
Bush demolerá la cárcel de las torturas en Irak
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WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- Con el más bajo nivel de apoyo popular desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente George W. Bush admitió anoche que se espera un agravamiento de la violencia en Irak en las próximas semanas, pero ratificó que el 30 de junio entregará el poder a un gobierno local. Además, en un claro intento por detener las críticas a la Casa Blanca, anunció que Estados Unidos demolerá la cárcel de Bagdad donde soldados norteamericanos aplicaron las escandalosas torturas a prisioneros iraquíes.
"El camino puede parecer caótico, pero seguimos centrados y ningún poder del enemigo va a detener nuestros progresos", dijo Bush al hablar en la Escuela de Guerra del Ejército, en Carlisle, Pennsylvania. Y afirmó que las fuerzas de la coalición que lidera Estados Unidos permanecerán en Irak "todo el tiempo que sea necesario".
Según una encuesta de la cadena CBS difundida ayer, Bush cuenta con una aprobación de sólo el 41%, la más baja de su gestión y con riesgo de seguir bajando si los acontecimientos en Irak se agravan.
En su discurso, que esta vez fue televisado sólo por las cadenas de cable- Bush afirmó que la tarea de Estados Unidos "no es sólo derrotar a un enemigo, sino darle fortaleza y libertad a un amigo, y un gobierno que sirva a su gente".
Según la encuesta difundida ayer, el 52% de los norteamericanos desaprueba su gestión y el 61% rechaza la forma en que está manejando la situación en Irak. Así, los peores temores de los estrategos republicanos comienzan a reflejarse en las encuestas: cada vez es más fuerte el impacto negativo del escándalo de las torturas y la sensación de que Irak puede convertirse en otro Vietnam.
En el peor momento político de su gobierno, Bush puso anoche todo su liderazgo en juego para tratar de remontar una cuesta cada día más empinada, que combina, para un mandatario que busca la reelección, la caída de apoyo popular y la pérdida de confianza en su gestión.
Bush anunció la demolición de la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad, donde prisioneros iraquíes fueron torturados y sometidos a abusos.
"Bajo Saddam Hussein, prisiones como Abu Ghraib fueron símbolos de muerte y torturas. La misma cárcel se convirtió en símbolo de la conducta desgraciada de un puñado de soldados estadounidenses que deshonraron nuestro país y nuestros valores", afirmó Bush.
Además, dijo que Estados Unidos dejará estacionada una fuerza de 138.000 hombres en territorio iraquí mientras sea necesario. "Y si hacen falta más tropas, las enviaré", dijo Bush.
"Hay cinco etapas en nuestro plan para ayudar a Irak a alcanzar la democracia y la libertad. Vamos a entregar la soberanía a un gobierno iraquí, ayudar a establecer la seguridad, continuar reconstruyendo la infraestructura iraquí, fomentar más apoyo internacional y avanzar hacia una elección nacional que brinde a los nuevos líderes el respaldo del pueblo", sostuvo el mandatario, que fue maquillado para poder disimular las heridas en su rostro, provocadas por una caída en bicicleta.
El de anoche fue el primero de una serie de discursos que el mandatario ofrecerá hasta el 30 de junio, para tratar de recuperar la iniciativa política y convencer a los norteamericanos de que el esfuerzo en Irak vale la pena.
Estados Unidos y Gran Bretaña, los dos principales aliados en la guerra -a pesar de las fuertes discrepancias que trascendieron en Londres el fin de semana-, presentaron ayer un proyecto de resolución en las Naciones Unidas para el traspaso de la soberanía a manos iraquíes.
Allí se contempla la plena restitución de los poderes civiles al gobierno que ejercerá el poder hasta que surja un nuevo liderazgo en las elecciones de enero del año próximo. Si bien las tropas de ocupación permanecerán allí por lo menos un año para garantizar la seguridad, el nuevo gobierno tendrá la facultad de revisar esa decisión y, en todo caso, pedir que se retiren.
"Estamos guiados por una visión. Creemos que la libertad puede avanzar y cambiar la vida en el Gran Medio Oriente, así como ha avanzado y cambió la vida en Asia, América latina, Europa del Este y Africa", dijo.
Mirando hacia la cámara y haciendo una pausa para que sus palabras tuvieran más efecto, Bush admitió que en Irak "vendrán días más difíciles" antes del traspaso del poder.
"El camino que se abre podrá parecer caótico", afirmó Bush, y advirtió que los terroristas podrían lanzar acciones aún más brutales en las próximas semanas.
A cinco meses de las elecciones, Bush está obligado a explicar a los votantes norteamericanos y al mundo cómo será el futuro en Irak, en momentos en que el país está dominado por la violencia y el caos. Cada vez resulta más claro que es allí donde se jugará en parte el futuro político de EE.UU.
La impresión general entre los norteamericanos es que, así como Estados Unidos tuvo un plan demoledor para acabar en pocas semanas con el régimen de Saddam Hussein, hoy no tiene una estrategia sobre cómo frenar la espiral de violencia y descontrol y cómo será la salida de los soldados norteamericanos del territorio iraquí.
Una encuesta del Centro Annenberg de Política Pública de la Universidad de Pennsylvania, difundida ayer, indicó que el 64% del público no cree que Bush tenga un plan definido para Irak. El trabajo concluyó que el 48% de los norteamericanos cree que los guardiacárceles involucrados en los abusos actuaron bajo órdenes superiores.
El principal problema hoy con respecto a Irak "es la credibilidad y la confianza", opinó el influyente senador republicano Chuck Hagel, un ex veterano de Vietnam. "Estamos en un momento más complicado y peligroso que ningún otro en la historia moderna, y el presidente necesita oír otras opiniones", dijo a la CNN.
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