
Unilever quiere pisar fuerte en la industria alimentaria
La empresa, que este año facturó US$ 870 millones, tiene proyectado un significativo crecimiento en 1998 tras la adquisición de La Montevideana
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Unilever Argentina quiere seguir creciendo en la industria alimentaria. Cerrará 1997 con una facturación de US$ 870 millones y el liderazgo en el sector de los helados industriales tras la compra de La Montevideana a Philip Morris.
Según su presidente, Luis Mario Castro, todavía la crisis asiática no afectó a la compañía.
-¿Cuáles son los planes de Unilever en el país para 1998?
-Lo que tenemos que hacer ahora es lograr que crezcan las inversiones que hicimos. Tenemos que concentrarnos en nuestra sección de higiene y alimentos, especialmente en la reciente compra de Montehelado. Realizamos inversiones sustantivas en los últimos cuatro años. Evidentemente, seguiremos invirtiendo en la modernización de plantas y aspectos operativos. La gran inversión fue en la etapa posconvertibilidad.
-¿Cuánto representa en su facturación el sector de alimentos y cuánto el sector de limpieza?
-Alimentos es una pequeña proporción con respecto al total. Este año facturaremos alrededor de 870 millones de dólares. En alimentos sólo estamos entre el 15 y 20 por ciento. La compra de Montehelado entrará en el balance del año que viene.
-¿Van a seguir comprando empresas de helado?
-Haremos crecer a Montehelado. Por ahora, no tenemos ningún plan.
-¿Qué van a hacer con Montehelado?
-Su principal capital son sus marcas muy conocidas y con mucha preferencia del público: Frutare, Milka y La Montevideana. Lo complementaremos con toda nuestra experiencia en el mundo, ya que somos líderes en el sector. Nosotros nos definimos como una empresa multinacional y multilocal. Es decir, vamos a ampliar los productos que tenemos en el mundo siempre que satisfagan las necesidades concretas del mercado argentino.
-¿En qué sectores creen que les falta crecer en la Argentina?
-La mitad de la facturación en el mundo de Unilever proviene de los alimentos. El resto viene de los productos de limpieza. Si tuviésemos que mirar como ambición una duplicación para la Argentina de lo que somos en el exterior, tendríamos que tener una facturación de US$ 1700 millones.
Hay que encontrar las marcas y productos que se adaptan al gusto argentino.
-¿El sector alimentario será la prioridad?
-Lo que debemos hacer es crecer en el sector de alimentos, pero así como en los helados es más fácil, los alimentos básicos no son sencillos de adaptar por razones culturales.
-¿Son reales los rumores que mencionaron a Unilever como posible comprador de Refinerías de Maíz?
-Rumores hay de todos los gustos. Hay una fuerte ola de compras y adquisiciones. Entonces la gente infiere sobre la base de cuáles serían las empresas interesantes para Unilever. Concretamente, no hay ningún plan hacia esa empresa.
-¿Se postularon para comprar Havanna?
-No.
-Con todas estas compras de empresas nacionales, ¿no le golpearon la puerta infinidad de veces para ofrecerle negocios?
-Infinidad, no. Pero que nos golpean la puerta, sí. Pero fue más intensivo durante 1991 y 1992. Hoy, los bancos son los que más se acercan a ofrecernos firmas.
-¿Los afectó la crisis asiática?
-Por ahora no nos ha afectado, lo que no significa que no la tengamos a la vuelta de nuestra casa. Estamos con una cautela optimista, sabiendo que tenemos la flexibilidad suficiente para enfrentarla. Si esta crisis continúa durante 1998, podría afectar los números de la compañía. No tomamos ninguna medida en especial y las ventas se mantienen en el nivel esperado.
-¿Qué pasó con sus exportaciones?
-Sigue todo igual. Vendemos al exterior cerca de US$ 40 millones a los países de América latina. Con Asia no tenemos ninguna vinculación.
-¿Renace la crisis en estos días?
-Me voy a permitir el mismo chiste que hizo el presidente de la Bolsa de París, que dijo luego de un silencio muy prolongado: "Estoy seguro de que la Bolsa de París va a oscilar".
Hombre de familia
Luis Mario Castro comenzó a trabajar a los 17 años en un estudio contable. Por la torpeza propia del adolescente, a los pocos meses fue despedido. "Me di cuenta de que tenía pocas posibilidades de tener éxito", reconoce entre risas. Luego ingresó en Bunge & Born, en Compañía Química, donde trabajó cinco años. "Le llevaba la valija a Conrado Hirsch, un señor a quien admiré siempre", recuerda. Terminó su carrera de licenciado en Economía en la Universidad de Buenos Aires y le llegó una interesante oferta de la consultora de empresas Alonso. "Algunos de aquellos compañeros ocupan lugares de decisión en muchas compañías, pero prefiero no nombrarlos porque tal vez no quieran estar identificados conmigo", vuelve a reír. En 1969 ingresó en Unilever y, desde 1990, es su presidente en la Argentina. Previamente, fue director de la división productos personales y director comercial en la Argentina, Colombia y Africa del Sur.
Hoy, a los 53 años, casado y con seis hijos, se define como un "hombre de familia", ya que debido a los viajes que le exige la compañía, aprovecha la mayoría de su tiempo libre para estar con sus seres más queridos.
Sus dos paraísos son el Tigre y Pinamar. Es casi inevitable que salga a navegar en su barco los sábados con su familia. Para sus vacaciones o fines de semana largos elige la ciudad rodeada de pinos. Los jueves o viernes, asiste religiosamente al teatro Colón para satisfacer su fanatismo de años por la ópera. Los domingos también son exclusivos para sus íntimos, con quienes se recluye en su casa de Martínez.




