ciento del paquete accionario de De Tomaso.

A la orden de Ford, De Tomaso elaboró su diseño más famoso: el espectacular Pantera, uno de los automóviles deportivos más vendidos de la historia, similar en calidad y prestaciones a las mejores Ferrari o Lamborghini de la época. Entre 1970 y 1991 se comercializaron 7260 De Tomaso Pantera en todo el mundo. El último, fabricado en 1992, reposa en el museo de la fábrica, en Módena.

Pero buena parte de esos años de finales de los 60 Alejandro De Tomaso los dedicó al desarrollo de nuevas tecnologías y materiales de construcción, como el titanio. La aplicación práctica de estos adelantos en sus automóviles de Fórmula 1 fue una pasión que se extinguió definitivamente en junio de 1970, cuando el inglés Piers Courage, el único piloto de la escuadra, se mató en el Gran Premio de Holanda, luego de excelentes resultados previos. La escudería italiana con colores argentinos era dirigida por Frank Williams en lo deportivo y por Giampaolo Dallara (constructor del 80% de los vehículos que compiten hoy en Indianápolis y en otras categorías mundiales) en lo técnico.

Cuarenta años de innovación

Desde entonces, De Tomaso se concentró en su empresa. Así, mientras lanzaba los señoriales Deauville y Longchamp, dos sedanes de gran lujo, en 1972 adquirió Benelli (una de las más afamadas marcas italianas de motocicletas), Innocenti y Maserati (por entonces en manos de Citroën).

A partir de 1984, mediante un acuerdo con Chrysler, fabricó 7500 unidades del convertible coupé Chrysler-Maserati TC, hasta 1990. En 1993, sin embargo, una seria enfermedad lo dejó al borde de la muerte. Para salvar su empresa, cedió Maserati a Fiat y vendió Guzzi, otra de las marcas que atesoraba.

Con Alejandro De Tomaso pasan a la leyenda 40 años de los más innovadores y revolucionarios modelos deportivos de la historia automotriz.

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