Un ‘default’ de EE.UU., un camino al desastre

Francesco Guerrera
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15 de octubre de 2013  

Uno se da cuenta de que las cosas andan mal cuando los jefes de Wall Street tienen que viajar en autobús.

Eso es lo que sucedió hace un par de semanas cuando Lloyd Blankfein, presidente ejecutivo de Goldman Sachs Group Inc.; James Dimon, presidente ejecutivo de J.P. Morgan Chase & Co.; y otros importantes banqueros se subieron a un bus para un viaje a la Casa Blanca. Su misión: advertirle al presidente Barack Obama sobre los riesgos del cierre parcial del gobierno y la batalla sobre el presupuesto.

Uno de los asistentes a la reunión me describió su cambio de ánimo entre la ida y la vuelta: de ligeramente optimista cuando se dirigía a la Casa Blanca a tremendamente preocupado durante el regreso.

El episodio resume una crisis en la que Wall Street y Washington han entablado un diálogo de sordos conforme se acerca el plazo del jueves para elevar el límite de endeudamiento de Estados Unidos.

El mayor malentendido ha sido la idea, particularmente prominente en el Congreso, de que los mercados no están preocupados respecto a las maniobras de Washington. Esa percepción, a su vez, le quita presión al Congreso y el gobierno para resolver el impasse sobre el presupuesto.

La realidad es mucho más compleja y ofrece lecciones importantes, incluso si se alcanzara un acuerdo de última hora.

Es verdad que los mercados de acciones se han mantenido relativamente calmados, dadas las circunstancias. Después de todo, el Promedio Industrial Dow Jones ha subido más de 3% desde el jueves. Ayer cerró 0,4% al alza.

"¿Fin del mundo? Bah", es como lo resumió Nicholas Colas, estratega jefe de mercado de la corredora ConvergEx Group, en una nota a sus clientes la semana pasada.

No obstante, a otros importantes activos le ha ido mucho peor, en particular los bonos del Tesoro de EE.UU. a corto plazo, las operaciones con pacto de recompra, o repo, e incluso el dólar.

Los mercados ni siquiera cuentan toda la historia. Un vistazo tras las bambalinas de Wall Street muestra un sector financiero aún afligido por los recientes vestigios de la crisis. Prueba de esto es un informe confidencial preparado por una importante institución financiera y compartido con banqueros centrales y presidentes ejecutivos de bancos.

El documento, al que he tenido acceso, analiza las potenciales ramificaciones en el mercado de una "cesación de pagos técnica" de EE.UU. Algunos políticos han tratado de minimizar el impacto de tal evento, haciendo énfasis en su naturaleza "técnica", en referencia a un incumplimiento debido a la falta de voluntad del gobierno, en lugar de su incapacidad para pagar la deuda.

El informe dice lo contrario, al señalar que las consecuencias podrían ser catastróficas. La pieza clave del engranaje, y la que podría desatar el caos, es el papel que desempeñan los bonos del Tesoro de EE.UU. como conductos de liquidez para todo el sistema.

En pocas palabras, una cesación de pagos —o incluso algo cercano— podría socavar la confianza de los inversionistas en que EE.UU. siempre cumple con sus obligaciones.

El impacto más directo sería una venta generalizada de deuda del Tesoro a corto plazo, con efectos sobre el mercado de valores y el dólar.

Un default real aumentaría el número y los tipos de bonos evitados por los inversionistas. Para hacerse una idea, había alrededor de US$1,5 billones (millones de millones) de bonos del Tesoro a corto plazo en circulación al final del segundo trimestre, o casi tres veces la deuda de Lehman Brothers Holdings Inc. en 2008. Cualquier trastorno en el mercado perjudicaría a todos.

El efecto secundario de coquetear con un default sería igual de importante. Según el informe, cuanto más se prolongue la disputa por el tope de la deuda, mayor será el riesgo de que los inversionistas cuestionen el valor de los bonos soberanos estadounidenses como garantía.

No se trata de un asunto trivial. La deuda del Tesoro es la garantía tanto en el mercado de "repos bilaterales" de US$2,6 billones como en las operaciones de "repos tripartitos" de US$1,8 billones. Ambos son pilares de la financiación de corto plazo de los bancos y su capacidad de canalizar dinero a la economía. La deuda del gobierno de EE.UU. también se usa ampliamente en el gigantesco mercado de derivados.

El colapso de Lehman mostró lo que sucede cuando los mercados de derivados y repos pierden la fe en la garantía. Las transacciones financieras y el comercio mundial se paralizan porque las partes pierden la confianza en el otro.

Sin dudas, el impacto de cualquier situación como esta podría ser amortiguado por medidas de rescate. Los operadores y los banqueros señalan que la Reserva Federal podría aliviar la falta de liquidez interviniendo en los mercados de repos o incluso comprando bonos del Tesoro impagos. No obstante, se trata más de una esperanza que de una convicción. El banco central de EE.UU. ha indicado su negativa a intervenir.

El mensaje de Wall Street a Washington es claro: a menos que haya un acuerdo duradero, todos emprenderemos un viaje en bus sólo de ida a un lugar aterrador.

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