
Un paso en la dirección correcta
Un paso acertado en la dirección correcta, como resultado de un proceso de toma de decisiones que también parece ser, por primera vez, el adecuado. Y que además ha sido correctamente comunicado. Si los mercados interpretan que los Kirchner entendieron que deben gobernar de otra manera, los bonos subirán hoy. Si creen que sólo es un poco más de cosmética política, difícilmente haya una recuperación significativa en los precios de los títulos de la deuda.
Por primera vez en la gestión Kirchner, de Néstor o de Cristina, se admite que una medida -la colocación de deuda carísima de manera directa a Venezuela- ha sido equivocada, y que hay que revertirla o compensarla.
También es más que saludable que que ante un problema económico se reaccione con lógica económica. Es decir, que la respuesta esté en manos de los especialistas y en el terreno al que pertenece. Parece una verdad de Perogrullo, pero hasta el sábado se respondía con argumentos políticos a la caída de las cotizaciones, y por eso era el ministro del Interior el que estaba encargado de comunicar las posturas del Gobierno.
Si la Presidenta se asesora con el presidente del Banco Central, el jefe de Gabinete y el ministro de Economía y se reúne para intercambiar opiniones con todos ellos presentes, y luego comunica su decisión oficialmente, lo único que puede reprochársele es que no se haya procedido así antes. Por ejemplo, para decidir la colocación a Venezuela que, tal vez así, no se habría realizado.
Respuesta extrema
Decir que se va a recomprar deuda es un modo de disciplinar a los mercados poniendo un piso a la cotización de los títulos públicos. Es, de todas formas, una respuesta extrema. No es razonable emitir deuda para tener que recomprarla porque cotiza por el piso. Esa cotización refleja que mucha gente cree que el deudor tendrá dificultades para pagar. Esas sospechas pueden ser producto de un temor paranoico generalizado, conocido como "efecto manada, o el resultado de una evaluación de una conducta equívoca del deudor.
La Argentina, al colocar deuda carísima con Venezuela, pareció incluirse en el segundo caso.
En condiciones razonables, unas pocas compras deberían alcanzar para hacer que las cotizaciones se recuperen. Si el Gobierno tiene y muestra además la vocación de solucionar otras cuestiones que hacen al país poco confiable, entonces las mejoras podrían ser mayores.
Hacer una verdadera medición de la inflación y tener un manejo más escrupuloso y transparente de los fondos presupuestarios sería de gran ayuda. También sería muy útil un manejo más previsible de las colocaciones financieras para evitar sorpresas como las de la semana pasada.
Para tener una idea de lo que ocurrió, baste decir que la Argentina pagó a Venezuela una tasa como las que Domingo Cavallo aceptó en el megacanje de 2001, por el cual terminó procesado. Entonces se hizo una licitación y se obtuvo una cifra casi 30 veces mayor de financiamiento pagando la misma tasa y cuando los intereses internacionales eran mucho más altos. Puesta en esa perspectiva, la última operación con Venezuela podría sólo ser vista como un acto de desesperación de un gobierno acorralado por la falta de recursos, y que está dispuesto a pagar cualquier tasa con tal de conseguir dinero.
Es muy saludable que se muestre claramente que la situación es otra. Recomprar deuda es una señal de salud de las cuentas fiscales y financieras.
Los más críticos podrán creer que a fin de cuentas, como siempre, los Kirchner sólo han reaccionado cuando un problema estalla. Y que tal vez sólo haya cosmética ocasional, pero nada cambiará en la forma en que se maneja el poder. En las próximas horas se sabrá qué piensan los mercados.







