¿El mejor tenista de la historia?
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Basta repasar los innumerables récords conseguidos por Rafael Nadal para corroborar que la pregunta que abre esta nota editorial no luce inapropiada, y ello al margen de la respuesta que cada uno abrace.
La reciente conquista del Abierto de Francia (Roland Garros) por decimocuarta vez es una epopeya que cuesta dimensionar, puesto que el tenista español nos ha acostumbrado a este tipo de hazañas deportivas. La leyenda nacida en Manacor ha transformado lo excepcional en rutina, banalizando triunfos que marcan hitos en el mundo del deporte.
El hecho de que conviva en una época con otros tenistas que marcaron la historia del tenis, como Roger Federer y Novak Djokovic, destaca aún más su formidable carrera.
Extraordinarios logros, tales como los 22 torneos de Grand Slam ganados, sus 92 títulos ATP, sus cinco copas Davis, sus medallas de oro olímpicas en singles y dobles y los más de 1000 partidos ganados en el circuito, tampoco permiten valorar todo lo que aporta en su justa dimensión.
Su entrega, capacidad de lucha y convicción arrolladoras son un espejo para el deporte en general. Su conducta, los principios y valores que irradia desde su debut en el circuito profesional, en 2002, a lo largo de 20 años de carrera profesional, lo convierten en un caballero del deporte y en un líder capaz de inspirar a las personas y mejorar la sociedad.
Ante una catarata de elogios y distinciones, con más de 130 millones de dólares obtenidos solo en premios oficiales, y con el mundo a sus pies, el mallorquín se muestra sencillo, humilde, y siempre pone delante a su equipo de trabajo, como artífice del éxito.
El paso del tiempo es inexorable para todos, y más en el ultra competitivo mundo del deporte profesional. Con 36 años e innumerables lesiones y contratiempos en su carrera, cuesta aceptar que cada vez falte menos para su última función en una cancha de tenis. Disfrutemos de su paso por la catedral del tenis, Wimbledon, que se desarrolla en estas horas. Podrá ganar o perder, pero nunca dejará de luchar y entregar hasta la última gota de sudor. Es quizás ello lo que emociona y genera tanta locura en los amantes del deporte.
¡Gracias, Rafa! Te aplaudimos de pie.






