Brasil: la corrupción ya daña la economía
El caso de Petrobras profundizó la crisis y alimenta cada vez más el desempleo
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RÍO DE JANEIRO.- El sol aún no despunta sobre la bahía de Guanabara, pero la fila de inscripciones para el seguro de desempleo ya tiene más de una cuadra frente a la sede regional del Ministerio de Trabajo, en el centro de Río de Janeiro. Normalmente entrarían todos solicitantes, pero desde principios de año las oficinas están desbordadas. Las causas son la desaceleración económica y la crisis desatada por el escándalo de corrupción en Petrobras, una de las principales empleadoras del país y con una gigantesca cadena de proveedores en varios sectores.
Desde que comenzaron las investigaciones sobre la millonaria trama de coimas montada en la petrolera, por la que están detenidos ex directivos, empresarios y políticos, la compañía y las constructoras involucradas en el escándalo paralizaron los proyectos sospechados de sobrefacturación. Y el efecto dominó de eso ya se deja sentir con mucha fuerza sobre el empleo.
Las principales constructoras del país, que están bajo la lupa de la justicia por haber formado un cartel para repartirse licitaciones con la petrolera, perdieron contratos; algunas, como OAS, Schahin, Galvão Engenheria y Alumini, recurrieron a la suspensión de pagos. El efecto dominó se agravó por la desaceleración económica general, lo que causó estragos en todos los sectores, desde las plataformas marítimas hasta el transporte.
"Vine en la madrugada porque no puedo darme el lujo de arriesgarme a perder otro día. Estoy desocupado desde hace dos meses y tengo seis hijos que alimentar. Estuve buscando empleo en lo mío, la construcción naval, pero está todo parado. La crisis de Petrobras afectó a toda la industria", comenta a LA NACIÓN André Moura, 41, quien se desempeñaba como soldador en el astillero local Enseada. "Éramos 7000 trabajadores hasta enero, pero ahora quedaron sólo 1600", apunta.

En la fila, delante de Moura, con suplementos de avisos clasificados en los que buscan oportunidades de trabajo, hay camioneros, secretarias, arquitectos, ingenieras, comerciantes, obreros, taxistas, empleados públicos y hasta una periodista. Todos comentan los masivos despidos de las últimas semanas: en las automotrices Mercedes-Benz y Volkswagen; en las telefónicas Vivo, Oi y Nextel; en la cosmética Natura; en la aerolínea Azul; en el frigorífico Fribrasil.
"La situación está muy fea. Nadie está tomando nuevos empleados. Me paso el día repartiendo currículum, pero nadie me llama", se lamenta Regina Correa, de 34 años y ex empleada administrativa de una imprenta, que lleva tres meses sin trabajar y tuvo que volver a vivir a casa de sus padres.
Según datos del Ministerio de Trabajo, el desempleo, que cerró 2014 con una tasa del 4,8%, subió ya a 7,4% en el primer trimestre de este año; se trata de la tasa más alta desde la crisis financiera internacional de 2009, cuando fue de 8,1%.
En enero y febrero, se perdieron en todo el país 84.189 puestos de trabajo formales; más de la mitad de ellos en el estado de Río de Janeiro, donde Brasil concentra las actividades petrolíferas, Petrobras tiene su sede y desde aquí se diseña la explotación de los enormes yacimientos submarinos de la llamada capa pre-sal.
Otros estados muy golpeados son los de Pernambuco y Bahía, en el Nordeste, bastión del Partido de los Trabajadores (PT), donde el desempleo, según las encuestas, ya comienza a tensionar las lealtades partidarias, con cada vez más personas que votaron por la reelección de la presidenta Dilma Rousseff, en octubre último, que se oponen a su gestión y al programa de ajuste y recortes que impulsa ahora, en su segundo mandato.
"Esto es sólo el comienzo. Lo que vemos es un reflejo de la estanflación de la economía el año pasado [cuando el PBI creció apenas un 0,1%]; este año enfrentamos una recesión de cerca del 1%, que tendrá un impacto expresivo en el nivel de empleo, mientras que el aumento de la inflación [8,13% en marzo, la más alta desde 2003] representará una fuerte caída en la renta de las familias. Las cosas van a empeorar antes que a mejorar", pronostica el economista Rafael Bacciotti, de la consultora Tendencias.
Que no lo escuchen en Itaboraí, ciudad a unos 50 kilómetros de Río, que es una de las que más sufren la crisis económica, y en especial las consecuencias del escándalo de corrupción de Petrobras.
