Sebastián Eskenazi, el nuevo CEO de YPF

El grupo Petersen asumió la gestión
Oliver Galak
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8 de marzo de 2008  

Sebastián Eskenazi, de 44 años, es desde ayer el CEO, máxima autoridad ejecutiva, de la empresa más grande de la Argentina.

La asamblea de accionistas de YPF resolvió ampliar el directorio de la compañía y designar al hijo de Enrique Eskenazi, cabeza del grupo Petersen, como vicepresidente ejecutivo y gerente general. El presidente seguirá siendo Antonio Brufau, también jefe de la española Repsol YPF, pero -según lo convenido en el acuerdo de venta del 14,9% de las acciones de YPF a Petersen Energía- el grupo europeo no ejercerá las funciones de gerencia general de la petrolera argentina.

Sebastián Eskenazi hizo de sus buenas relaciones con los gobiernos nacional y provinciales el principal argumento para transformarse en el hombre fuerte del grupo Petersen. Tercero entre cinco hermanos, comparte con el padre un privilegio reservado en la era kirchnerista para muy pocos empresarios: ser recibido en el despacho presidencial sin tener que pasar por la oficina del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Uno de los funcionarios con los que tiene trato más frecuente es el ministro de Planificación, Julio De Vido.

En la división de papeles dentro del grupo, a Sebastián comenzó a tocarle la cuestión de las relaciones políticas cuando negoció a mediados de los 90 la adquisición del Banco de San Juan con el gobierno provincial, la primera incursión del grupo constructor en la actividad financiera. Luego alcanzarían el control de los bancos de Entre Ríos, Santa Fe y Santa Cruz; esta última operación (concretada cuando Néstor Kirchner era gobernador santacruceño) fue la que dio inicio a la fluida relación del ex presidente con los Eskenazi.

Pese a tener el apoyo del padre, los manejos de Sebastián no conformaron a la totalidad de los hermanos. A mediados de los 90 una fuerte discusión "por problemas de dinero" dio comienzo a una pelea con Esteban, el hermano mayor, y "hasta el día de hoy siguen sin hablarse", contó un ex gerente de una de las empresas del grupo que trababa con ambos. La pelea suele resurgir cada 1° de agosto, cuando Enrique reúne a su familia para festejar su cumpleaños, por lo general con un viaje grupal.

Por este motivo, entonces, el hermano mayor se apartó de los negocios del grupo y, de hecho, es el único de los Eskenazi varones que no tiene participación en Petersen Energía (la firma usada para el desembarco en YPF). Sebastián y Matías tienen el 38% cada uno (y ayer fueron nombrados directores titulares de YPF) y Ezequiel un 1% (director suplente). El restante 23% quedó a nombre de Enrique (director titular). Valeria, la menor de los hermanos, tampoco figura.

Sebastián es -como su padre- amante del bajo perfil. Ante sus íntimos se mostró muy contrariado cuando vio su fotografía en una revista de chimentos junto a su pareja, Analía Franchín, conductora de televisión y ex novia de Guillermo Coppola. "En realidad, él es superpilchero; va siempre bien acicalado, y lo que le molestó fue que cuando lo agarraron estaba hecho un zaparrastroso", dijo una fuente que conoce sus gustos. La fobia a aparecer en los medios se contradice con otras relaciones que tiene en la farándula, como su amistad con Jorge "Corcho" Rodríguez, ex novio de Susana Giménez.

Leonino e hincha de River Plate, el nuevo jefe de YPF cultiva su pasión por los autos casi tanto como su placer por pilotar helicópteros. Quienes han trabajado con él destacan su trato ameno y abierto, sin por ello dejar de ser exigente en el cumplimiento de las metas trazadas en cada empresa. De los otros rubros en los que ha incursionado el grupo Petersen (bancos, construcción, servicios urbanos y explotación agrícola, con activos totales por US$ 3000 millones), Sebastián Eskenazi se había dedicado hasta ahora principalmente a las entidades financieras.

En el último tiempo fue acumulando cada vez más responsabilidades delegadas por su padre, de 81 años. De hecho, fue él quien realizó en persona gran parte de las negociaciones en Madrid con las autoridades de Repsol y diseñó el esquema de generoso financiamiento que les permitió llegar a los US$ 3500 millones necesarios para la transacción. También fue quien logró que el gobierno kirchnerista diera un tácito aval para que el grupo Petersen se convirtiera en el actor inicial del proceso de argentinización de YPF.

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