"Ben Laden es impresionante: mide dos metros y nunca sonríe"
Arnett recordó que el saudita se negó a darle la mano en 1997
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-Qué impresión le causó Ben Laden cuando lo entrevistó en 1997?
-Esa entrevista le sirvió para declararle la guerra a Occidente. Dijo que cada vez que el islam se vea amenazado en algún lugar del mundo, él va a responder. Dijo que él mandó guerreros a Chechenia, a Sudán, a Tadjikistán, a Somalia. Dio a entender que se trataba de una guerra global. Recomendó a las madres norteamericanas que se preparen. Parecía un Moisés bajado de la montaña, que venía a transmitir la palabra de Dios. Había que presentarle un cuestionario por adelantado y no se le podía repreguntar nada, no fue una verdadera entrevista. Su figura es muy impresionante, mide cerca de dos metros, usaba ropa militar y tenía un fusil AK47 colgando del hombro. No era simpático: asentía sin sonreír. Tampoco quiso darme la mano. Tuvimos que esperarlo en una carpa, en medio de las montañas, rodeados por decenas de jóvenes con cabezas rapadas y armados con ametralladoras. Ben Laden trajo sus propias cámaras digitales, no nos dejó usar las nuestras, pero nosotros tuvimos que llevar los equipos de iluminación. Después del reportaje permitió que charláramos un poco. Le pregunté qué pensaba de Saddam Hussein y pude ver que lo despreciaba. Lo ponía a la misma altura que la realeza saudita, como un tipo muy occidentalizado, muy egocéntrico. Por eso no creo que hoy sean aliados. Saddam era muy distinto: cálido, simpático, todo un diplomático. Ben Laden es mucho más mesiánico. Tiene ojos muy penetrantes, que te congelan.
-Entonces no cree que Saddam esté detrás de los ataques de ántrax.
-El ántrax es otro asunto. No sé de dónde salió. Podría provenir de Irak, pero me parece algo muy torpe. No tiene sentido atacar a los periodistas, ya que los periodistas son muy útiles, son los que llevan el mensaje. Por eso nadie mata periodistas, salvo en lugares anárquicos dominados por bandidos, tipo Sierra Leona. Yo cubrí 18 guerras y lo peor que me pasó es una torcedura de tobillo. Saddam trataba a los periodistas muy bien. Y, que yo sepa, los talibanes tampoco han lastimado a los periodistas occidentales detenidos en Afganistán. Ben Laden entiende la importancia de los medios, los usa de manera muy sofisticada. La gran ironía es que los mismos medios que lo ayudaron terminarán enterrándolo. Porque al mostrar el ataque a las Torres Gemelas revelaron el poder del terrorismo, pero también su brutalidad y ambición. Los americanos pasaron del shock al miedo y del miedo al enojo. En los panfletos que tiran los aviones americanos en Afganistán, se puede leer: "Ustedes, al apoyar el ataque a las Torres Gemelas, firmaron su sentencia de muerte". Ese es el sentimiento de la gente en los Estados Unidos. Más allá de los roces que puedan existir entre los Estados Unidos y el mundo islámico, Ben Laden se pasó de la raya y por eso ni siquiera los gobiernos de los países árabes lo apoyan. Lo importante es no abandonar a Afganistán después de la guerra, como ocurrió cuando se retiraron las tropas soviéticas. Estados Unidos debe comprometerse con el destino de ese país porque si no surgirá otro Ben Laden.
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