En 2007, esta ciudad de unos 220.000 habitantes, acostumbrada a vivir de la manufactura cerámica y el cultivo de naranjas, se convirtió en una suerte de El Dorado petrolífero con el anuncio del presidente Luiz Inacio Lula da Silva de que allí se construiría el Complejo Petroquímico de Río de Janeiro (Comperj), una obra valuada entonces en 8400 millones de dólares y que ahora, aún sin terminar y virtualmente paralizada por las irregularidades, ya ha costado 30.500 millones.
El megaemprendimiento llegó a tener 30.000 empleados, muchos llegados desde otros rincones del país, atraídos por las promesas de bonanza; hoy, apenas quedan unos 4000, de acuerdo con el director de asistencia social del Sindicato de Trabajadores de las Empresas de Montaje y Mantenimiento Industrial (Sintramon), Rogerio Assunção, frente a una montaña de currículum de desempleados.

En medio de modernas torres de oficinas con nombres rimbombantes como Enterprise City Center, Hellix Business Center y Van Gogh Corporate, ahora con carteles de "se alquila" o "se vende", edificios de viviendas a medio construir y hoteles vacíos, legiones de trabajadores desocupados deambulan por las calles de Itaboraí en busca de cualquier oportunidad de trabajo.
Y, frustrados, acuden al sindicato en busca de canastas básicas que los ayudan a alimentar a sus familias, como los bahianos Josué Cruz Nunes, montador de 38, y José Raymundo Purificação, especialista en caños de 59 años.
"Da mucha bronca escuchar que todos esos directivos de Petrobras y los políticos se robaron tantos millones de reales, mientras nosotros estamos con deudas y sin empleo. Vinimos con sueños y nos encontramos ahora en una pesadilla", señala Nunes a LA NACIÓN.
"Yo voté por Dilma en octubre, pero nos engañó al asegurar que Petrobras no tenía serios problemas. Tres meses después estábamos todos los compañeros en la calle. Jamás volveré a votar por el PT y apoyo que se le haga juicio político a la presidenta", resalta Purificação.
Vinculado al PT, el líder sindical Assunção prefiere acusar a los directivos de Petrobras por el marasmo del Comperj, que convirtió a Itaboraí en una ciudad fantasma. "No culpo al partido, que en todos estos años nos permitió un gran crecimiento a la clase trabajadora; sí culpo a los responsables del proyecto", indica.
El impacto político
No es lo que piensa el alcalde de Itaboraí, Helil Cardozo, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), supuesto principal aliado del PT a nivel federal. El alcalde opina que toda la responsabilidad del descalabro la tiene el gobierno petista.
"En 2010, la propia Petrobras ya sabía que el emprendimiento no sería realizado, pero no lo anunció para no obstaculizar las chances de reelección del PT, para colocar en la presidencia a Dilma. Luego se desactivó el proyecto y se lo cambió por una refinería que se inauguraría en 2016; hoy ni siquiera tenemos la refinería terminada y pasaron la inauguración para 2017, pero está todo paralizado. Hubo mala gestión de Petrobras, pero quien designó a las autoridades de Petrobras fue la presidenta de la república, la responsabilidad es suya. Encima, en la época que se planteó todo el Comperj, Dilma era jefa de Gabinete de Lula y, como tal, presidenta del consejo de administración de Petrobras. No tiene excusa", asegura.
Para hacer frente a la nueva realidad, con una pérdida de casi un 50% de los ingresos en el presupuesto municipal por el estancamiento de la obra, el alcalde Cardozo ha tomado medidas drásticas, como reducir en un 20% todos los salarios públicos- incluido el suyo-, limitar a la mitad los días de recolección de basura y cancelar la vigilancia en las escuelas, además de establecer un centro de asistencia a personas que quedaron sin hogar.
En tanto, junto a otros municipios vecinos, presiona al gobierno para que retome los trabajos en el Comperj cuanto antes, ahora que Petrobras ya tiene nueva dirección y presentó su demorado balance de 2014, en el que calculó el perjuicio del esquema de corrupción en 2000 millones de dólares.
"Esperamos haber pasado ya lo peor del problema, que la crisis no perdure por mucho tiempo. Si no, no sé qué haremos para absorber a tantas personas desocupadas; pueden terminar recurriendo a la criminalidad", advierte el alcalde.
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