Aleja China el temor a un estallido de su burbuja inmobiliaria

Después de dos años, empiezan a surtir efecto las medidas; aparecen "ciudades fantasma"
Natalia Tobón Tobón
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6 de marzo de 2012  

PEKIN.– "Al norte de la calle Bahe hay un conjunto de villas en medio de la maleza y los árboles. Parecen castillos de cuentos de hadas. Sorpresivamente, todas están abandonadas", escribió "Momowuyu", uno de los muchos usuarios de un foro de Internet en China.

El conjunto inmobiliario, en la provincia de Shaanxi, estaba pensado como centro recreativo con una cincuentena de villas de lujo de dos pisos, con pileta y amplias zonas verdes, dijo el forista. Las obras están hoy paralizadas y las hectáreas abandonadas quedaron al cuidado de apenas una familia.

Como "Momowuyu", decenas de personas rastrean construcciones abandonadas para postearlas en Internet preguntándose: ¿quién construyó esto? ¿Por qué nunca las terminaron? Ellos se encargan también de resaltar la existencia de "ciudades fantasma", como Ordos y Zhengzhou, donde hay barrios enteros construidos pero desocupados.

Cada vez se hace más común el abandono de grandes complejos de lujo en China, muchos de ellos sin terminar, desde condominios residenciales hasta edificios de departamentos y oficinas en grandes ciudades, como Shanghai, y pequeñas ciudades manufactureras y comerciales, como Wuxi.

Las estrictas medidas para contrarrestar la burbuja inmobiliaria en China han atacado fuertemente a los constructores, que hoy sufren un masivo endeudamiento y una disminución en sus ventas. La solución más fácil ha sido abandonar los proyectos mientras esperan una nueva negociación con los gobiernos locales o una nueva legislación del gobierno nacional.

Las políticas impuestas en 2010 se concentraron en restringir la financiación del sector inmobiliario, limitando el acceso a préstamos y aumentando las tasas de interés para constructores y particulares. De igual forma, se ajustó la compra de bienes, al reducir la cantidad de viviendas que puede comprar una sola persona, y en origen, al establecer que las viviendas sólo pueden ser compradas en la ciudad de residencia indicada en el permiso de residencia.

Después de dos años sin resultados, ahora comienza a verse el impacto: reducción de precios, menor dinamismo del sector y un alto nivel de endeudamiento de las grandes constructoras.

El negocio inmobiliario en China fue uno de los más rentables y explosivos de los últimos años y se convirtió en una de las bases de la economía nacional, con una participación del 10% en el PBI.

Inversiones millonarias

Después de la desaparición de la subvención de viviendas y la liberalización de la adquisición de bienes privados en los años noventa, el negocio de bienes raíces creció a una velocidad inimaginable, no sólo en las grandes ciudades sino también en las de segunda y tercera líneas. Ya para 2009 las acciones de las grandes constructoras chinas en la bolsa de Hong Kong habían crecido hasta un 50%, y en 2010 se hablaba de inversiones por 750.000 millones de dólares.

En el afán de urbanizar el país y renovar el nivel de viviendas, el gobierno jugó un factor determinante al permitir la financiación bancaria. También flexibilizó las licencias de construcción, apoyadas en una alta dosis de corrupción de las autoridades locales, que se vieron beneficiadas con la venta de las tierras como parte de sus ingresos.

El crecimiento económico chino dio pie a una modernización en la urbanización, lo que dio como resultado un incremento en las construcciones de lujo, que cotizaban a un precio de hasta 20.000 dólares el metro cuadrado. Cuando las zonas de desarrollo urbano se agotaron en las grandes ciudades, la construcción se volcó hacia las ciudades intermedias, donde se encontraban con gobiernos locales ávidos por desarrollar su ciudad, y con consumidores de alto poder adquisitivo, gracias al desarrollo de la industria.

Pero la extrema flexibilización del sector, unida a la corrupción de las autoridades y a la ausencia de regulación, dio pie a la especulación.

En 2010, ya había denuncias de hasta una triplicación de precios en las viviendas y se comenzaba a hablar de una burbuja inmobiliaria a punto de estallar, como ocurrió en Estados Unidos.

Después de dos años, comienzan a verse las consecuencias de las medidas oficiales. Los precios se recortaron en algunos casos hasta un 40%. A pesar de esto, los constructores se lamentan de la falta de compradores. Un vocero de la constructora Xi Shui Dong afirmó a The Wall Street Journal que sus ventas en 2011 cayeron un 25% comparadas con el año anterior. En Shanghai, el gobierno local informó que las ventas de departamentos nuevos cayeron hasta un 50%.

El panorama para este año tampoco resulta alentador. El gobierno anunció más planes para incentivar las viviendas sociales y atacó directamente el sector inmobiliario de lujo. El Banco Central anticipó que los principales bancos chinos retomarán los créditos para bienes inmuebles. Y la legislatura buscará aprobar proyectos que descuenten hasta el 30% de las hipotecas para quienes adquieren su primera vivienda.

En tanto, quienes compraron casas a precios "inflados" empiezan a lamentarse, solicitando la devolución del dinero para ajustarse al precio "real".

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