
"Aún no estaba preparado para morir"
El relato del joven rescatado el domingo
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KLANG, Malasia (AP).- Un día después de haber pisado tierra firme en un puerto malayo de Klang, el náufrago indonesio Ari Afrizal, que sobrevivió 14 días navegando en una balsa a la deriva tras el tsunami del pasado 26 de diciembre, relató con mayor detalle la increíble odisea de la que fue protagonista.
"No estaba preparado para morir", dijo Ari desde el hospital en el que se recupera, y sostuvo que su supervivencia es un regalo de Alá, un fruto de su devoción.
"Alá, pido tu perdón y tu ayuda para mí, para mis padres y para Ayi [su novia]", era la frase que, según su relato, repitió una y otra vez durante las dos semanas sin ver tierra. Afrizal aún no sabe nada sobre la suerte de sus parientes.
El joven de 22 años contó cómo fue tragado por el mar. Aún recuerda el extraño zumbido que hacía la ola gigante mientras se acercaba a la costa y el posterior ruido de las casas que destruía. En un primer momento, Afrizal logró agarrarse de un árbol. Pero luego se zafó y debió valerse de una tabla de 1,5 metros de largo para sobrevivir la primera noche.
Al día siguiente encontró una pequeña embarcación pesquera, volcada y muy averiada. A pesar del dolor que sentía en las piernas pudo enderezarla y abordarla. Fueron los momentos más difíciles. En esas primeras 48 horas Afrizal vio desaparecer a cuatro amigos y también a un hombre que pedía ayuda y al que no logró asistir.
La balsa salvadora
Durante la mañana del quinto día, Afrizal divisó una balsa de diez metros de largo, con una choza construida en su cubierta. "Pensé que sería rescatado por sus tripulantes -recordó-. Así que me arrojé al agua y nadé hacia ella, pero no había nadie."
En la balsa, el joven encontró un bidón de agua potable, kerosene, lámparas y hasta algo de ropa.
La balsa fue su hogar durante otros nueve días, en los que se alimentó con los numerosos cocos que flotaban en el mar. "Vi pasar muchos barcos. Pedía auxilio y agitaba los brazos como loco. Quizá no me vieron, porque nadie respondió", relató.
El náufrago circulaba por una zona donde no es infrecuente que "balseros" indonesios intenten llegar a las costas malayas en busca de trabajo y mejoría económica.
Siempre según el relato de Afrizal, cuando llevaba dos semanas en alta mar sobrevino un nuevo milagro: divisó el barco portacontenedores Al Yamamah, que cubría la ruta entre Omán y Malasia operando para una empresa de Emiratos Arabes Unidos. Como loco, el náufrago comenzó a pedir socorro en malayo y el barco lo rescató.
Afrizal abordó la nave por sus propios medios. A bordo, el capitán John Kennedy -neozelandés- dispuso que se lo atendiera y se lo llevara a Port Klang, Malasia.
Mientras tanto, en Indonesia, las autoridades advirtieron ayer a los cuerpos de socorristas que muchas partes de la devastada provincia de Aceh no son seguras para los extranjeros. El ejército dijo que rebeldes separatistas que operan en la zona pretenden asaltar los convoyes con provisiones y medicinas para las víctimas del maremoto.
Por su parte, el líder de los separatistas, Muzakir Manaf, negó las acusaciones de los militares y afirmó que sus fuerzas "garantizan la seguridad y el libre acceso a todas las partes de Aceh de los trabajadores humanitarios internacionales".


