
Bakiyev, rehén de sus ambiciones
Tolkun Namatbaieva Agencia AFP
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BISHKEK.- El presidente de Kirguizistán, Kurmanbek Bakiyev, que tuvo que abandonar la capital ayer luego de que la oposición tomara el control del gobierno, llegó al poder tras la llamada Revolución de los Tulipanes, de 2005. Sin embargo, ahora, los manifestantes, que protagonizaron duros choques con la policía, le reprochan que dirige autoritariamente el país como lo hacía el régimen que derrocó.
Este hombre de 60 años tuvo su momento de gloria el 24 de marzo de 2005, cuando fue uno de los líderes de la revolución que desalojó del poder al presidente Askar Akaiyev. Tres meses después, pese a una victoria aplastante en los comicios presidenciales (89% de los votos), Bakiyev nunca pudo imponerse.
"Tenía fama de dirigente comunista, capaz de poner orden. Pero se volvió el rehén de sus ambiciones y de su clan", dijo Alexei Malachenko, especialista de Asia Central del Centro Carnegie, en Moscú.
Rápidamente, Bakiyev fue abandonado por quienes lo ayudaron a llegar al poder y lo acusaron de seguir con las malas acciones de su antecesor, al distribuir ventajas económicas y puestos de responsabilidad a miembros de su familia.
"Sus hermanos obtuvieron puestos importantes y su hijo Maxim monopolizó la economía del país. Este clan es mucho más poderoso que el de Akaiyev", subrayó Malachenko.
Al ser el único presidente de los cinco países de Asia Central cuya elección fue reconocida como libre por Occidente, Bakiyev sigue siendo considerado fundador de la democracia en la región. Pero su régimen terminó por restablecer el uso del fraude electoral en 2007, en los comicios que le dieron una mayoría parlamentaria aplastante.
Las elecciones presidenciales de julio último, cuando obtuvo la reelección con el 76% de los votos, fueron juzgados como no democráticos por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Gracias a la posición estratégica del país, Bakiyev se aprovechó de la rivalidad entre Rusia y Estados Unidos. Kirguizistán es de gran interés tanto para Washington como para Moscú por sus recursos naturales, acceso energético y rutas de comercio.
Bakiyev logró que Estados Unidos triplicara el precio pagado por el uso de su base militar de Manas, el año pasado, tras haber amenazado con cerrarla meses antes. Esta base es crucial para las operaciones militares norteamericanas en Afganistán.
En medio de las negociaciones con la Casa Blanca, Bakiyev obtuvo 2000 millones de dólares de Moscú, que, según analistas, presionaba para obtener el cierre de Manas.
Bakiyev proyectaba la imagen de un hombre sin carisma, habituado al poder. El ex presidente del Parlamento Omurbek Tekebaiyev lo describía como "un político insulso y sin visión". En 1990, Bakiyev dejó su puesto de director de fábrica para dirigir, como buen comunista, un consejo municipal. Con la caída de la Unión Soviética y la independencia de Kirguizistán, su carrera avanzó y, en 1995, se convirtió en gobernador de su región natal, Jalal Abad (Sur).
Dos años más tarde, tomó el mando de la región septentrional de Tchui, una promoción en un país donde el Norte siempre dominó la política. En 2000, Akaiyev lo llamó a encabezar el gobierno, pero renunció al cargo de primer ministro en 2002 tras una sangrienta represión. Sus partidarios dicen que dimitió como muestra de protesta, mientras que sus detractores lo acusan de haber ordenado la represión y dejado el puesto para cubrir al presidente.






