Belisario Betancur: buscó la paz en un mandato marcado por la violencia

Héctor Velasco
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10 de diciembre de 2018  

BOGOTÁ.- El expresidente Belisario Betancur, que murió el viernes a los 95 años, impulsó una salida pacífica al conflicto armado más antiguo de América Latina, a pesar de haber enfrentado uno de los períodos más violentos de la historia de Colombia.

De origen humilde, el gobernante de las dificultades, murió con parte de su sueño cumplido: el fin del alzamiento armado de la exguerrilla FARC.

El político, que gobernó entre 1982 y 1986, enfrentó el surgimiento de Pablo Escobar como el gran barón de las drogas, la guerra entre carteles del narcotráfico y la consolidación de los rebeldes marxistas.

Aun así, fue el primer presidente en convocar al diálogo a las organizaciones armadas surgidas en los años 1960. Sellar "la paz del país" era ese "algo" que hubiera querido hacer, confesó en entrevistas.

Sin embargo, debieron pasar 30 años desde su mandato, y correr mucha sangre, antes de que las FARC firmaran la paz y depusieran las armas bajo el gobierno del liberal Juan Manuel Santos.

Durante su mandato, Betancur enfrentó un recrudecimiento de la violencia derivada del narcotráfico y sufrió el ataque guerrillero más mortífero de la historia de Colombia: la toma del Palacio de Justicia, el 6 y 7 noviembre de 1985, cuando un comando del extinto M-19 tomó por asalto el edificio en Bogotá. Entre el ataque y la reacción oficial, murieron casi cien personas, entre ellas varios magistrados.

Pocos días después, el 13 de noviembre, capoteó una avalancha provocada por el deshielo de un volcán-nevado que sepultó a 25.000 habitantes de la población andina de Armero (centro).

Tesón

Betancur alcanzó la presidencia al tercer intento, tras una campaña centrada en propuestas para acabar con el conflicto armado y como candidato del Movimiento Nacional, que incluía a conservadores y tenía el apoyo de la Alianza Nacional Popular, movimiento de tendencia populista.

Ganó con el lema "Sí se puede". Luego impulsó una comisión de paz y una ley de amnistía para atraer a las guerrillas a una salida negociada.

En 1984 logró que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Movimiento 19 de abril (M-19) y el Ejército Popular de Liberación (EPL), tres de los cuatro principales grupos guerrilleros de entonces, firmaran una tregua. Pero el fin de la violencia no se concretó por falta de apoyo político.

Betancur, un amante confeso del conocimiento y la poesía, aseguraba no temerle a la muerte.

"Es lo inexorable. Miedo no [le tengo], pero como que no somos buenos amigos tampoco", dijo a Caracol Radio entre risas poco antes de cumplir 94 años.

La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez lo dio por muerto días antes por error, lo que desató una cadena de reacciones que repercutieron en varios medios.

Además de las negociaciones, su gestión estuvo marcada por dos hechos que iniciaron un espiral de violencia de tres décadas: el asesinato en 1984 del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, atribuido al cartel de Medellín que lideraba Escobar, y la toma en 1985 del Palacio de Justicia por el M-19, presuntamente patrocinada por el capo.

Estos atentados, ocurridos en el marco de una frontal confrontación con los carteles del narcotráfico, que se oponían al tratado de extradición con Estados Unidos firmado en 1979, no impidieron el envío a cárceles estadounidenses de capos presos en Colombia.

Probablemente por este convulsionado ambiente político, cuando le preguntaron qué haría si pudiera volver a gobernar Colombia por un día, respondió, sin dudarlo: "Renunciar".

"No se aprende el arte de gobernar, es un imposible físico y metafísico, y siempre te quedas corto entre los sueños y los ensueños y las posibilidades; entonces, siempre estás frustrado", explicó.

Nacido el 4 de febrero de 1923 en una familia numerosa en la localidad de Amagá, departamento de Antioquia (noroeste), Betancur contaba que descubrió "que se podía aprender cosas" con poco más de cuatro años en una escuelita local. Después, "nada me detuvo".

Polifacético

Además de político y abogado, fue periodista, escritor y apasionado ajedrecista. En sus últimos años recibía también clases de pintura y mucho antes fue traductor al español del poeta griego Constantino Cavafis.

"No conozco un hombre más polifacético, más universal, de una curiosidad en todas las disciplinas", dijo sobre Betancur su amigo, el periodista Darío Arizmendi.

Cercano también a personalidades como los ganadores del Nobel Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, y asesor del papa Juan Pablo II en temas de justicia y paz, solía definirse como un "provinciano paisa de gabardina".

Bajo su mandato, Colombia ingresó al Movimiento de Países no Alineados e impulsó la paz en América Central con el Grupo Contadora, instancia multilateral en la que Betancur tuvo activa participación. En 1983 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

"Con él aprendí sobre tolerancia y paz", dijo su nieta Paula Gaviria, consejera de derechos humanos del presidente Santos y quien se recuerda niña en casa de su abuelo gritando "paz, paz" por la ventana.

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