El hombre en la Luna: cómo la carrera espacial cambió el sentido del término "tecnología"
En abril de 1965 el gobierno de los Estados Unidos tenía y usaba 1767 computadoras. En todo el país, funcionaban apenas 22.500 computadoras, a un promedio de 450 equipos por estado. El dato se conoce porque el 2 de abril de 1965 la revista Time publicó una nota de tapa de 8 páginas titulada "La computadora en la sociedad: la generación cibernética", que incluía ese censo tan preciso de cada computadora en territorio norteamericano.
En este momento hay edificios en Manhattan o Dallas que tienen más computadoras en su interior que las que había en toda el país en 1965. En la última temporada navideña Apple informó que estaba vendiendo 22.500 computadoras cada 38 minutos.
La década del 60 vio el nacimiento de todo tipo de revoluciones -derechos civiles y feminismo, la revolución sexual y rock and roll- pero una revolución por la que los sesenta no reciben suficiente reconocimiento es el del amanecer de la tecnología como fenómeno cultural.
En 1957, cuando los soviéticos lanzaron el Sputnik, e incluso en 1961 cuando el presidente Kennedy lanzó la carrera por llegar a la Luna, no había ningún concepto real de la tecnología en la vida común. La tecnología era una especie de idea vinculada con científicos malévolos. La tecnología significaba principalmente armas atómicas y los misiles y bombarderos asociados con ellas.
Los estadounidenses en la década del 50 y comienzos de los 60 tenían todo tipo de electrodomésticos, pero en su mayoría no eran electrónicos, sino aparatos hogareños diseñados para hacer más fácil o más divertida la vida doméstica. En 1950 solo 9% de los hogares de EE.UU. tenían televisores. En 1965, el 90 por ciento.
Los estadounidenses compraban aire acondicionado (las ventas se multiplicaron por ocho en la década del 50), compraban lavavajillas, lavarropas y aspiradoras. La comodidad era una pasión. El número de secarropas se multiplicó por 10 entre 1950 y 1969, mientras que se multiplicó por seis el número de trituradoras de basura y los abrelatas eléctricos superaron en ventas a todos los demás electrodomésticos.
Erick Schatzberg es un historiador de la Universidad Tecnológica de Georgia que estudia el concepto de tecnología, cómo ha cambiado el uso de la palabra y las señales que implican la transformación. El especialista señala que los estadounidenses no usaban la palabra "tecnología" para hablar de la creciente variedad de aparatos hogareños y los avisos publicitarios de todos esos ítems modernos -desde los aviones de pasajeros hasta las TV- no usaban tampoco la palabra. "No había ninguna idea cotidiana de la 'tecnología' como la usamos ahora", dice Schatzberg. A fines de la década del 50 y comienzos de la del 60 la "tecnología" estaba bajo una sombra, una sensación de "intranquilidad subyacente" como dice Schatzberg. En ese contexto, sostiene que "la NASA y el programa Apollo tuvieron un poderoso impacto cultural".
El espacio cambió el aura y el tono de la tecnología. Los estadounidenses pasaron una década viendo hora tras hora de cobertura televisada del programa espacial, lo que significaba hora tras hora de imágenes de gente sentada frente a consolas de computadora en el Centro de Control de Misión. Usaban computadoras no solo para algo que no tenía que ver con lo militar, las usaban para hacer la cosa más difícil que la gente pudiera imaginarse: volar en el espacio, llegar a la Luna. Usaban computadoras para algo que no solo era difícil, era una gran aventura. Los astronautas eran el rostro y la personalidad del viaje y las computadoras eran en forma vívida la herramienta necesaria para hacer que ello sucediera, junto a los cohetes blancos brillantes y los trajes espaciales.
De hecho, en ese artículo de Time de 1965 acerca del creciente impacto de las computadoras en toda la sociedad estadounidense, la foto en la página de apertura era una fotografía de ángulo abierto del Control de Misión de NASA, con docenas de consolas y pantallas de computadora. La anécdota inicial refiere a la red de computadoras de NASA en 15 lugares del mundo que "guio, observó, aconsejó y ocasionalmente regañó a los astronautas del Géminis".
El uso real de las computadoras en el programa espacial se reflejó en la cultura popular. En la década del 50 en Estados Unidos no había un solo show de TV con marco espacial. En los 60 hubo cinco programas importantes: Los Súper Sónicos, Perdidos en el espacio, Mi bella genio, Mi marciano favorito y Viaje a las estrellas. Tres de ellos -Los Súper Sónicos, Perdidos en el Espacio y Viaje a las Estrellas- crearon mundos enteros de tecnología, en torno de computadoras y ayuda robótica de todo tipo. Cincuenta años más tarde aún no hemos llegado a equiparar la vida familiar de los Súper Sónicos y la nave espacial Enterprise sigue pareciendo un logro de ingeniería tan fantástico como parecía en la época de la misión Apollo.
Esos shows de TV también ayudaron a moldear las percepciones y actitudes. En los tres programas la tecnología estaba al servicio de la gente. Hacía alimentos, navegaba el espacio profundo, respondía preguntas, proveía videollamadas instantáneas. En Los Súper Sónicos, la tecnología se encargaba de limpiar la casa, hacía el almuerzo de los chicos y sacaba a pasear el perro, Astro. Por encima de todo, las computadoras eran fáciles de usar y útiles, y encajaban sin fisuras en la vida cotidiana, dos o tres décadas antes de que comenzaran a hacer eso en los hogares reales.
Cultura pop
La cultura pop de entonces reflejaba cómo los astronautas de la misión Apollo y el Centro de Control de Misión estaban adelantados respecto de los estadounidenses comunes, cómo Kirk, Spock y Uhura estaban adelantados a Armstrong, Aldrin y Collins.
En el discurso del presidente Kennedy en mayo de 1961, cuando pidió a los estadounidenses que gastaran los miles de millones de dólares necesarios para enviar astronautas a la Luna, dijo: "En un sentido muy real, no será un hombre yendo a la Luna... Será toda una nación. Porque todos debemos trabajar para ponerlos allí".
Los jets de pasajeros solo llevaban dos años en servicio. En 1961 la mayoría de los estadounidenses nunca habían volado en un avión de ningún tipo. No hablemos ya de volar a la Luna, nunca habían estado en el aire sobre la Tierra. En 1969, cuando Armstrong y Aldrin pisaron la Luna, solo el 4% de los estadounidenses tenía teléfonos con botones en vez de discado. Es una brecha que hace aún más asombrosa la misión a la Luna, desde el punto de vista tecnológico y político.
El producto que comenzó a cambiar los sentimientos de los estadounidenses respecto de la tecnología fue el primer dispositivo electrónico realmente personal: la radio a transistores AM, que estuvo disponible desde la década del 50, pero cuyas ventas se dispararon en los 60 de la mano de una fuerte baja de precios. En 1965 se podía comprar una radio a transistores por 19 dólares (equivalente a US$150 actuales). Para cuando se dio la primera caminata en la Luna, se habían vendido 35 millones de radios a transistores en un país con 200 millones de personas. Es significativo que el primer dispositivo electrónico de mano fue bautizado con el nombre de la tecnología que lo hizo posible, la misma tecnología que fue el elemento base que permitió que los astronautas llegaran a la Luna.
Traducción Gabriel Zadunaisky
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