Antes de despedirse de Asia, el Papa le tendió la mano a China

Durante un encuentro con obispos de la región, pidió establecer un "diálogo fraterno" con el régimen; extendió la invitación a otros países comunistas que no tienen relaciones diplomáticas con el Vaticano
Elisabetta Piqué
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18 de agosto de 2014  

SEÚL-. El Papa cerró su primera visita a Asia con una histórica invitación a un "diálogo fraterno" a China, una de las grandes metas hasta ahora inalcanzables del Vaticano, y a los demás países comunistas de esa región que no tienen relaciones con la Santa Sede.

Además, antes de despedirse, volvió a hacer un llamado a la reunificación de las dos Coreas al celebrar una misa por la paz y reconciliación en la catedral de esta capital.

Durante una reunión ayer con los obispos de 22 países de Asia, el Papa exhortó a la Iglesia a ser "versátil y creativa en su testimonio del Evangelio, mediante el diálogo y la apertura a todos", y tendió la mano tanto al régimen de China, donde los católicos son perseguidos, como también a otros países de la región, como Corea del Norte, Vietnam, Myanmar, Laos y Brunei.

"En este espíritu de apertura a los otros, tengo la total confianza en que los países de este continente con los que la Santa Sede no tiene relación plena avancen sin vacilaciones en un diálogo que beneficiará a todos", dijo el Papa, en un encuentro en el santuario de los mártires desconocidos de Haemi, localidad 100 kilómetros al sur de esta capital.

"No me refiero a un diálogo político, sino a un diálogo fraterno. Estos cristianos no vienen como conquistadores; ellos no están tratando de quitarnos nuestra identidad, sino que nos llevan la de ellos, pero quieren caminar con nosotros", agregó, en una frase con la que quiso dejar en claro que quiere tender puentes, no imponer ninguna estrategia.

De hecho, en el mismo discurso a los obispos, también recordó que su predecesor Benedicto XVI ya había dicho que "la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción".

Cuando el jueves pasado Francisco llegó a esta capital, China -con la que desde hace tiempo quiere establecer relaciones diplomáticas- autorizó que su avión sobrevolara su espacio aéreo, hecho sin precedente, ya que a Juan Pablo II se lo habían negado en 1989. Entonces, como es de rigor, el protocolo del Vaticano envió a Pekín un telegrama con sus "mejores deseos" al presidente Xi Jinping y a la población del país.

"Fue una muy buena señal que el Papa haya podido sobrevolar China", dijo a la nacion monseñor Dominc Chan Chi Ming, vicario general de Hong Kong, antes de la misa de cierre de la Jornada de la Juventud Asiática (JJA), que celebró ayer a la tarde el papa Francisco en el castillo de Haemi.

Chan destacó que en China, donde el 1% de una población de 1200 millones de habitantes es católico, es una enorme área de evangelización. "Las autoridades le tienen miedo a la Iglesia Católica porque representa un desafío y porque es un grupo unido, con una ideología distinta: ellos no tienen Dios, nosotros creemos en Dios", indicó. Chan estaba junto a un grupo de 300 jóvenes chinos que, como sus coetáneos de otros países asiáticos, aclamaron al Papa cuando llegó en papamóvil a la explanada de castillo de Haemi.

Rodeado por una vieja muralla de dos kilómetros, con antiguas construcciones orientales con bellísimos techos tipo pagoda, el lugar se levanta donde en 1421 los coreanos construyeron un castillo para defenderse de los piratas japoneses. Luego se convirtió en fortaleza y durante las persecuciones anticristianas del siglo XIX, en sitio de detención y martirio de casi 3000 cristianos.

"¡Jóvenes, despierten!", les pidió el Papa a los jóvenes, que debieron soportar un diluvio horas antes de la misa. Gracias a una organización impecable, el mal tiempo no aguó la fiesta. Y 41.000 fieles, sacerdotes y monjas de todo el continente participaron, en forma disciplinada y concentrada, de la celebración eucarística. En una homilía que pronunció en inglés, el Papa llamó a edificar una Iglesia "más santa, más misionera y humilde, que intenta servir a los pobres, a los que están solos, a los enfermos y a los marginados".

En una misa por la paz y la reconciliación que celebró en la catedral de esta capital antes de emprender su regreso a Roma -adonde llegará hoy, a las 12.45 de la Argentina, en un vuelo de Korean Airlines-, finalmente Francisco volvió a orar por la reunificación de Corea del Sur y Corea del Norte, dramáticamente divididas desde hace más de 60 años.

Luego de agradecer a todos los que contribuyeron a su exitosa primera visita a Asia, rezó por "nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro y de superación de diferencias". Y, como había hecho el viernes pasado en un encuentro con jóvenes, llamó a reconocer "que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una única familia y de un único pueblo".

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