Búsqueda desesperada en Brasil: los familiares cavan para llegar a los cuerpos de sus parientes

En medio de un mar de lodo, los familiares de las víctimas intentan alcanzar los cuerpos
En medio de un mar de lodo, los familiares de las víctimas intentan alcanzar los cuerpos Fuente: AP
Renato Domingues
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30 de enero de 2019  • 18:13

BRUMADINHO, Brasil- Bajo un sol candente, Tereza Ferreira Nascimento escarbaba en el lodo con herramientas de jardinería en busca de su hermano Paulo Giovane dos Santos, resignada a la realidad de que probablemente estaba muerto seis días después del desplome de una presa que liberó un torrente de desechos.

A medida que continúan las labores de búsqueda y rescate, las autoridades intentan retardar el torrente de barro rojizo con altas concentraciones de óxido de hierro que baja por un riacho y amenaza con contaminar un río mucho más grande que provee de agua potable a poblaciones de cinco estados.

Tras el colapso de la represa propiedad de la compañía minera Vale, un mar de lodo cubrió varias zonas de la ciudad de Brumadinho, en el sureste de Brasil . Hasta el momento se ha confirmado la muerte de 84 personas y 276 desaparecidas.

Podrían pasar días o semanas antes de que se hallen muchos de los cuerpos, ya que el barro tiene varios metros de profundidad. Los bomberos deben trabajar con cuidado para no quedar atrapados.

Las imágenes de video subidas a las redes dan cuenta de la dificultad de los rescates.

Los desechos han cambiado el color del río Paraopeba, normalmente verdoso, unos 18 kilómetros río abajo de Brumadinho, donde se encuentra la presa.

El Paraopeba desemboca en el Sao Francisco, un río mucho más caudaloso que provee de agua potable y de riego a cientos de municipios y ciudades más grandes como Petrolina, en el estado de Pernambuco, a 1400 kilómetros de Brumadinho.

Las autoridades se concentran en la represa hidroeléctrica Retiro Baixo, a unos 300 kilómetros de Brumadinho. Las autoridades y los ambientalistas esperan que los embalses de la represa permitan aislar el fango antes de que el agua, ya limpia, continúe río abajo hacia el río Sao Francisco.

Los técnicos de Furnas, la empresa que opera el dique, han determinado que los desperdicios no causarán daños estructurales, dijo la compañía en un comunicado.

En medio de un sol abrasador, Pedro Ferreira dos Santos busca a su hermano Paula, desaparecido tras el colapso de un dique en Brumadinho
En medio de un sol abrasador, Pedro Ferreira dos Santos busca a su hermano Paula, desaparecido tras el colapso de un dique en Brumadinho Fuente: AP

El agua fangosa y los desechos, que se desplazan a un kilómetro por hora, previsiblemente llegarán a la represa entre el 5 y el 10 de febrero, según el Servicio Geológico de Brasil. Añadió que los desperdicios estaban destruyendo la vegetación y la vida fluvial.

En la comunidad indígena de Pataxco, próxima al río Paraopeba, podían verse peces muertos y restos como sandalias de plástico en la orilla.

"Usamos el río para bañarnos, pescar, para tomar agua para nuestras plantas y ahora no podemos hacer nada de eso", dijo Hayo, que emplea solo un nombre. "Ni siquiera podemos regar nuestras plantas porque ellos dicen que daña la tierra".

Vale explicó en un comunicado que está buscando vías contener la propagación del vertido y que planea instalar una barrera de tela para retener los residuos allí donde el río alcanza la ciudad de Para de Minas, a unos 40 kilómetros de Brumadinho. La compañía también podría levantar diques cerca de la mina afectada para evitar que los sedimentos se muevan.

Entre los contratados para inmovilizar los residuos hay expertos que ya ayudaron a la empresa en un accidente similar en 2015 que causó 19 muertos.

La contaminación en los ríos donde se vierten residuos mineros, que contienen altos niveles de partículas finas de hierro y otros metales pesados, puede durar años o décadas, señaló Joao Paulo Machado Torres, un profesor que dirige el programa de biofísica ambiental de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Machado Torres analizó el agua del río contaminado por un fallo en otra presa de Vale en 2015, que dejó a 250.000 personas sin agua potable y mató miles de peces.

Los esfuerzos para limpiar los daños medioambientales causados por ese incidente siguen en marcha, y Machado Torres dijo que reparar los causados por el accidente del viernes supondrá "un gran esfuerzo para recuperar cualquier tipo de vida".

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