Alemania celebró los 60 años de democracia y reeligió al presidente
En los actos por el nacimiento de la República Federal participó Barenboim; otro mandato para Köhler
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BERLIN.- "Nunca más." Bajo este imperativo categórico, pronunciado por Carlo Schmid, nacía hacía 60 años la Grundgesetz , la Constitución que fundaba la República Federal Alemana. Un nuevo Estado democrático destinado a convertirse en una gran potencia se levantaba sobre las cenizas de un país destrozado por la Segunda Guerra Mundial, dividido en dos bloques por los aliados y bajo las sombras de los peores dramas del siglo XX: el nazismo y el Holocausto.
Sesenta años después, los alemanes han vuelto a descubrir su orgullo nacional. Y salieron ayer en forma masiva a las calles para inundar todo con los colores negro, rojo y oro de la bandera. Colores que ya no dividen a la población.
Nunca más un presidente tendría la posibilidad de nombrar un canciller. Nunca más el Parlamento podría derogar los derechos fundamentales, como sucedió bajo el régimen de horror impuesto por Adolf Hitler. Nunca más un partido contrario a la Constitución llegaría al poder. Después de largos debates, el 23 mayo de 1949 el Senado ratificó el texto que ya había aprobado el Parlamento y la Grundgesetz entró en vigor en la Alemania occidental. Este nuevo país, sin embargo, no estaría completo hasta 1989, con la caída del muro de Berlín y la anexión de la parte Este.
Y por eso es que 2009 será un año de celebraciones, porque coinciden los 60 años de la República Federal con los 20 de la reunificación (cuyo aniversario será en noviembre). Festejos que comenzaron ayer con una serie de actos oficiales.
La Burgerfest, la fiesta de los ciudadanos, se realizó frente al escenario de las grandes ocasiones: la Puerta de Brandeburgo, donde fue instalado un gran escenario en el que la Staatskapelle (la orquesta de Berlín), dirigida por el argentino-israelí Daniel Baremboim, entonó la Novena sinfonía, de Beethoven.
A lo largo de toda la tarde, varios conciertos callejeros de rock se alternaron bajo un agradable sol de primavera. "No es sólo un día de fiesta, sino un año de fiesta", comentó Hans Ruhig, mientras seguía un partido de fútbol desde una pequeña radio. "Con este sol, podría decir que es un día perfecto, pero no lo es: el Herta [el equipo de Berlín] pierde 2 a 0 contra el último de la tabla. ¡Justo hoy!", se lamentó.
Varios ómnibus llegaron desde toda Alemania y el tránsito en el centro de la ciudad fue restringido para dejar espacio a casitas de madera, que ofrecieron productos regionales. Los nativos se mezclaron con los turistas, que en esta época del año recorren cada rincón de la ciudad, cuyas cicatrices históricas siguen siendo visibles. Se calcula que medio millón de personas participaron de los festejos.
"Hoy puedo decir, sin duda, que estoy orgullosa de ser alemana", contó Hanna, una rubia de 40 años. "Pero nuestra conciencia común, la de mi generación, se basa en la culpa que sentimos, porque nuestros antepasados formaron parte, aunque de manera indirecta, de las atrocidades de la época nazi", agregó.
Mientras la ciudad festejaba, los diputados del Bundestag (el Parlamento) y los representantes de los Länder (las regiones) se reunieron en el edificio Reichstag (sede legislativa) para elegir al presidente. El actual mandatario, el conservador Horst Köhler, fue reelegido en primera vuelta por 613 de los 1224 miembros de la Asamblea Federal, formada por los 612 diputados del Bundestag y otros tantos representantes de los 16 estados federados.
Durante las últimas semanas, la prensa trajo a la memoria las figuras clave de estos 60 años. Además de Carlo Schmid, uno de los padres de la Constitución, recordó a Konrad Adenauer, el primer canciller y responsable del milagro económico; a Willy Brandt, quien pidió perdón de rodillas por el Holocausto, y al polémico Helmut Kohl, canciller de la reunificación.


