Un acuerdo para la estabilidad y la previsibilidad

Ante la incertidumbre electoral que afecta a agentes económicos, sería valioso que el oficialismo y la oposición firmen un acuerdo de coincidencias básicas
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7 de mayo de 2019  

Podría cuestionarse que la convocatoria debió haberse llevado a cabo mucho antes y no cuando falta tan poco tiempo para el inicio de un nuevo proceso electoral . También podría discutirse cuáles deberían ser los contenidos de los compromisos que se asuman. Aun así, la propuesta de un acuerdo para la estabilidad formulada por el gobierno nacional a las fuerzas de oposición, y que se extenderá a la Iglesia y a representantes de las empresas y los sindicatos, debería ser claramente apoyada.

El presidente Mauricio Macri ha presentado una propuesta de diálogo tendiente a alcanzar acuerdos en diez puntos básicos, entre los cuales se destacan el equilibrio fiscal, una mayor integración al mundo, la seguridad jurídica y el cumplimiento de las obligaciones con nuestros acreedores, y entre los que faltaría un compromiso con la educación.

La idea central de la propuesta es llevar previsibilidad a quienes toman decisiones, a potenciales inversores y al mundo financiero frente a la actual incertidumbre, derivada mayormente de las próximas elecciones presidenciales y de la posibilidad de que quien pueda llegar al gobierno en diciembre de este año no honre el pago de los compromisos de deuda del Estado argentino.

Atraer inversiones, potenciar el crecimiento productivo y generar nuevos empleos de calidad serán objetivos de dudosa viabilidad si nuestra dirigencia política no es capaz de recrear la confianza necesaria en un país que tradicionalmente ha sido ajeno a la búsqueda de consensos que se traduzcan en políticas de Estado duraderas.

En momentos como el actual, en el que a las serias dificultades financieras del Estado se suma una incertidumbre electoral que, sin dudas, ha hecho subir el riesgo país, es necesario que al menos la mayor parte de la dirigencia ofrezca una señal de madurez que reemplace cualquier atisbo de mezquindad y oportunismo.

Es común en la Argentina que en los meses previos a un acto electoral que puede ser crucial el miedo a lo que vendrá paralice buena parte de la actividad económica; demore decisiones de inversión en todos los niveles, desde la ampliación de una planta industrial hasta la simple compra de un automóvil o un inmueble, o lleve a retirar del mercado locatario una vivienda en alquiler por temor a un mayor intervencionismo estatal, entre otros inconvenientes. Nuestro presente no escapa a esas vicisitudes, en particular ante la perspectiva de un no improbable retorno del populismo, en función de lo que muestran algunas encuestas preelectorales.

Aunque nuestro presente diste de ser bueno en materia económica y el futuro inmediato no ofrezca las mejores perspectivas, lo peor que podría pasarle hoy a la Argentina sería que una mayoría de los argentinos piense que las soluciones a sus graves problemas se alcanzarán repitiendo los errores del pasado.

No puede haber dudas de que nuestro país no podrá cambiar sin un compromiso compartido de vivir sin inflación; sin un consenso acerca de que el Estado no puede seguir gastando mucho más de lo que recauda; sin atacar el desequilibrio fiscal, que es la fuente de la tan elevada como insoportable presión impositiva que termina ahogando la actividad productiva; sin avanzar hacia una legislación laboral moderna que aliente la creación de empleos en un contexto en que las nuevas tecnologías y la robótica nos invitan a ver en la capacitación permanente la mejor garantía frente a la desocupación, y si no nos proponemos reformar un insostenible modelo que ha conducido a que casi veinte millones de personas vivan del Estado o reciban algún beneficio de aquel mientras apenas ocho millones de personas efectúan aportes en el sector privado.

Resolver este drama argentino, que ha llevado a que tengamos más de un tercio de la población bajo la línea de pobreza, requerirá de amplios consensos y políticas de Estado. Nadie puede imaginar que comprando tranquilidad hasta las próximas elecciones estos problemas quedarán resueltos. Pero la firma de un compromiso por parte de la mayoría de los precandidatos presidenciales acerca de algunas cuestiones muy básicas, como las propuestas por el primer mandatario, contribuiría a brindar garantías de seriedad a un mundo que en no pocas ocasiones se ha visto defraudado por un país que se ha comportado de modo impredecible.

Es imprescindible una cuota de generosidad y responsabilidad de parte de todos, por encima de los intereses partidarios o sectoriales.

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