
Un bufete que defiende a empresas y gobiernos
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Los juicios de una empresa contra un Estado se parecen, por lo general, a la lucha de David contra Goliat. En algunos procesos iniciados por las empresas privatizadas, sin embargo, la Argentina tendrá que lidiar con un coloso: la firma que patrocina a algunas de las compañías extranjeras, Freshfields Bruckhaus Deringer, es uno de los mayores bufetes internacionales de abogados. Su staff permanente tiene más de 2400 juristas con oficinas en 27 países. El inglés Nigel Blackaby es uno de los 42 asociados basados en París. Los honorarios de Freshfields, que se calculan por hora, siempre alcanzan cifras millonarias.
Como todos sus asociados, Nigel Blackaby vive entre avión y avión. En mayo pasó sólo seis días en su lujosa oficina, ubicada en el primer piso de un flamante edificio high tech recién estrenado por Freshfields en la capital francesa. Allí, 400 personas -entre abogados y administrativos- trabajan en un marco de inimaginable confort: salas amplias y silenciosas, despojados muebles, paneles de cristal y maderas exóticas, profusión de obras de arte y orquídeas blancas completan un decorado decididamente zen. El edificio, de siete pisos, tiene -entre otras cosas- restaurante, gimnasio y un sistema interno de seguridad que lo asemeja bastante a la caja fuerte de un banco suizo.
Un bufete de esta magnitud no sólo defiende a empresas. En numerosos casos también patrocina a Estados. Uno de los casos que los abogados de Freshfields recuerdan con mayor satisfacción es la disputa fronteriza entre Bahrein y Qatar: "Ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, logramos salvar el 30 por ciento del territorio de Bahrein, el Estado más pequeño del Golfo Pérsico", recordó Blackaby.
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