
Veinte años esperando soluciones
Los excedentes levantan las napas freáticas y no dejan escurrir el agua de las lluvias
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* El río Quinto sigue anegando campos en General Villegas (Buenos Aires) * En La Pampa se incrementó el régimen de lluvias * El sur cordobés, rodeado por los desbordes de tres cuencas
GENERAL VILLEGAS, Buenos Aires.- Desde aquel verano del 78/79, cuando llegaron por primera vez, las aguas desbordadas del río Quinto son una pesadilla permanente para el noroeste bonaerense. Este es uno de los distritos más afectados por los excedentes de la cuenca, ya que con las lluvias de mayo último y el aporte de la cuenca de La Picasa, que tantos estragos provoca en el sur santafecino, quedaron entre inundadas y anegadas unas 250.000 hectáreas con pérdidas millonarias para el agro.
Las consecuencias llegan hasta las localidades de Rivadavia y Trenque Lauquen (Buenos Aires) y el norte de La Pampa y sur de Córdoba, aunque en estas dos provincias el río Quinto no es la única causa del desastre.
En síntesis, el río Quinto es uno de los capítulos principales de este drama del centro del país, que afecta a más de un millón de hectáreas.
El factor humano
En Buenos Aires, las aguas de este curso ingresan en Villegas por la ruta 188, que une la bonaerense San Nicolás con General Alvear, en Mendoza, y por el camino del Meridiano (límite interprovincial con La Pampa).
La provincia perdió cerca de 275 millones de pesos como consecuencia de sequías e inundaciones, pero la mayor parte corresponde al Noroeste.
Todos coinciden en que, más allá del clima, la mano del hombre fue un factor desencadenante de este desastre, sumado a los desencuentros entre las provincias involucradas para resolver la cuestión.
"Desde hace tres años venimos con inundaciones variables que afectan el norte del partido, pero este año se agravó, lo que junto con el mal momento que atraviesa el campo en general se transformó en un cóctel mortal", sentenció Alejandro Vignale, presidente de la Sociedad Rural de General Villegas.
El efecto de la inundación se traduce en suspensión de trabajos, mano de obra desocupada y éxodo rural.
Una recorrida por Banderaló, en Buenos Aires, y Larroude, en La Pampa, dejó al descubierto que donde hoy se ven lagunas y juncos, antes crecían rendidores maíces y sojas. Y los lotes que aún quedan sin cosechar posiblemente queden allí. Lo poco que se pueda sacar será de muy mala calidad. El gris de los hongos así lo denuncia.
"Aquí, el cauce del río Quinto es un gran cementerio de lotes de alfalfa y de granos", definió con crudeza a La Nación Jorge Buchanan, administrador de un campo familiar en Banderaló.
Según Buchanan, "falta solidaridad entre los mismos productores. Todo el mundo se quiere sacar el agua de encima", dijo al detenerse en un paraje del camino de tierra Meridiano, en donde 20 años atrás casi se tirotean pampeanos y bonaerenses por la crecida.
"Muchos años perdidos; millones de pesos malgastados en producción, dinero invertido en obras sin sentido y muchas relaciones afectivas destrozadas por peleas", se lamentó.
Al productor Roberto Albin se le inundaron las 180 hectáreas que había comprado en Villa Sauze, a unos 40 kilómetros de Villegas.
"En los últimos meses, Hidráulica y Vialidad provinciales trajeron unos 20 equipos para levantar los terraplenes de los caminos, pero no hicieron otra cosa que diques de contención, llenando los campos con agua para que no se meta en los pueblos, pero no aguantaron", se quejó.
Juan Cruz Molina, mayordomo de la estancia Meridiano (de la firma Pilagá), de 6300 hectáreas, señaló que "cuando la compraron, hace dos años, estaba afectada menos del 20 por ciento de la superficie. Hoy ya supera el 60 por ciento".
En este pequeño poblado, la gente tuvo que cortar a pala y tractor un camino de tierra para que corriera el agua. Por allí galopaba Norberto Abete, de 47 años. "Es la única manera que tengo para ir a arriar mis animales. De las cien hectáreas que tengo, la mitad está inundada".
Perdió todo
La recorrida llevó a este enviado al norte de la La Pampa, la zona agrícola más productiva de la provincia, donde el agua cubre más de 200.000 hectáreas, ocasionando pérdidas por 30 millones de pesos. El productor Martín Navarro, de Realicó, explicó que aquí el río Quinto levanta las napas freáticas, que no dejan escurrir el agua de las lluvias, que en los últimos años incrementaron su régimen. "Ese es nuestro principal problema", enfatizó.
A Juan Roggia, productor de la zona, de 47 años, las lluvias de diciembre de 1997 le inundaron casi todo su campo y nunca más pudo volver a trabajar allí. "Tenía 132 hectáreas dedicadas a tambo, para el cual había invertido mucho dinero. Perdí todo. Y ahora, gracias al vecino Alberto Cortina, que me dio trabajo de changas hace nueves meses, estoy subsistiendo." De él dependen su esposa y sus hijos: la mayor, que está en segundo año de Ciencias Económicas en la Universidad de Santa Rosa; otra, en el polimodal, y uno en segundo grado.
Llegando a Laboulaye, en el sur de Córdoba, el panorama no es menos grave. La presidenta de la Sociedad Rural, María Isabel Etcheverry de Maestri, explica que aquí son tres las cuencas que inundan unas 800.000 hectáreas. "A las aguas del río Quinto hay que sumarles los problemas ocasionados, hacia el Oeste, por el canal Devoto, y hacia el Este, por la Picaza."





