
Todo OK fue el resultado más sorprendente del Y2K
Contra todos los pronósticos, no hubo problemas por el virus informático del milenio; sospechas por las costosas inversiones para prevenir desastres
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LONDRES (The Economist).- En vísperas de este milenio, la brigada del fin del mundo previó la ruina que traería el software de computación al confundir 2000 con 1900. Ahora, esta visión se desvaneció con el alba, y mucha gente se pregunta si los gurús que profetizaron este apocalipsis eran tan poco confiables como los místicos de milenios pasados.
La ausencia de problemas provocados por virus fue notable. Podrían surgir algunos en las próximas semanas. Pero, en general, Y2K resultó ser Y2 OK.
Una explicación parcial es que el enorme esfuerzo aplicado para neutralizar los virus funcionó. Los Estados Unidos, de acuerdo con estimaciones del Departamento de Comercio, gastaron alrededor de US$ 100.000 millones en el problema; el resto del mundo, en conjunto, probablemente gastó la misma cantidad.
Hasta los países que empezaron a trabajar tarde e hicieron poco -los del sur de Europa, Rusia y buena parte de Asia- tuvieron un Año Nuevo libre de problemas. ¿Se malgastó entonces el dinero?
Simplemente, comparar quién gastó cuánto no contesta a esta pregunta. Sólo un pequeño grupo de países depende en alto grado de la tecnología de la información (TI), y la mayor parte de ellos empezó a trabajar tempranamente en el problema. Otros países probablemente empleen TI relativamente nueva o de uso muy extendido (y por lo tanto, fácil de arreglar): fue el software creado por gente que hace tiempo se retiró de la actividad, usado en los viejos sistemas, el que trajo mayores problemas.
Además, una cantidad sin precedente de información sobre potenciales problemas fue compartida entre industrias, como las finanzas, la aviación y las comunicaciones.
Medir el riesgo
En consecuencia, los países y las organizaciones que despertaron tarde al problema pudieron resolverlo a caballo de la experiencia de los que empezaron primero. El hecho de que los que empezaron tarde no sufrieran una catástrofe computarizada no significa que quienes se tomaron en serio el virus perdieran el tiempo y la plata.
Los derrochadores fueron aquellos que hicieron demasiado: los que no diferenciaron entre los grandes riesgos y lo que no tenía importancia.
Un buen manejo del riesgo habría sido arreglar lo que realmente pudiera afectar el funcionamiento, no arreglarlo todo.
Esa fue la distinción que a menudo no hicieron los políticos, que buscaban evitar responsabilidades y que pasaron por alto a los consultores de TI, que encontraron una buena fuente de ingresos en la eliminación del virus.
Gracias al virus, muchas organizaciones analizaron seriamente por primera vez sus sistemas de computación. Los limpiaron de viejos códigos, hicieron inventarios e invirtieron en nuevos equipos.
Algo se ganó
El trabajo puede no justificar su costo: una parte se habría hecho eventualmente, de todos modos, y podría ser un peor uso de recursos escasos que idear nuevos productos. Pero algo se ganó.
Otro legado sería un enfoque más sensato ante una alarma tecnológica. El virus del 2000 es tan sólo la más destacada entre una sucesión de falsas alarmas sobre otros virus y fechas fatídicas. Tales temores se han desvanecido invariablemente.
Tal vez, la actitud correcta sea tratarlos como verdaderas amenazas a la salud pública: la tecnología de computación es hoy tan ubicua que adquiere la misma importancia que el agua potable o la electricidad.
La gente debe tomar precauciones razonables, pero no entrar en pánico.
Si aplastar el virus pone fin al enfoque apocalíptico de la tecnología, significará un buen comienzo para el nuevo año.






