Bergamo, la ciudad-mártir del coronavirus en Italia: 385 muertos en una semana

En Bergamo, el cementerio realiza un entierro cada 30 minutos
En Bergamo, el cementerio realiza un entierro cada 30 minutos Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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17 de marzo de 2020  • 18:23

ROMA.- En medio de un contagio que crece y que aún no ha llegado a su pico en Italia -que registró hoy 31.506 contagios y 2503 muertos -, Bergamo, en el norte del país, se ha convertido en la ciudad mártir del coronavirus . En Bergamo y provincia, donde vive un millón de personas, en 7 días hubo 385 muertos: 55 por día, uno cada media hora . Allí, las morgues están saturadas, los ataúdes se apilan en las iglesias porque no hay espacio, los crematorios trabajan sin descanso y se cuentan páginas y páginas de avisos fúnebres en las paredes y en los diarios locales.

En Bergamo, famosa por ser tierra natal del famoso compositor de ópera, Gaetano Donizzetti (1797-1848) y del "papa bueno", Juan XXIII (1958-1963), la localidad de Sotto il Monte, se volvió una ciudad símbolo de muerte, de peste. La nueva Wuhan.

Bergamo es una de las ciudades más importantes de Lombardía, foco del brote y la más golpeada con 1640 fallecidos y 12.095 casos, de los cuales 879 se encuentran en terapia intensiva, 6953 están internados con síntomas y 4263 en aislamiento domiciliario. Bergamo, una ciudad que queda a tan sólo 60 kilómetros de Milán, registró hoy un récord de casi 4000 nuevos casos, para ser más exactos, 3993.

Detrás de los números hay historias de vida. Como la de Diego Bianco, que se convirtió en una de las víctimas más jóvenes del "maldito" Covid-19, con 46 años. Diego trabajaba como operador del 118, uno de los números de emergencia sanitaria. En mayo debería haber cumplido 47 años. Diego era un hombre saludable pero, según fuentes de prensa, su situación se precipitó. Como muchos otros "héroes" que está descubriendo en este momento Italia, desde hace veinte días trabajaba en el hospital Giovanni XXIII (Juan XXIII), el principal de la ciudad y uno de los más importantes de la región, que tiene una de las terapias intensivas más grandes de Europa, con 100 camas y capacidad para otros mil enfermos, Un hospital que por supuesto colapsó y que ya no da más abasto. Allí Diego respondía los llamados de urgencia. "Era un trabajador preparado, que siempre utilizó los dispositivos de protección. No era un anciano y no tenía otras enfermedades", contaron sus colegas.

Diego murió el sábado pasado. Le habían hecho el test de coronavirus el miércoles: tenía fiebre, pero no se sentía mal. Tanto es así que el viernes por la noche bromeaba con su hermano. A las tres y media de la mañana del sábado, Diego le dijo a su mujer que no se preocupara: "andá a dormir, total no me muero, sólo tengo que encontrar una posición", sus últimas palabras. Diego no volvió a despertarse. A las cinco y media de la mañana su mujer, voluntaria en la Cruz Roja, al regresar a la habitación lo encontró sin vida. Intentó un masaje cardíaco, pero fue inútil.

"En 35 años de trabajo en terapia intensiva nunca me imaginé tener que enfrentarme con una bestia tan agresiva", dijo al diario La Repubblica Luca Lorini, jefe de los anestesistas del hospital Giovanni XXIII, que se volvió un hospiital de trinchera. "No sólo se trata del aspecto técnico. También está la cuestión emotiva y de relación con los pacientes. Sabés que todos los días la bestia muerde y allá afuera la gente está aterrada", agregó.

En Bergamo y provincia mucha gente muere sola no sólo en el hospital, sino también en su casa porque los protocolos implican el aislamiento del contagiado.

Otro gran drama adentro del drama es que también se enferman y mueren médicos y enfermeros. Al menos 80 se han contagiado en Bergamo. Entre ellos Maria Beatrice Stasi, directora general del hospital Giovanni XXIII, que trabaja ahora desde casa y que confiesa que "en tres semanas acumulé tanto dolor que me cuesta contenerlo". El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, el domingo pasado la llamó por teléfono. "Entendió la gravedad de la situación. Me preguntó qué necesitábamos y le contesté: personal, barbijos, ventiladores", contó Stasi.

El jefe de la Protección Civil, Angelo Borrelli, en la cotidiana conferencia de prensa con datos sobre la emergencia, reconocíó hoy la situación crítica de Bergamo, donde se está levantando un hospital de campaña. En medio de una ola de solidaridad que atraviesa a Italia, en cuarentena, asustada y aislada debido a la epidemia, grandes empresarios hicieron donaciones al hospital de esta ciudad-mártir. La familia Agnelli, una de las más ricas de Italia y dueña de FCA –Fiat Chrysler Automobile-, donó 10 millones de euros a la Protección Civil. Hizo lo mismo el exprimer ministro y magnate Silvio Berlusconi, que donó la misma cifra a la región de Lombardia.

Para ayudar a Bergamo el ministerio de Defensa envió a 27 médicos y a cuatro enfermeros del ejército. "Bien, pero no bastan", dijo Roberto Cosentini, director de la guardia del hospital principal.

Si en toda Italia a las 12 del mediodía hay aplausos colectivos y a las 18 flashmobs en los que la gente sale a la ventana o a los balcones de sus casas para entonar el himno o alguna canción popular, para hacerse coraje ante el encierro, en Bergamo todo calla. "A la hora de la resistencia no se ven personas ni guitarras, tampoco banderas de Italia", describió Paolo Berizzi, de La Repubblica. "En el resto de Italia intentan exorcizar al monstruo, pero Bergamo no logra romper el silencio de sus calles, que no es un silencio de miedo ni de tristeza, es un silencio de muerte", graficó,

Aunque no todo está perdido. "Quisiera que la gente no se olvidara de nosotros: Bergamo- Wuhan se ha convertido en un laboratorio mundial ", destacó Cosentino. "Nuestro modelo y la experiencia que estamos viviendo –agregó-, ayudarán a los demás".

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