A 30 años del golpe, en Chile aún persisten las divisiones
La figura del derrocado presidente Allende genera sentimientos contrapuestos
1 minuto de lectura'
SANTIAGO, Chile.- Con una efervescencia previa sin precedente y con una verdadera exaltación, tampoco vista antes, de la figura del derrocado presidente Salvador Allende, los chilenos recordarán mañana el golpe militar que hace 30 años elevó al poder al hasta entonces oscuro general Augusto Pinochet.
Como nunca, los chilenos han recibido un bombardeo de informaciones sobre los diversos episodios del cruento golpe, algunos desconocidos, y de la admirada y a la vez odiada personalidad de Allende. Reportajes especiales y programas de televisión formaron parte de esa avalancha informativa, que no se había producido al retornar la democracia en 1990, ni tres años más tarde al cumplirse 20 años, ni tampoco tras un cuarto de siglo.
Sin embargo, una encuesta reciente reveló que el 67,5% de los consultados consideró exagerado el despliegue informativo sobre el aniversario del golpe. El presidente Ricardo Lagos atribuyó el fenómeno a la mayor liberalidad que vive el país.
Más apertura
Los canales de televisión, en particular, se atrevieron esta vez a mostrar la crueldad que siguió al golpe.
Reflejo tal vez de esa mayor liberalidad es el reconocimiento que todos los sectores, incluso militares, de las violaciones de los derechos humanos.
Pero ni los principales protagonistas del golpe ni la derecha que respaldó y gobernó con Pinochet han dado muestras de arrepentimiento. Pinochet, debilitado políticamente por el desapego que le manifiesta la derecha y deteriorado físicamente por la serie de males que lo afectan a los 87 años, se mantiene ajeno a estos avatares.
El analista Ricardo Israel apuntó a La Moneda como responsable de la exaltación de Allende al organizar una serie de actos que se inician hoy con la apertura de una puerta por donde ingresaban hasta antes del golpe los mandatarios, clausurada tras la reconstrucción de la sede de gobierno. También se bautizará un salón con el nombre del mandatario derrocado y se instalará una efigie.
Para Israel, "ahora Allende adquirió tal protagonismo que reemplazó lo que había sido Pinochet todos estos años".
El suicidio de Allende a los 65 años, para evitar caer prisionero de los militares golpistas que habían tomado por asalto La Moneda, es destacada actualmente como un gesto heroico.
El pinochetismo no ha observado indiferente esa situación. Lucía Hiriart, esposa del ex dictador, afirmó que "sólo falta que canonicen a Allende".
"Creo que esto ha demostrado dos cosas: que los chilenos tenemos cada vez más información y nos podemos acercar a la verdad, pero al mismo tiempo la reconciliación está cada vez más lejana", dijo el analista Israel a LA NACION.
Mientras el oficialismo recuerda hoy a Allende y mañana realizará un acto ecuménico, destinado a establecer un compromiso de que nunca más se repitan las violaciones de los derechos humanos, Pinochet estará recluido en su residencia costera de Los Boldos, a 130 kilómetros de Santiago.
Sólo un grupo de sus más allegados lo visitará, y por la noche la fundación que lleva su nombre efectuará un acto en el que su ex ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa defenderá el golpe.
Los militares tendrán misas internas, y en la que se oficiará para el ejército se orará por los muertos de todos los sectores, un gesto de los nuevos vientos que soplan en esa institución.
El gobierno autorizó una serie ininterrumpida de actos de homenaje a Allende frente a su estatua, situada a un costado de la sede de gobierno.
El viernes, la senadora argentina Cristina Fernández de Kirchner asistirá a uno de los homenajes.
Temor por disturbios
Las autoridades temen, empero, que se repita la violencia de años anteriores, sobre todo en los suburbios populares, y la policía organizó un plan destinado a controlar posibles disturbios, para lo cual movilizará en Santiago 15.000 efectivos.
Ayer se registraron disturbios durante una manifestación de estudiantes de la Universidad Metropolitana de Santiago. La policía disparó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes.



